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Mulholland Drive (2001) por El Despotricador Cinéfilo
Aún recuerdo, no sin cierta inquietud y angustia, cómo, en el momento de su estreno, fui literalmente empujado por mi amigo Antonio Plaza a ver Mulholland Drive. Al ser él un acérrimo defensor del cine de David Lynch, la encontraba fascinante y cautivadora, por lo que me la recomendaba insistentemente.
Y quizás por el desmesurado entusiasmo de mi amigo no acabó decepcionándome; de hecho, valoré lo arriesgado de su propuesta y la complejidad de la historia, aunque, francamente, no me enteré de nada (ni yo ni nadie, pues el film es un sinsentido pretencioso). Por tanto, quise darle una segunda oportunidad para así abordarla con un espíritu más crítico, a ver si con el paso de los años comprendía de una vez esta absurda mamarrachada. Como es de suponer, esa segunda oportunidad solo sirvió para convencerme de que Lynch es solamente un bufón al que le encanta tomar el pelo a todos los intelectuales que ven diferentes lecturas (algunas de lo más dispares) en tan alucinada historia.
Se podría justificar diciendo que, al ser Mulholland Drive una historia onírica, todo está permitido; ¿todo?, pues no, claro que no, porque hasta las historias oníricas e irreales deben tener una coherencia, un sentido y una explicación. Es vergonzosa la facilidad con la que Lynch nos despacha la resolución de la película, cómo sin el menor pudor y con el mayor descaro remata la película sin ningún final y, lo que es peor, que no le importa. Una tomadura de pelo absoluta. Puede que a muchos les encandile la sensualidad de Naomi Watts y Laura Elena Harring, y con ello justifiquen los valores de la película, pero, desde luego, para mí no es suficiente.
Al igual que me pasa con gran parte del cine europeo, me encantan muchas películas de culto y nunca despotricaría contra un proyecto arriesgado, intelectual y valiente por muy raro que fuese; pero, si bajo todas esas capas de intelectualidad solo hay humo, entonces no es ya una película, sino un descarado y ofensivo insulto a la inteligencia de los cinéfilos. ¿Cómo puede haber después de esto todavía gente, incluso inteligente como mi amigo Antonio, que venere a Lynch? Un gran misterio sin duda, un misterio Lynchiano.
Carretera perdida (1997) por Heifer
Dos películas muy diferentes son las que veo yo en Carretera Perdida; una es verdaderamente genial y absorbente, y la otra innecesaria, inesperada y a todas luces mucho más aburrida.
La que roza la maestría, es la que empieza nada más terminar los atractivos títulos de crédito del principio, la que nos sitúa en una casa habitada por un músico de Jazz y su pareja; la versión lyncheana (y quizás la inspiración) de la idea que más tarde utilizara Michael Haneke en Caché, la que nos cuenta mediante una frialdad exasperante y una ambientación que consigue la inquietud y trastorna nuestra paciencia el cómo un matrimonio se ve acosado y amenazado por una persona anónima que le envía cintas de vídeo con grabaciones de su casa; la que nos mete de lleno en una historia sórdida, la que adquiere tintes de pesadilla, la que nos hace hacernos preguntas...
La otra, la inesperada, es la que da el giro radical con afán de sorprendernos; pero también es la que nos hace caer en el hastío, la que nos llega a aburrir, la que hace que terminemos por no hacernos tantas peguntas y echemos de menos la idea del comienzo o al menos esperemos un final que salve los trastos; la que hace que todo nos empiece a dar igual, la que se pierde en ella misma intentando que nos perdamos en ella; la del porno, la de la mafia que se mueve en ese mundo, la menos brillante, la más inconexa, la que no nos atrae ni siquiera visualmente, la que parecía importarle realmente al director...
