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Río Conchos (1964) de Gordon Douglas (por El Despotricador Cinéfilo)

Hace ya muchos años que aprendí a no dejarme llevar por mis prejuicios cinéfilos y a no prejuzgar una película antes de verla, lo cual me ha reportado grandísimas sorpresas y a descubrir auténticas joyas desconocidas para mí.

Sin embargo, a pesar de tener ya todos esos prejuicios superados, persistía aún hoy en día una desgana absoluta por ver Río Conchos. Supongo que todo viene por mi inmenso amor a esos espléndidos cuatro "ríos" hawksianos: Río Rojo, Río de sangre, Río Lobo y sobre todo la Obra Maestra Río Bravo (una de mis películas favoritas de todos los tiempos), y también por la aportación fordiana al género de los "riós" con la no menos espléndida Río Grande. Por ello, equivocadamente, pensaba que cualquier otra película similar sería solo una burda imitación de serie B o Z que plagiaban y copiaban descaradamente a los maestros Hawks y Ford sin conseguir jamás igualar el talento de ellos. Es decir, sucedáneos de poco o nulo interés.

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Misión en la jungla (1961) de Gordon Douglas (por Father Caprio)

Los pecados de Rachel Cade (título orignal del film) debieron ser perdonados en la traducción española. Así Misión en la Jungla tiene el mismo aroma a penitencia y sacrificio que dos padrenuestros y cinco avemarías. Y es que en los albores de los 60, lo verde aún empezaba en Los Pirineos y las españolas eran, oficialmente, castas Susanitas con ratón chiquitín. Pero tampoco hay que ser demasiado duro con aquellos censores guardianes infranqueables de nuestra moral y que nos preservaban de tantos pensamientos impuros. En realidad los pecados de Rachel se reducían a uno: al pecado de ser mujer con un cuerpo normal y deseos normales. Y si hasta a Simón del Desierto, feo como picio, en el film de Buñuel, se le aparecía la tentadora serpiente con cuerpo de Silvia Pinal, que menos que a Angie Dickinson se le aparezca una criatura beatífica, un Santo en todo su juvenil esplendor. Un Roger Moore pre Simon Templar y también pre Bond, en plan guaperas y deseoso de vivir bien y acomodadamente.

Sin embargo ese accidente aéreo que da con sus huesos en pleno Congo Belga unido a las costumbres “relajadas” de la población indígena son algo así como la leña, las brasas, las...

La mujer de cemento (1968) por Father Caprio


La unión de El cuerpo (Raquel Welch) y La voz (Frank Sinatra) en películas B como estas (con B de bodrio, naturalmente) es absolutamente perniciosa para la vista (la nuestra).

Si. Ya se que se trata de un chiste fácil y les pido disculpas por ello pero la verdad es que no he podido resistirme a comenzar mi crítica de esta manera. Además, últimamente he visto quizás demasiadas películas de Capra y se me contagió lo de la buena gente y esas cosas, así que estoy tratando de evitarles un disgusto que aquí la experiencia es un grado y dado que yo tropecé, no vayan a hacerlo ustedes en la misma piedra.

Porque de eso va. De piedras, cemento y otros ladrillos. El film es un ladrillo absoluto capaz de dejar noqueado al instante al espectador más invulnerable. Es algo así como la mosca tse-tse en versión cine-alucinógeno de los 60, con música Starsky & Hutch y decorados Corrupción en Miami, ¡ah! y el gordo de Bonanza (Dan Blocker), banda sonora también incluida. Y todo por el mismo precio... ¿A que esperan? ¡Pasen, señores, pasen...!

Ni se les ocurra. Háganme caso. Salvo que sean ustedes incorregibles hooligans del cine detectivesco de los 60 con chicas, piscinas, matones de medio pelo y flores de loto de ademanes absolutamente exagerados. Y aun así yo me lo pensaría, porque la trama es de aquellas que parecen simples pero acabas retorciendo explicaciones. Y eso ya no. Que las neuronas ya andan muy desgastadas con la realidad cotidiana para que encima tengamos que ejercitarlas en sudokus como éste. Y que me perdonen los sudokus...

Nada más. Si a pesar de todo insisten. Allá ustedes...