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Entrevista a Conrado Xalabarder (2014)

En la web de La coctelera han realizado una entrevista al gran Conrado Xalabarder que he encontrado tan sumamente interesante que quiero compartirla aquí en la web. Imprescindible para todos los que aman el cine y sobre todo la música en el cine.

¿Cuándo comenzó tu pasión por el mundo de las bandas sonoras?
Amo el cine desde que tengo uso de razón, y a los 12 o 14 años ya me fijaba mucho en que las películas tenían música, pero entonces no sabía muy bien para qué. Pensaba que formaba parte del espectáculo, que estaban ahí para gustar y para emocionar. Pero algunas películas me desconcertaban, porque veía o creía que no las ponían para eso, que querían explicar algo y no acertaba a saber qué. Vi muchísimas películas intentando descifrar ese misterio. Con 16 años vi “El hombre elefante” (1980), de David Lynch, y fue determinante: la música estaba explicándome muchas cosas del personaje que el propio personaje no explicaba. La volví a ver y se me abrió un mundo. Había más película en la música, más historia, más contenido. Y vi o volví a ver otras películas y me pasaba lo mismo. Estaba fascinado. Pero lo determinante fue cuando fui a hablar con un profesor universitario que daba cine y le pedí me asesorara sobre qué leer o dónde investigar. Su respuesta fue: “Este tema no tiene ningún interés ni ningún valor. ¿Por qué no estudias cine polaco?”. No sé si se burló de ese adolescente algo ingenuo o es que le gustaba mucho el cine polaco, pero esa respuesta me resultó muy humillante y lejos de desanimarme me animó a seguir explorando este territorio. Y ahora soy yo el que está en la Universidad enseñando música de cine.

¿Qué supuso para ti escribir el libro “Enciclopedia de los Oscar”?
Yo había escrito el que sería “Enciclopedia de las Bandas Sonoras” (que no es realmente una enciclopedia, el título me lo impusieron), pero ninguna editorial quiso publicarlo. Entonces pensé que si quería publicarlo antes tendría que hacer algo que fuese comercial. Estuve por todas las librerías a la búsqueda del “libro que falta” y descubrí que sobre un tema tan popular como los Oscar (que nunca me ha interesado demasiado) no había nada. Y me puse a escribir la “Enciclopedia de los Oscar”. Me llevó mucho tiempo (¡no existía internet y la información....

Pulsa aquí para leer la entrevista completa

El misterio de las doce sillas (1970) por El Despotricador Cinéfilo


Cada vez que veo una película de Mel Brooks me asalta siempre la misma duda ¿tan difícil era pulir el guión de dicha película?, y por supuesto El misterio de las doce sillas no es una excepción a esa premisa de toda su cine, pues una vez más nos encontramos con la lacra de su cine, es decir, partiendo de una brillante idea argumental que podría haber dado un film ingenioso, divertido y con momentos de brillantez nos encontramos con la típica comedieta a lo Mel Brooks en busca de la comicidad más chabacana, vulgar y facilona.

Y es que esta película combina como pocas eso de mezclar el humor inteligente (pues Brooks tiene talento, de eso no hay duda, pero caray, lo que le cuesta sacarlo) con momentos de una vulgaridad vergonzosa (por ejemplo prácticamente todo lo concerniente al personaje de Dom Deluise) o esas carreras paródicas al más puro estilo del show de Benny Hill.

Y es que uno se plantea que poco hubiese necesitado esta película para ser un film más que aceptable y hasta original como pocos, solo con pulir un poco más el guión, eliminar partes grotescas, añadir más humor irónico (y por tanto inteligente) y sobre todo no intentar forzosamente buscar la hilaridad más directa y facilona, pero claro, está claro que el lado oscuro del señor Brooks le tienta exprimir hasta la extenuación el humor más barriobajero y la sal gorda en vez de dedicar solo un poco de su talento en pulir, afinar, depurar, retocar y perfilar la línea argumental inicial, pero claro, con eso solo hubiera contentado a los críticos y a los cinéfilos, y no a la recaudación brutal que esperaba (y que paradójicamente con este film no consiguió).

De todos modos no hay que desesperarse mucho, pues entre tanto desaguisado reconozco que la película se puede ver, sobre todo gracias a la magnífica interpretación de Ron Moody e incluso del hasta mediocre Frank Langella, bien acompañado todo por la buena banda sonora de John Morris (que pena que la asociación casi exclusiva de Morris con el mediocre Brooks haya enviado al olvido más absoluto a este excelente compositor).

Y por cierto ¿Cuánto le debe Woody Allen y La última noche de Boris Grushenco a este film?, y es que a veces es increíble como films muy flojos pueden llegar a inspirar a otros mejores. 


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