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#sufragistas Crítica "Sufragistas" (20015) de Sarah Gavron, por Áurea García Fernández
Cuando estos días en el Parlamento Español se ha hecho mofa y befa a cuenta de una diputada que apareció en el hemiciclo con su bebé he recordado a estas heroínas inglesas que tras pedir pacíficamente su derecho al voto se vieron obligadas, ante la indiferencia y la burla generalizadas, a radicalizarse dispuestas como...
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La dama de hierro (2011) de Phyllida LLoyd (por El Despotricador Cinéfilo)
Aclarado este punto no hay que ni decir que en La dama de hierro está tan magnífica e impecable como siempre y ese tercer Oscar que ha ganado era más que merecido. Aquí se acaba todo lo bueno que se puede decir de la película.
Ya en su momento cuando me enteré que Phyllida Lloyd iba a ser la directora (una persona cuyo único supuesto logro fue convertir el divertidísimo, alegre y colorido musical de Mamma mía en una película sosa a rabiar a pesar del gran esfuerzo de sus intérpretes) me eché a temblar. El resultado no puede ser más patético. Cierto que cae en los errores de todos los biopic de intentar condesar y abarcar toda una biografía en una sola película, lo cual casi siempre es imposible (J. Edgar, El aviador, etcétera) , pero si solo fuese eso su mayor defecto sería perdonable. Lamentablemente éste es solo uno de ellos.
La dama de hierro es aburrida (y mira que es difícil hacer aburrida la vida de la carismática Margaret Thatcher, una de las políticas más influyentes e importantes de toda la historia), es insulsa, es ridícula, es sumamente trivial (con lo interesante que hubiese sido un análisis riguroso, detallado y repleto de matices de la figura política y personal de la Thatcher). Pero, sobre todo, es cansina, sumamente cansina.
Cansina es lo que mejor describe esta Dama de hierro porque no hace más que regodearse, una y otra vez de forma agotadora, en su relación con el fantasma de su marido fallecido, así como en la debilidad física y mental que sufre el personaje en su vejez. Lo que cualquier buen director hubiera, con solo dos secuencias, mostrado y aclarado, Lloyd machaca de forma constante una y otra vez, sin cesar, abarcando todo el metraje de la película. Qué desperdicio de historia. Qué desperdicio de posible gran película. Qué gran pena de lo que podría haber sido. En fin, nos consolaremos pensando que por lo menos tenemos a Meryl Streep, que sino…
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La cocina en el cine (2011) por Ricardo Ojalvo Rebollo
La cocina está presente en el cine como lo está en nuestras vidas. Hay películas que son para comérselas, y platos o historias sobre la cocina que son para filmarlos y crear películas con las que todos puedan gozar relamiéndose en sus butacas o sillones. Basta con bucear un poco en los buscadores de Internet para hacerse con una lista de recomendaciones de películas cuya temática gire en torno a la cocina. Mi intención en este caso no es saturaros con un amplio catálogo. Me limitaré a recomendaros cuatro películas a título personal, desde mi punto de vista imprescindibles, cada una de las cuales cuenta con características diferentes por su estilo y público al que están dirigidas.
Para la primera vamos a viajar a China de la mano de Ang Lee, el director de Comer, beber, amar -Eat, drink, man, woman en su versión original-, una comedia exquisita que despierta el apetito a cualquiera que la ve, y el amor por el cine a cualquiera que no se salga demasiado de los circuitos comerciales en lo que al cine se refiere. La segunda es Deliciosa Martha -Bella Martha-, dirigida por Sandra Nettelbeck, una película fresca que entremezcla el elogio de la cocina con una historia de amor nada empachosa, con sus dosis justas de edulcorante, todo lo contrario que Sin reservas (No reservations en inglés), una versión americana de Deliciosa Martha, adulterada y casi ultrajada (sobre todo porque las cosas bien hechas no merecen interpretaciones, ni modificaciones). Más comerciales que las dos anteriores son Julie & Julia -dirigida por Nora Ephron e interpretada por la genial Meryl Streep y la joven Amy Adams-, una película cuyo principal valor reside en el hecho de estar basada en historias reales, y en poner de manifiesto el enorme tirón que la cocina tiene en Internet; y Ratatouille, todo un elogio de la gastronomía en formato "cine de animación", y que tiene el poder de cautivar a niños y a mayores.
