El buen cine se diferencia del resto porque cada uno de sus planos, secuencias, escenas... tiene un porqué. En él, cada instante del metraje está cuidado y tiene sentido, y aunque a primera vista parezca que es de ejecución simple, lo cierto es que un análisis minucioso permitirá descubrir que está tejido con hilo muy fino. Drive es de esas películas. Desde el primer segundo uno se da cuenta de que está ante algo especial, manufacturado con un material de alta calidad aunque el envoltorio que lo rodea no sea el del cine comercial. Es un producto fruto del buen trabajo, de una claridad de ideas que permite que el espectador se encuentre con una de las grandes sorpresas que nos ha dejado el 2011.
El filme nos narra la historia de uno de los personajes más fascinantes que nos ha dado el mundo del celuloide en los últimos años. Drive (Ryan Gosling), un hombre que se gana la vida en un taller de automóviles mientras hace sus pinitos como doble de acción en películas y que por la noche es chófer de criminales. Profesiones que le convierten en sobrio, preciso, inteligente, reflexivo y sobre todo, silencioso. Porque Drive se sale de los parámetros habituales del héroe. Él no necesita las palabras para expresar lo que siente. Le basta con mirar, con actuar. Es ahí donde el actor canadiense doma al personaje de manera...
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Mulholland Drive (2001) por El Despotricador Cinéfilo
Aún recuerdo, no sin cierta inquietud y angustia, cómo, en el momento de su estreno, fui literalmente empujado por mi amigo Antonio Plaza a ver Mulholland Drive. Al ser él un acérrimo defensor del cine de David Lynch, la encontraba fascinante y cautivadora, por lo que me la recomendaba insistentemente.
Y quizás por el desmesurado entusiasmo de mi amigo no acabó decepcionándome; de hecho, valoré lo arriesgado de su propuesta y la complejidad de la historia, aunque, francamente, no me enteré de nada (ni yo ni nadie, pues el film es un sinsentido pretencioso). Por tanto, quise darle una segunda oportunidad para así abordarla con un espíritu más crítico, a ver si con el paso de los años comprendía de una vez esta absurda mamarrachada. Como es de suponer, esa segunda oportunidad solo sirvió para convencerme de que Lynch es solamente un bufón al que le encanta tomar el pelo a todos los intelectuales que ven diferentes lecturas (algunas de lo más dispares) en tan alucinada historia.
Se podría justificar diciendo que, al ser Mulholland Drive una historia onírica, todo está permitido; ¿todo?, pues no, claro que no, porque hasta las historias oníricas e irreales deben tener una coherencia, un sentido y una explicación. Es vergonzosa la facilidad con la que Lynch nos despacha la resolución de la película, cómo sin el menor pudor y con el mayor descaro remata la película sin ningún final y, lo que es peor, que no le importa. Una tomadura de pelo absoluta. Puede que a muchos les encandile la sensualidad de Naomi Watts y Laura Elena Harring, y con ello justifiquen los valores de la película, pero, desde luego, para mí no es suficiente.
Al igual que me pasa con gran parte del cine europeo, me encantan muchas películas de culto y nunca despotricaría contra un proyecto arriesgado, intelectual y valiente por muy raro que fuese; pero, si bajo todas esas capas de intelectualidad solo hay humo, entonces no es ya una película, sino un descarado y ofensivo insulto a la inteligencia de los cinéfilos. ¿Cómo puede haber después de esto todavía gente, incluso inteligente como mi amigo Antonio, que venere a Lynch? Un gran misterio sin duda, un misterio Lynchiano.
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