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Elegy (2008) por Aurea García Fernández


Voy a despotricar un rato sobre "Elegy" (2008) la última entrega de Isabel Coixet. Película de encargo...y se nota. Coixet es una directora con un estilo propio y peculiar, con unos puntos de vista muy personales y diferentes a los que cunden por ahí como pudimos ver por ejemplo en "La Vida Secreta de las Palabras" para mí su mejor película hasta el momento.

Pero en "Elegy" por más que haya podido introducir cambios en el guión de Nicholas Meyer no es ella la que habla, no es su mundo el que se expresa sino en última instancia el del autor de la novela Philip Roth por lo que hay, no sé, como un distanciamiento, una cierta frialdad intelectual en toda la película aunque formalmente lleve sin duda la marca de la casa y todo resulte muy coixetiano.

Nicholas Meyer en su guión había perfilado el personaje que interpreta Pe es decir el de la estudiante cubana que se enamora del profesor con todos los estereotipos norteamericanos en torno a las guapas latinas que por definición han de ser tontas aunque como aquí ocurre se trate de una joven universitaria. Coixet corrige esto, faltaría más, y no se deja meter ese gol. Lo que no podía cambiar era la esencia de la novela ,"El animal moribundo"(por cierto,¿por qué se le cambió el título?), pues Roth que en definitiva relata una experiencia personal (o eso dice) no lo habría consentido.

Me refiero a ese imaginario masculino de la pasión del hombre maduro por las jovencitas y viceversa. Desde el fauno y la ninfa de los mitos clásicos a la primera boda de la princesa Leticia con el profesor de Almendralejo los ejemplos son abundantisimos en todas las artes sobre todo este último modelo, el del "amor pedagógico": aburre a las vacas, de verdad. No conté mis bostezos pero fueron hartos y da la impresión de que Coixet también bostezó durante el rodaje.

Algún crítico ha hablado de "sentimiento rebosante" pero sinceramente no lo sentí "rebosar" por parte alguna. Lo que sí "rebosa" quizás es el egoísmo y la soledad (estupenda Patricia Clarkson en el personaje de Carolyn que Coixet ha desarrollado más que en el guión de Meyer).

!Ah!, la música de Madelaine Peyroux y de Satie subraya con mucho acierto y es muy grata. Esperemos la próxima entrega de esta peculiar directora a ver con qué nos sorprende.

Vicky Cristina Barcelona (2008) por Francisco Rodríguez Criado


Algunos artistas se aferran al estilo personal que se han labrado durante años, sobre todo si ese estilo goza de gran éxito. Es el caso de Woody Allen, a quien en los últimos tiempos se venía tachando de repetitivo. Para nuestra sorpresa, Allen acabó dando un giro a su carrera al reinventarse a sí mismo con películas notables como Match Point y Scoop, ambientadas fuera de su querido Manhattan. Abundando en esa línea, Vicky Cristina Barcelona es el último intento de Woody Allen de ser menos Woody Allen que nunca, y bien que lo ha conseguido, aunque a muchos no les haya gustado el resultado. La película retrata fragmentos de la vida de varios jóvenes (o no tan jóvenes) que andan en busca de su propia identidad, sobre todo los personajes principales: Vicky y Cristina. Tanto en el cine como en la literatura, son siempre este tipo de personajes en evolución (don Quijote, Sancho Panza, Madame Bovary, Gregorio Samsa…) los que más me cautivan. Y es que, como tienen largas trayectorias personales por recorrer, empiezan la historia siendo una persona y terminan siendo otra muy diferente. Quizá por eso el personaje de la película de Allen que más me atrae es, pese a su discreción, Vicky (Rebecca Hall), y el que menos, María Elena (Penélope Cruz), una mujer extravagante y desquiciada que se muestra así, extravagante y desquiciada, durante todo el filme. Me extrañó la candidatura de Penélope Cruz al Oscar por un papel tan sobreactuado, más propio del histrionismo de Almodóvar que de la irónica filosofía de Woody Allen, y más me sorprende aún que a Pe le hayan dado el premio por una actuación tan poco memorable.