Para la primera vamos a viajar a China de la mano de Ang Lee, el director de Comer, beber, amar -Eat, drink, man, woman en su versión original-, una comedia exquisita que despierta el apetito a cualquiera que la ve, y el amor por el cine a cualquiera que no se salga demasiado de los circuitos comerciales en lo que al cine se refiere. La segunda es Deliciosa Martha -Bella Martha-, dirigida por Sandra Nettelbeck, una película fresca que entremezcla el elogio de la cocina con una historia de amor nada empachosa, con sus dosis justas de edulcorante, todo lo contrario que Sin reservas (No reservations en inglés), una versión americana de Deliciosa Martha, adulterada y casi ultrajada (sobre todo porque las cosas bien hechas no merecen interpretaciones, ni modificaciones). Más comerciales que las dos anteriores son Julie & Julia -dirigida por Nora Ephron e interpretada por la genial Meryl Streep y la joven Amy Adams-, una película cuyo principal valor reside en el hecho de estar basada en historias reales, y en poner de manifiesto el enorme tirón que la cocina tiene en Internet; y Ratatouille, todo un elogio de la gastronomía en formato "cine de animación", y que tiene el poder de cautivar a niños y a mayores.
Julia (1977) por El Despotricador Cinéfilo
En mi habitual andadura cinéfila, de vez en cuando me encuentro con alguna peliculita discreta, como Bajo sospecha, de Richard Thorpe, un típico producto de los años 40 protagonizado por unos convincentes Joan Crawford y Fred MacMurray. Ciertamente no se puede negar que el film es flojo, propagandístico, insulso y una tontería muy hija de su época. Eso sí, no he podido, mientras la veía, evitar pensar en lo muy sobrevalorada que está otra película de temática muy similar: Julia, de Fred Zinnemann.
Porque por lo menos Bajo sospecha tiene la decencia de no tomarse en serio a sí misma en ningún momento, siendo su principal virtud una absoluta ausencia de pretensiones, al ofrecer solo un banal divertimento cinematográfico de espías americanos en la Alemania de la Segunda Guerra Mundial, es decir, una historia al más puro estilo pulp fiction para entretener a la audiencia y aprovechar, ya de paso, para hacer la necesaria propaganda anti-nazi (el film es de 1943).
En cambio, Julia es todo lo contrario, pues desprende una solemnidad, una seriedad, una trascendencia y un aroma de film intelectual (también muy hijo de su época) que quieren transmitir una férrea ideología política, cuando Julia no es más que una peliculita de una espía (ni eso, de una aburrida escritora aspirante a espía) con todos los clichés de este tipo de cine. Los principales defectos de la obra de Zinnemann son el absurdo inverosímil de la trama y la forma en que pretende captar el interés tanto con la historia principal (o varias: la relación con su amiga y el asunto de pasar dinero de contrabando en la Alemania nazi...) como con las secundarias que pueda haber (sobre su carrera de escritora, la relación con su marido también escritor, etcétera).
Todo se queda en un fútil intento, pues todas esas historias están desdibujadas o, más bien, solo esbozadas. No existe un desarrollo y una profundización, así que el espectador no entiende bien qué pasa, con lo cual la trama, el argumento, da la impresión de ser un absurdo, porque no se comprende a los personajes ni su forma de actuar ni su papel en el desarrollo de los acontecimientos. Parece una historia inverosímil, sin sentido (¿por qué necesitan a Lillian para pasar el dinero si ella no es capaz de hacer nada sola?, continuamente necesita gente alrededor que le vaya indicando cada pequeño paso, y encima está tan azorada y confundida que se delata; además, por si fuera poco, es judía, lo cual hace la misión más peligrosa. ¿Es que todos esos que la acompañan, antes de subir al tren, durante el viaje y al llegar, no podían haberlo hecho más fácil solos y sin tener que ir al cuidado del personaje de Jane Fonda, que ni se entera de nada ni sería capaz de hacer absolutamente nada bien de no ser porque hay varias personas continuamente encima de ella?).
Se podría pensar que toda la trama de espionaje es solo una excusa argumental, algo secundario, al igual que su relación pseudolésbica con Julia (Vanessa Redgrave), pues el objetivo principal de la película es ver cómo supera la protagonista el bloqueo creativo que sufre. Pero también en esto fracasa el guión, siendo el final un disparate ilógico no concluyente. Más valdría no ir de sobrados con tantas pretensiones intelectuales y haber hecho simplemente un film discreto, bonito y sencillo.