La cosa es que ambas "películas" están irremediablemente conectadas la una con la otra, y ninguna puede existir por sí sola; como si fuesen las escenas de un mal sueño que nadie se dignará nunca a explicarnos, como gran parte de la obra de Lynch... porque cuando Lynch nos quiere perturbar nos perturba; y nos enfada, o nos saca de nuestras casillas. Y porque cuando Lynch quiere jugar con el espectador, lo hace y encima no se molesta en dar explicaciones ni en pedirle perdón; y eso gusta o no según cómo sea el espectador con el que juegue; de la paciencia que tenga, de lo que pida a una película, del humor con el que le coja...
Lo que no se le puede negar, es que acercarse a Lynch, siempre resulta una experiencia inolvidable, como aquella vez que echas el mejor polvo de tu vida, o aquella vez que te pegaron una paliza para robarte.
Esperemos que tanto para la película en sí, como para lo de la experiencia inolvidable se os parezca más a lo primero. A mí personalmente me parece una obra bastante irregular, y eso en una película de esta tipología es imperdonable; o te atrapa desde el principio y no te suelta hasta que acaba como hace Eraserhead, o mal asunto... Lo que sí estoy seguro es que la mierda de reparto que compone la cinta tiene parte de culpa en mi valoración final. En fin... disfrútenla.
El castillo (1997) por Father Caprio
No me siento, para nada, avergonzado, pero confieso que desconocía la filmografía de Haneke. ¿Imperdonable? Tal vez. Siempre hay almas caritativas dispuestas a echar un cable anímico. Con El castillo he saldado siquiera minimamente mi deuda con el cine de autor a pesar de que tengo la vaga sensación de que no he acertado plenamente. De Haneke todos, o casi, hablan excelentemente. Algo no funciona. ¿Que me pasa, doctor?. Mientras espero al galeno me estrujo las neuronas a ver si doy con la tecla y estas son las conclusiones a las que voy llegando...
Lector impenitente y devorador de negros sobre blancos, en mis años jóvenes, uffff, leí El castillo de Kafka. En un lenguaje que intuía más que comprendía, Kafka me hablaba de la pequeñez, de la impotencia, del orden establecido, del vuelva usted mañana. El castillo se me figuraba un monstruo devorador lleno de interminables laberintos repletos de legajos (no tan distinto de los actuales y abarrotados juzgados) y, enfrascado en la lectura, el pánico se iba apoderando de mi al entender que uno de aquellos polvorientos legajos, posiblemente el que estaba debajo de todos los demás llevaba mi nombre, tal vez subrayado en azul. Kafka me anticipaba ese poso que el devenir de los años va dejando en uno. Hoy la vida ha transformado aquellas intuiciones en relativas certezas.
La propuesta de Kafka exige necesariamente la soledad del lector y la ausencia de intermediarios. Comprendo que para directores de acusada personalidad como Haneke, Welles, Bergman o Lynch, llevar a Kafka al terreno de las imágenes suponga un auténtico reto. Aplaudo su osadía. Ensalzo su capacidad imaginativa para dar forma a la propia esencia de una novela que se desarrolla en las catacumbas de la mente humana. Pero el resultado no me llega, tal vez porque la sombra de aquella novela deteriorada por el uso es demasiado alargada.
Reconozco el ingenio de Haneke para crear esa sensación de irrealidad. La voz en off como lector de la novela e incluso interrumpiéndose en el mismo punto de la obra inacabada. El castillo siempre presente y nunca visto. Los espacios negros entre secuencias. El absurdo y el surrealismo dándose la mano. He descubierto un gran director en el austriaco pero seguro que no estoy ante su mejor película.
Discúlpenme, llaman a la puerta. Probablemente sea el galeno.
Cabeza borradora (1976) por Maximilian
El virtuosismo métetelo donde te entre
Muchas veces me encontré discutiendo con amigos sobre un mismo tema que afecta a todas las formas del arte ¿Es el virtuosismo suficiente para que la producción artística sea buena? Mi respuesta siempre fue "no".