Vicky Cristina Barcelona (2008) por Anónima



La última película de Woody Allen es una tragicomedia de tintes almodovarianos llena de contrastes y claroscuros que, bajo una cierta apariencia de ligereza, intenta captar la esencia del alma española.

Nada más apropiado para tal fin que el Esperpento, pues, como nos dice Valle-Inclán a través de Max Estrella, "el sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada". Esperpéntica es la realidad distorsionada que nos muestra el film en la cual desfilan una serie de personajes estereotipados, grotescos y hasta absurdos.

Las dudas y las angustias existenciales tan del gusto de Woody Allen aparecen más claramente reflejadas en dos personajes tan opuestos, sobre todo en su forma de ver la vida y el amor, como son Vicky y Cristina. La morena, una sensata estudiante prometida a un acaudalado hombre de negocios y, la rubia, una aventurera en constante búsqueda de nuevas experiencias que no acaban de satisfacerla.

En un ámbito distinto, bohemio con toques decadentistas, aparentemente alejado de la sociedad burguesa, aunque exquisito, intelectual y refinado se mueven Juan Antonio, el fascinante pintor abstracto y Maria Elena, su ex-mujer, pintora exaltada, visceral y apasionada con la que mantiene una relación de amor-odio.

Penélope Cruz es, sin lugar a dudas, lo mejor de la película, su interpretación es excelente, sobre ella recae todo el peso fílmico. Ella salva al espectador del tedio. En el histrionismo de su personaje reside, además, toda la hilaridad del film, ese humor no exento de cinismo que arranca carcajadas.

Tampoco podemos olvidar la ciudad, Barcelona con su arquitectura barroca, como un personaje más en este enredo amoroso, no es sólo el espacio en el que transcurre y por el que discurre la película como una visita turística, que tanto ha molestado a los habitantes de la ciudad por no sentirse reflejados, pero que es precisamente la imagen que, de acuerdo con el punto de vista adoptado, quiere darnos el director.

Al ritmo de música tan extraordinaria como "Entre dos aguas" de Paco de Lucia, un "leit motiv" a lo largo del film, pero cuya adecuación a la película no deja de ser cuestionable, avanza este viaje turístico por Barcelona y Oviedo, al tiempo que nos acompaña una voz en off que aporta cierto distanciamiento, pero resulta innecesaria, a pesar de las múltiples elipsis que dan agilidad al film.

Conviene destacar también el valor que tiene el lenguaje en la película, de ahí que sea imprescindible verla en versión original, pues el doblaje desvirtúa completamente la esencia de Vicky Cristina Barcelona, una historia de verano contada desde el punto de vista que puede tener cualquier turista norteamericano. Emblemáticas y especialmente ilustrativas tanto de la importancia del lenguaje como de esa especial manera de mirar la realidad, que es el Esperpento, son la escena en la cual aparece una bellísima y muy sensual Penélope Cruz pintando y la posterior, en la que discute con Bardem en español mientras una atónita Johanson los observa desde arriba, una "manera muy española, manera de demiurgo", de mirar el mundo artísticamente. Adquiere aquí el lenguaje algo de enigmático.

Yerran, por tanto, quienes la califican de comedia ligera, así como quienes ven en ella un producto demasiado alejado del estilo del director neoyorquino, pues, en el fondo, el propósito sigue siendo el mismo que el de otras de sus películas: hacer una crítica de la sociedad burguesa y acomodada.

Ese romanticismo exaltado, plasmado principalmente a través de la conflictiva relación entre la pareja de pintores, donde se funden Eros y Thánatos, no deja de ser sino una caricatura. Hay una clara intención satírica, una burla, en esa representación de unos personajes hiperbólicos donde se dan todos los tópicos de lo español. Porque el director de Manhattan plantea la misma reflexión que el Esperpento: ¿se trata de una imagen deformada de la realidad o de la imagen fiel de una realidad deforme?

Y al final, como un idilio estival que apenas detuvo sus vidas durante unas vacaciones, todo se diluye y los personajes, al igual que los espectadores, vuelven a su rutina.