Cuando Marlon Brando se mete en la película (2010) por El Despotricador Cinéfilo
En el año 2004, cuando murió el gran Marlon Brando, la reacción fue unánime, pues acababa de morir uno de los más grandes actores de todos los tiempos y uno de los mitos por excelencia del Séptimo Arte. Por tanto, los continuos homenajes no se hicieron esperar y todo el mundo rindió pleitesía al que, para muchos, está considerado el mejor actor de todos los tiempos.
Yo, mismamente, caigo rendido ante algunas de las sublimes interpretaciones del actor, y en algunos casos, como La ley del silencio, El padrino, Apocalypse now o El último tango en París, reconozco que estamos ante el artista más talentoso y virtuoso de todos los tiempos. Ahora bien, yo siempre me he preguntado ¿cómo es posible que Brando, siendo tan excelente actor, estuviese tan mal en algunas películas? Y decir mal es ser muy benévolo, pues en algunos films está rematadamente mal.
La respuesta es probablemente que Brando no fue nunca un actor capaz de meterse en una película, la película tenía que meterse en él. Por eso, en determinados films alcanza ese estatus de deidad cinematográfica por los siglos de los siglos por estar simplemente perfecto, pero en otras, ay Dios mío, estamos ante el peor actor de todos los tiempos, por no hablar de las veces que ha prostituido su talento en bodrios inclasificables.
Puede que Brando sea el ejemplo más representativo de este tipo de actores en los que la película debe meterse para que puedan ser perfectos y convincentes, pero hay otros ejemplos de actores extraordinarios, a mi juicio, que aportan malísimas interpretaciones, como pueden ser Peter Sellers o Klaus Kinski en films inadecuados para ellos.
Alguno podrá decir en defensa de estos actores: “Claro, si son films inadecuados para ellos, es normal que estén mal”. Pues no, porque yo admiro de verdad a todos esos otros actores que, interpretando el papel que interpreten, están siempre magníficos o, por lo menos, correctos; eso sí que es ser un actor versátil. Es decir, estoy hablando de esa remesa de actores todoterreno como Alec Guinness, Anthony Hopkins, Meryl Streep, James Stewart, Michael Caine y tantos otros.
Eso sí, esto no quita que siga disfrutando con toda intensidad del mejor Brando o del mejor Sellers. Al fin y al cabo, el cine es disfrute, venga como venga.
Yo, mismamente, caigo rendido ante algunas de las sublimes interpretaciones del actor, y en algunos casos, como La ley del silencio, El padrino, Apocalypse now o El último tango en París, reconozco que estamos ante el artista más talentoso y virtuoso de todos los tiempos. Ahora bien, yo siempre me he preguntado ¿cómo es posible que Brando, siendo tan excelente actor, estuviese tan mal en algunas películas? Y decir mal es ser muy benévolo, pues en algunos films está rematadamente mal.
La respuesta es probablemente que Brando no fue nunca un actor capaz de meterse en una película, la película tenía que meterse en él. Por eso, en determinados films alcanza ese estatus de deidad cinematográfica por los siglos de los siglos por estar simplemente perfecto, pero en otras, ay Dios mío, estamos ante el peor actor de todos los tiempos, por no hablar de las veces que ha prostituido su talento en bodrios inclasificables.
Puede que Brando sea el ejemplo más representativo de este tipo de actores en los que la película debe meterse para que puedan ser perfectos y convincentes, pero hay otros ejemplos de actores extraordinarios, a mi juicio, que aportan malísimas interpretaciones, como pueden ser Peter Sellers o Klaus Kinski en films inadecuados para ellos.
Alguno podrá decir en defensa de estos actores: “Claro, si son films inadecuados para ellos, es normal que estén mal”. Pues no, porque yo admiro de verdad a todos esos otros actores que, interpretando el papel que interpreten, están siempre magníficos o, por lo menos, correctos; eso sí que es ser un actor versátil. Es decir, estoy hablando de esa remesa de actores todoterreno como Alec Guinness, Anthony Hopkins, Meryl Streep, James Stewart, Michael Caine y tantos otros.
Eso sí, esto no quita que siga disfrutando con toda intensidad del mejor Brando o del mejor Sellers. Al fin y al cabo, el cine es disfrute, venga como venga.