El punto es, sí el artista virtuoso se propone hacer una mierda inmunda y lo consigue ¿Lo vamos a alabar por haber conseguido su objetivo? ¿Lo vamos a felicitar porque su mierda huele peor que la de todos los otros artistas? ¿Vamos a desprestigiarlo por haber hecho lo que se proponía, es decir, una mierda?
Esta película nos plantea el mismo dilema, el director se propuso hacer algo grotesco, espantoso y sin coherencia aparente.¿Que vamos a hacer nosotros? ¿Alabar su genio por haber conseguido lo que se proponía? ¿O Desprestigiarlo por haber hecho una película grotesca, espantosa y sin coherencia aparente?
En mi caso yo creo que lo que se juzga acá, es decir, no estamos juzgando a David Lynch, sino que juzgamos "Eraserhead" y la verdad que Eraserhead es grotesca, espantosa, deprimente y sin coherencia aparente. No se ustedes queridos compañeros, pero yo a una película que califique para semejantes adjetivos le pongo como mínimo un 1.. y es mucho.
Se me podrá replicar El amanecer de los muertos (por poner un ejemplo) es “grotesca, espantosa y sin coherencia" a lo que yo respondería "ojo! puede ser grotesca y todo lo que quieras, pero coherencia no le falta y mucho menos es deprimente". Si yo me propongo a compilar escenas sin relación alguna la una con la otra (ojo, Eraserhead no es así, es solo un ejemplo) en la que aparecen violaciones a menores, abortos, una pareja bailando el vals, leprosos, una misa católica, heridas llenas de pus, todo esto con música en reversa de fondo, y digo que mi propósito era hacer algo que provoque asco, miedo y que no tenga sentido, ¿me van a alabar?! capaz que si, porque veo que muchos valoran a esta mierda de película.
Por ultimo, varios van a decir que la película tiene coherencia, estoy de acuerdo a medias. Tiene un principio, desarrollo y fin, pero el tema es que mas allá de el nacimiento del adefesio, su muerte y el deterioro de las relaciones sociales del protagonista... ¿Qué mierda es todo lo otro? ¿Qué es esa mujer que aparece en la estufa? ¿El hombre que maneja las palancas? ¿El final en que se abraza con la mujer de la estufa? Tal vez sea falta de capacidad mía en entender la película, pero estoy seguro que si todo esto tiene sentido, lo habrán entendido 1 entre 100 espectadores...
Por cierto, en las criticas todavía no vi a nadie que explique estas cosas, simplemente se limitan a contar la película sin explicación alguna y después deciden ponerle un 10 o un 9, si le pusieron esos puntajes y no entendieron la película (a menos que no haya nada que entender, como yo creo) son una manada de esnobs que no hacen mas que adherir a la critica especializada de la actualidad.
El año pasado en Marienbad (1961) por El Despotricador Cinéfilo
Hace ya algunos años fui invitado, junto con otros cinéfilos, por el excelente y erudito profesor Francisco Javier Tovar, a la proyección, en la facultad de Filosofía y Letras, de la mítica película “El año pasado en Marienbad”. 94 minutos después terminó la película (menos mal que solo fueron 94 minutos) y empezó, entre los allí congregados, un espontáneo coloquio sobre dicho film.
Yo no podía salir de mi asombro viendo cómo todos estaban entusiasmados, fascinados y motivados por la obra de Resnais, derrochando ingeniosas justificaciones e interpretaciones de lo que acabábamos de ver; encontrando rasgos culturales, perturbadores y geniales en cada una de las escenas y diálogos. Yo permanecí callado, pues dudada (muy seriamente) si estábamos hablando de la misma película o, peor aún, si era tan intelectualmente pobre que no había captado ni apreciado todas esas cualidades, aciertos y magistrales toques surrealistas que inundan cada fotograma del film.
