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La dolce vita (1960) por Pedro (Madrid)


Si hay un buen ejemplo de una supuesta obra maestra que se consolidó rápidamente como tal, y a pesar de haber claramente perdido el significado y la fuerza que en su día a muchos deslumbrara, sigue encandilando todavía, ésa es La dolce vita.

Fellini, con un gran manejo técnico, construye un conjunto de cuadros sociales diferentes entre los cuales el personaje interpretado eficazmente por Marcello Mastroianni sirve de nexo de unión. En ellos puede apreciarse una crítica a la clase acomodada, a la prensa, al modo de vida de cierta esfera en la Roma de finales de los cincuenta. Todo ello supuso cierta revolución temática y formal que fue muy aclamada y se tomó como un revulsivo dentro del panorama dominado aún por reminiscencias neorrealistas.

Sin embargo, vista hoy intentando olvidar lo más objetivamente posible lo que fue y algunas de sus imágenes iconográficas como la del baño en la Fontana de Anita Ekberg, encontramos un contenido que no es lo que era, porque fue más un fenómeno de actualidad, una moda, un capricho, quizás como las propias pinceladas que se dibujan en las escenas festivas y despreocupadas del argumento, que una obra verdaderamente universal y llena de fuerza.

Algo podemos salvar hoy… Tal vez la composición fílmica y la estructura sigan sirviendo como buenos ejemplos en escuelas de cine, alguna escena como la declaración de amor con Mastroianni sentado solo en una silla en medio de la habitación vacía, el drama del amigo suicida o alguna que otra brillante interpretación como la del protagonista y la de Anouk Aimeé. Sin embargo, resta mucho más la larga duración que se pierde en alborotadas composiciones de personajes que comunican poco narrativamente y comparadas con otros trabajos cinematográficos incluso de la época tampoco tienen una excesiva belleza visual o poética como para subsanar el tedio argumental. La dolce vita (1960) no es por ejemplo Viridiana de Buñuel (1961), película crítica y descriptiva de unos personajes con excelentes cuadros llenos de riqueza simbólica; ni siquiera es Plácido de Berlanga (1961), una crítica social con distintos frescos de personajes pero cuyo hilo argumental mantiene la viveza.

En definitiva, una película que vive más de lo que fue que de lo que es.

Ocho y medio (1963) por Betomovies

La crisis creativa desde un enfoque surrealista.

A mi criterio 8 ½ es una obra sobrevalorada porque me resulta inconsistente e inconexa en su textura dramática, no llego a lograr la empatía necesaria con esa crisis creativa que sufre el director Guido Anselmi (interpretado correctamente por Marcello Mastroianni).

Si bien la película describe en forma surrealista el intrincado proceso de la realización cinematográfica y sobre la angustia por la escasez de creatividad artística, la cinta no me llega de la forma que debería. El principal problema que tengo con esta cinta de Fellini es que me resulta incoherente, no va creciendo en intensidad y no tiene el suficiente dramatismo como para emocionar o terminar reflexionando sobre tópicos profundos como puede llegar a ser la crisis de un artista. El problema es que el director italiano hace sus planteos en forma filosófica y demasiado lírica, de una manera muy particular donde hay que comprender su propia interioridad para llegar a quedar atrapado en la propuesta. Sin dudas que hay una mirada hacia su propio interior en este filme, Guido Anselmi es el alter ego del propio Fellini, quien se auto-retrata en una suerte de narcisismo en donde resulta muy difícil sintonizar emocionalmente con las vivencias expuestas sin entrar en el alma de su autor.

Lamentablemente no logro sintonizar con el discurso sobre el vacío artístico de un autor y aunque pareciera cínico de mi parte, si me dijeran qué aspectos de esta película resaltaría, pues me quedo primero con su bellísima partitura compuesta por el gran Nino Rota y esa melodía circense que permanecerá latente en nuestros corazones por siempre, en segundo lugar con la belleza exuberante del elenco femenino que acompaña a Mastroianni y por último destacaría la fotografía en blanco y negro que brinda por momentos ratos de extremo onirismo y pérdida del sentido de la realidad.

En fin, no pongo en duda que digan que esta película es de visionado obligatorio para cualquier cinéfilo, sobre todo por su originalidad y por excentricidad en las formas de exponer un mensaje. Ahora bien, no necesariamente tiene que gustar, soy de los que la respetan pero no de los que la gozan con profusa intensidad.