Mamma mia (2008) por Anónima
"Mamma mia!", adaptación cinematográfica del musical homónimo basado en el repertorio del grupo sueco ABBA, es una comedia musical de gran simpleza argumental y de enorme sentimentalismo en la que las canciones de ABBA, aunque no siempre bien ensambladas, pues a veces no parecen ajustarse a la situación que pretenden ilustrar, dan al film las dosis necesarias de alegría y dinamismo para mantener al espectador entretenido.
La película comienza como una historia de búsqueda, de introspección, de conocimiento de uno mismo que todos los personajes persiguen, aunque de diversas formas: a través del conocimiento de sus orígenes (Sophie), del viaje y la navegación (Sky), del retorno sentimental a la esposa (Sam) como un Ulises redivivo al estilo kitsch, etc. Sin embargo, al final, cuando estalla la fuente de Eros que Afrodita tenía oculta en la isla, según contaba la leyenda, todo se transforma en un grito orgiástico y dionisíaco.
Tampoco podemos decir que la dirección sea buena si tenemos en cuenta que Phyllida Lloyd no consigue trasladar de forma adecuada el musical a la gran pantalla. Con todo, esa frenética sucesión de planos, de gags y de canciones consigue mantener un dinamismo constante, una energía y una vitalidad que apenas dejan tiempo al espectador para captar los defectos del film.
Poco importa que la película no consiga siquiera que las canciones insertadas vertebren la narración de manera que sirvan para avanzar el argumento o desarrollar los personajes, el desenfado, la naturalidad y la constante hilaridad hacen que este film, que ha sido calificado como "karaoke polifónico", no deje un mal sabor de boca en el espectador.
Este canto a la nostalgia consigue arrastrar y hasta arrebatar a un público ávido de sueños que vibra al ritmo de las canciones del grupo sueco al tiempo que evoca un pasado, que siempre parece mejor, y rememora antiguos amores aun sabiendo que "nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos".
No obstante, a pesar del resto de actores y actrices que forman este reparto estelar, probablemente la película no se habría convertido en un éxito de taquilla de no ser por la presencia de Meryl Streep.
Debemos tener en cuenta que "Mama mia!" es una película camp, lo cual implica un gusto por lo innatural. Buena prueba de ello son los idílicos paisajes griegos cuya belleza adquiere cierta artificialidad al ser captada por la cámara.
Para juzgar acertadamente la película es necesario entender esa voluntad de transformar lo serio en frívolo, de crear una parodia del género, de teatralidad.
Y es que quizá parte del encanto de la película reside precisamente en lo hortera, en lo chabacano, que logran hacer el sueño más cercano, más asequible.
Enamorarse (1984) por El Despotricador Cinéfilo
No estoy en absoluto en contra que se hagan películas a la medida de los actores para que estos se luzcan y extiendan su amplia (o limitada en algunos casos) gama de registros, haciendo lo que mejor sepan hacer ¿o acaso se le puede reprochar a Errol Flynn que todos sus films de aventuras estuviesen cortados por el mismo patrón hechos exclusivamente a su medida para lucirse en su limitado talento interpretativo?, y quien dice Errol Flynn dice tantos y tantos otros.
Pero desde luego lo que me revienta es que se realice un film con el único y exclusivo objetivo para que dos excelentes actores monten su numerito interpretativo, se luzcan interpretando paso por paso cada uno de sus registros y tics interpretativos y que básicamente el film sea únicamente eso. En esta clase de películas lo de menos es el argumento, que encima en el caso de este Enamorarse es un cutre y pastelero telefilm (muy hija de su tiempo, pues rezuma esa extraña cursilería, sensibilidad y ternura que desprenden ciertos tufos románticos de los años 80) forzado con calzador a ser una película, y sobre todo que el casting sea tan desafortunado e inapropiado para tales roles.
¿Quiero decir que Meryl Streep y Robert de Niro están mal?, en absoluto, son tan buenos actores los dos que saben salir airosos de unos papeles tan inadecuados para ellos, pero al final te queda la sensación de que lo has visto es un recital de unos actores todoterrenos que se atreven contra cualquier reto interpretativo, pero que paradójicamente sus actuaciones acaban por perjudicar considerablemente a la película (la cual con otros actores más apropiados y acertados hubiese sido un film muy diferente, y por supuesto, mucho mejor).
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