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Midnight in Paris (Medianoche en París) (2011) por Aurea García Fernández

El mito clásico de la Edad Dorada aquello tan falso de que "cualquier tiempo pasado fue mejor". Que no, hombre ,que no, nos dice Woody y nos dirá cualquiera que no se mienta a sí mismo y haya reflexionado medio minuto sobre el tema. Pero los mitos ya se sabe perduran y perduran aunque a través de los siglos se vayan transformando.Todos pensamos que la vida de los otros es mejor que la nuestra y evidentemente no es así puesto que los otros piensan lo propio de la nuestra. El cine tiene esa innegable capacidad de crear mundos imaginarios,irreales que se nos presentan como más evidentes que la propia realidad de nuestro presente y no es la primera vez que el director neoyorquino le saca partido a esta capacidad que tiene el cine, pero aquí lo hace de forma tan sencilla y natural,con unas elipsis tan discretas que al cabo resultan brillantes y geniales.

Muy al estilo sencillo de Eric Rohmer o sea "nouvelle vague" o sea Francia nos presenta a los personajes en un París mítico,inexistente,bellísimo. Con una banda sonora que en cuanto salga al mercado iré sin remedio a buscarla y es que tengo que confesar que el París de Woody Allen fue justamente el mío que incluso entonces ya no existía, nos lo inventábamos.

Los actores están impecables en sus cometidos aunque a la bella Marion Cotillard la hemos visto brillar más en otros trances y aquí lo tenía fácil pero bueno; hasta el cameo de la Bruni queda simpático así como el de Adrian Brody representando a Dalí. Todos están muy bien.

Por más que últimamente hayamos despotricado del maestro Woody Allen en alguna ocasión, en esta última entrega la verdad es que nos hace salir del cine contentos y sonrientes que no es poco. Deliciosa sí, llena de gracia y soltura estoy de acuerdo.

La rodilla de Claire (1970) por Daniel Quinn


En La rodilla de Claire Rohmer habla mucho a la espera de que salga algo (variante de la máxima de Groucho Marx: “si hablas mucho al final dirás algo gracioso”). El cine de Rohmer habla y habla y plantea cuestiones que no cierra.

Insiste en explicarnos con la palabra y gestos minúsculos las motivaciones y sensaciones de los protagonistas. Cine de palabras, de ideas. No hay personajes, son ideas o visiones de las complejidades éticas, no personalidades normalmente construidas en torno a una trama, sino un torbellino de ideas propias, no un esfuerzo por construir personajes verosímiles. Las películas de Rohmer son casi libros, las cosas no se ven, se oyen. Los personajes son ideas y actúan en consecuencia, pero no creo que sean personalidades en sentido estricto.

De nuevo la importancia de la simplicidad (simplicidad más que pausa) en la planificación de escenas y de las localizaciones (Rohmer nunca se recrea en filmarlas, pero sí le sirven para enmarcar perfectamente la, iba a poner acción, película. El lugar escogido encuadra perfectamente lo que nos cuenta, sirve de perfecto soporte).

El cine de Rohmer es excesivamente racional, no hay pasión, no hay fetichismo, erotismo ni arrebato. Puede que ni siquiera sea cine en sentido estricto. Y es que todo está explicado con la palabra en lugar de tratar que la imagen conecte los pensamientos del protagonista con el espectador. Rohmer prefiere explicitar a evocar. Por un lado esa profusión en el detalle le permite extraer lo mejor de los libros y lograr una mayor profundidad y extensión en esos pensamientos. Pero por otro lado hay menos impacto emocional, menos intensidad dramática.

La imagen de Rohmer puede ser de una lánguida belleza en ocasiones, pero no podemos sacar conclusiones de ella por las intenciones claramente literaria de los “cuentos morales”. Si el protagonista nos va a explicar cada cosa que sucede, las conclusiones que podamos sacar de la imagen quedan muertas. Y la auténtica belleza en el cine está en la imagen. Y por imagen no podemos quedarnos sólo en un bonito retrato y la cálida fotografía de Almendros. En todo caso Rohmer entendía perfectamente todo esto y tampoco pretendía sublimar la imagen, recurría, de forma voluntaria, a la sencillez.

El amor y el deseo físico es un genial despropósito. No hay manera de entenderlo. Quizás mostrarlo sea mejor que hablar sobre ello, tratar de conectar con lo emotivo es posiblemente la única forma de entender algo. Pero es interesante que haya un Rohmer, es interesante que alguien esboce preguntas sin respuesta.