Ahora que mi criterio y mi sabiduría cinéfila se han ampliado considerablemente, hay una máxima cinematográfica que no consiento ni tolero: no aguanto que me tomen el pelo, ya sea con cine europeo (en su mayoría) o americano (por ejemplo, la amplia filmografía de David Lynch). ¿Tan difícil es decir, o reconocer, que “El año pasado en Marienbad” es un aburrimiento incomprensible? ¿Tanto cuesta asumir que no se han enterado de nada porque no hay nada de que enterarse? ¿No les da vergüenza tener que escudriñar rebuscadas justificaciones e interpretaciones para, así, no reconocer que la película es un vacío absoluto estirado hasta el hastío (y, en mi caso, la desesperación)? ¿No les revienta de verdad que un director (un ser humano, al fin y al cabo) sea tan pretencioso y prepotente como para hacer un cine tan poco asequible que haya que buscarle absurdas coartadas intelectuales y culturales?
Y luego querrán, sinceramente, que la cultura sea interesante y accesible para una mayoría. Pues mientras se sigan defendiendo (sin justificación alguna) bodrios de tal calibre, la gente seguirá huyendo de la cultura, y el cine europeo seguirá arrastrando el lastre de cine aburrido para minorías: una pena, sin duda, pues nos alejará y nos impedirá ver las grandes obras del viejo continente.
Los Simpson: la película (2007) por El Despotricador Cinéfilo
Supongo que es inherente a todo ser humano estirar sin piedad algo que funciona y ante lo que el público sigue respondiendo, aunque para ello haya que sacrificar toda la magia, el talento y la gracia que tuviese originalmente dicho producto. Un caso flagrante, y bien claro, es el modo en que David Lynch estiró incoherente y absurdamente la fascinante trama de “Twin Peaks” hasta convertirla en un sinsentido lejos de cualquier lógica, empañando, así, el buen recuerdo que dejó la primera temporada de tan emblemática serie de televisión.
Pero si hay un ejemplo humillantemente significativo es el de (otrora genial) Matt Groening. Resulta sorprendente comprobar cómo ha ido, con el paso de los años, destrozando y vaciando toda la magia que en su día tuvieron “Los Simpson”, y cómo hoy en día no queda ni un ápice de aquel genial talento en la incomparable y ocurrente familia de Springfield.
Puse muchas esperanzas en este “Los Simpson: la película”, pues sabía que los guionistas y responsables de las primeras temporadas (con Matt Groening y James L. Brooks a la cabeza) se habían hecho cargo de la historia, por lo que supuse que, por fin, iba a recobrar a “Los Simpson” originales de principios de la década de los 90. Porque, reconozcámoslo, cualquier minuto, o incluso segundo, de las primeras temporadas de “Los Simpson” de esa época tenía más talento, ingenio, inteligencia, sutileza, agudeza y genialidad que, probablemente, todo el cine que se hizo durante todos esos años (puestos a exagerar en plan mitómano, hagámoslo en plan freaky total).
Estos no son “Los Simpson” con los que todos hemos crecido, con los que todos hemos aprendido lo que es el humor inteligente, con los que hemos descubierto cómo con unos simples ramalazos de genialidad se puede aprender más sobre la psicología y la condición humana que con todos los libros habidos y por haber. No son, en definitiva, Los Simpson con los que nos hemos enternecido y a los que hemos querido, aquellos que formaban ya parte de nuestra vida y de nuestra cultura popular.
Todo eso murió hace muchísimos años, demasiados, y no deja de ser curioso y patético cómo, de vez en cuando, hacemos un intento por ver un nuevo episodio (o esta lamentable película) para comprobar si brilla un poco de aquella genialidad y talento. Pero es solo un espejismo, eso nunca volverá, y con su marcha se fue una parte de nuestra vida (precisamente la más inteligente).
Ciertamente, el amor es ciego, y mucho más el cinéfilo, y cuando has amado algo siempre esperas recobrar algún pequeño indicio de aquel amor; pero, como amantes, el cine y algunos cineastas son muy poco fieles a sí mismos, y, por lo tanto, a nosotros, y esto es tremendamente doloroso.
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