Jules y Jim (1961) por Father Caprio


Después de haberme acercado al cine de Truffaut desde películas como Los cuatrocientos golpes ó La noche americana, reconozco que Jules et Jim me ha defraudado. No me ha desencantado Truffaut como director sino esa historia donde se mezclan elementos como el amor, la amistad y las libertades e independencias personales que, si bien pueden ser claramente compatibles en la realidad, en la obra de Henri Pierre Roché tienen connotaciones y rasgos tan exagerados que acaban impidiendo cualquier tipo de convivencia, salvo que los protagonistas hayan obtenido buena nota en sufrimiento y masoquismo.

La técnica cinematográfica de Truffaut donde cada plano está estudiado previamente y dibujado al milímetro para, en una gran labor de montaje, conseguir el efecto deseado, es francamente buena, muy buena. Incluso encuentro aceptable ese acercamiento al cine de cámara en bandolera y bicicleta, típico de la "nouvelle vague" francesa y uno de cuyos máximos exponentes es el propio Truffaut juntamente con Eric Rohmer. Todo eso me vale, pero la historia no.

No es una historia de amistad como tampoco de amor. En realidad creo que el único lugar donde se puede ubicar, y eso echándole mucha imaginación, es dentro de las historias de afirmaciones personales, de egos y egolatrías, de miedos, de rupturas con lo establecido. Un cierto cine “psicológico” al compás de una juventud europea de mitad del siglo pasado, claramente imbuida de planteamientos libertarios y de revolución cultural ó contracultural, de Mayos del 68 aun por venir. Y dentro de este contexto de “imaginaciones al poder” previo, que duda cabe, a las revueltas estudiantiles. Porque aquí Truffaut sabe que está haciendo una propuesta cinematográfica de ruptura con lo establecido, de incursiones en planteamientos personales de vida tan singulares que rozan la anormalidad.

El tema de la novela, con su menaje a trois incluido, es arriesgado. Y con ese planteamiento, donde lo sexual siendo arriesgado no pasa de pura anécdota, Truffaut formula una propuesta cinematográfica al espectador. Quizás el espectador de los 60, especialmente el francés, tuviese el terreno abonado y especialmente fértil para este tipo de propuestas pero el espectador de hoy (parece mentira pero casi ha pasado medio siglo desde entonces) tiene el terreno seco y estéril para este tipo de cosas, visto lo visto y vivido lo vivido...

En cuanto a los actores me quedo con Oskar Werner al que descubrí en El barco de los locos. El resto, inclusive Jeanne Moreau, digamos que están simplemente bien. En cualquier caso, en la medida que la historia no interesa, valorar adecuadamente la interpretación es sumamente complicado.

Mi noche con Maud (1969) por Father Caprio


Antes que nada agradecer a El Despotricador Cinéfilo su invitación a este proyecto de cuestionar films que parecen incuestionables. Es, a todas luces, una invitación a la herejía y un billete "no return" a las hogueras cinéfilas. Todos tenemos alguna que otra película de la que nos "avergonzamos", como si eso de ir contra el "sentir general" fuese un pecado mortal cinematográficamente hablando. Vaya por delante mi respeto, mi reconocimiento, mi admiración y todo lo mío, a quienes han conseguido captar las esencias profundas de esos trabajos.

La divinidad no es una de mis facultades y por ello el errar humano está entre mis condiciones de batalla. Pero, mientras no me demuestren lo contrario, servidor seguirá en sus trece... Tres eran tres y ninguna era buena, como las hijas de Elena. Hablamos de Eric Rohmer. ¿Quién mejor para empezar estas colaboraciones?. Claro que, seguro que ya habrá quien leyendo esto, dirá algo así "Este tío no tiene ni idea de cine". Bingo. Ha dado en pleno centro de la diana. Claro que no tengo ni pajolera idea de lo que va esto, por eso, como espectador inexperto en artes cinematográficas, técnicas de montaje o trucos efectistas en la escritura de un guión, pues exijo a los directores, dado que paso religiosamente por taquilla, que incorporen a las palomitas, en el cucurucho podría ser, una explicación de la película.

Veamos al Sr. Rohmer. Las 3 de Elena vistas por mi fueron: EL RAYO VERDE, LA RODILLA DE CLAIRE y MI NOCHE CON MAUD Unos simples apuntes recopilados de críticas anteriores: El rayo verde: Es el antídoto perfecto para aquellas celebres historias de Narciso Ibáñez Serrador (“Historias para no dormir”). Esta película de Rohmer es una plantación de adormideras. La rodilla de Claire: Una escritora que busca la inspiración en futilidades y el hombre maduro, bien pagado de si mismo y probando lo que aún le resta de atracción para las jovencitas, pues tendremos resumida esta película donde desde el tedio, el aburrimiento y el letargo que nos produce solo cabe destacar dos cosas, la rodilla de Claire cargada de erotismo y ya en el plano puramente cinematográfico la excelente fotografía de Néstor Almendros que realza más, si cabe, la belleza de los paisajes que rodean el chalet junto al lago. Mi noche con Maud: La probabilidad, elevada a infinito, de que mi satisfacción, cuantificada numéricamente, por una película de Rohmer sea mayor que cero, presenta una esperanza matemática negativa.

Por ello, la mejor opción siempre será escoger obras de directores de cine diferentes salvo que nuestros conocimientos de catolicismo infinitesimal y trigonometrías jansenianas hagan imposible cualquier otra elección. Esto, que podría haberlo dicho perfectamente Pascal, lo digo yo. Y los estudiosos y seguidores de Rohmer deben saber que respeto y trato de comprender su cine. Tanto que he escrito doscientas veces en la pizarra: “Me esforzaré en comprender su cine”. Pero ni autoflagelándome, ni si. Ahora, procure no perder el hilo porque si no acabará confundiendo las cartas de San Pablo a los corintios con el Teorema de Pascal y eso ya son palabras mayores.

Como verán han sido tres intentos para intentar superar el obstáculo Rohmer. Probablemente necesito un buen entrenador. Escucho ofertas...

Despedidas (2008) por Aurea García Fernández



Lloremos a placer.

Lo sentimental vuelve a estar de moda al parecer: hacía tiempo que no oía hipar de esta manera en una sala de cine, eso sí, poblada de señoras de peluquería semanal pero al fin y al cabo con película en versión original.

Este es el argumento: un voluntarioso joven violonchelista ve como la orquesta que lo acaba de contratar se disuelve por lo que decide vender su violonchelo y volver a su lugar de origen al norte del país en compañía de su dócil y enamorada esposa que ante los hechos consumados sonríe dulcemente como manda la tradición y allá que va. Al llegar ve un anuncio en el periódico y acude dispuesto a aceptar lo que sea pero !caramba! no esperaba que el puesto fuera el de "amortajador" de cadáveres en las ceremonias funerarias y ahí empieza todo...

No entiendo yo mucho ese despliegue ceremonial ante los rituales de "despedida" de personas a las que probablemente has machacado en vida pero claro si se viene haciendo así desde que el mundo es mundo (y hasta los elefantes a su modo lo hacen también) será por algo, no sé, tal vez un modo de acallar la mala conciencia en algunos casos y en otros una manera de sobrellevar el duelo en esos primeros momentos de dolor insoportable porque las sociedades actuales "progresadas" como las llama el maestro Zamora-no García Calvo y el Japón lo es creer lo que se dice creer en el "más allá" más bien poco y parece que estas ceremonias estarían basadas en esas creencias arcaicas trascendentes aunque, enfín, no sé, me queda la duda de los elefantes.

El caso es que la película está premiadísima con su Oscar y todo este mismo año y bueno pensándolo bien tiene sentido porque efectivamente en ella se ensalzan los valores más tradicionales reconocidos en todas partes es decir el culto a los muertos (los vivos que se fastidien), el castigo a los que se salen de lo marcado al estilo de Eric Rohmer por ejemplo aquí la madre soltera o el padre adúltero, la obligada sumisión de la mujer, etc., etc., todo ello eso sí contado de manera que el corazón se nos reblandezca y la lágrima salga fluida aunque no falten los oportunos toques de humor para que el asunto de los cadáveres se nos haga llevadero y hasta bonito pues ya se sabe que todo lo ceremonial tiene su puntito estético ahí tenemos nuestros ritos católicos desde las misas hasta las procesiones.

El actor Masahiro Motoki el "prota" absoluto es al parecer el responsable del proyecto que efectivamente le da grandes oportunidades de lucimiento actoral. Ryoko Hirosue da frescura y naturalidad a la joven y aparentemente moderna esposa y el veterano Tsutomu Yamazaki nos muestra su talento y su poderoso físico en un papel a mi entender muy por debajo de sus posibilidades. Muy buenos todos los secundarios.

Añado una última y pequeñita reflexión: la música que se oye en la película es prácticamente occidental (Beethoven, Brahms,etc.) también la ropa y muchas costumbres, entonces ¿por qué los europeos nos empeñamos en menospreciar nuestra cultura cuando el mundo entero lo que quiere es parecerse a nosotros?.