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Cortina rasgada (1966) por Vircenguetorix
Nadie puede negar que la última parte de la obra del genial Alfred Hitchcock está por debajo de lo que nos gustaría a sus seguidores (no digo los acérrimos porque esos no tienen verdadero criterio).
Si ya con Marnie la ladrona tenemos un cierto decaimiento cualitativo la verdadera crisis se produce con Cortina rasgada donde sir Alfred se mete en charcos que no debió tocar. Claro que como la gente aplaudió, prosiguió en la línea con Topaz que es aún peor. Con Frenesí vuelve hacer otra vulgaridad de mal gusto y curiosamente con su testamento La trama recupera a mi juicio algo del crédito perdido.
Es más si sus últimas cuatro películas no llevasen su denominación de origen a nadie le extrañaría que fueran mucho más criticadas, pero un sello es un sello y más si pone Hitchcock.
Con Cortina rasgada estamos ante un producto que bajo el pretexto de contar una historia de intriga y espionaje pretende crear un paroxismo anticomunista que se iba generando en la sociedad estadounidense y terminaría por dar la victoria a Richard Nixon unos pocos años después.
Se nota que el guión de un novato como Brian Moore es muy malo, y se exagera el subrayado de muchas escenas en vez de sugerir como era tradicional en el cine clásico. Pero claro la gente pide escenas violentas y Hitchcock nos da una buena ración.
Las situaciones son surrealistas (la escena del autobús, el interrogatorio de los profesores, la princesa polaca,...) y continuamente malintencionadas presentando a Alemania Oriental como el quinto infierno con hombres de gesto torcido con gabardinas negras y con cicatrices en la cara, programas de bombas atómicas, estudiantes haciendo de perros de presa, bandidos militares que asaltan las carreteras y mil cosas más. Y hombre aunque aquello no era Jauja no hacía falta que nos recordásemos que majetes somos los occidentales y nuestra democracia utilizando para ello la demonización del comunismo.
En cuanto a los actores decir que Julie Andrews está patética como casi siempre (sólo me gusta en ¿Víctor o Victoria? su mejor papel), por contra Paul Newman está francamente bien, incluso proporciona verosimilitud a situaciones infantiles de guión que el saca adelante con muchas tablas.
Tenemos unos buenos temas musicales de un clásico como John Addison (La soledad del corredor de fondo, Tom Jones o Un puente lejano) y una fotografía bastante floja en consonancia con la película.
En realidad el maniqueísmo de Hitchcock en esta cinta sólo hace que sea previsible sin ganar en intriga ya que va perdiendo la ambigüedad de películas como Psicosis o Los pájaros que hacían a la historia más sorpresiva.
Una película menor que se salva entre otras cosas por la actuación inconmensurable de Paul Newman, el ritmo del maestro Alfred Hitchcock y una buena banda sonora.
La carta del Kremlin (1969) por Father Caprio
Vaya por delante que considero a Huston un excelente director. Películas como El tesoro de sierra Madre, Cayo Largo, La noche de la iguana o El Halcón Maltés, entre bastantes otras, no son el resultado de un día de suerte.
Pero, hay días en que uno se levanta algo así como con ganas de despotricar, eso sí, educadamente, que lo cortés no quita lo valiente, y hoy como que le va a tocar al señor Huston. La cosa viene a colación de La carta del Kremlin, película suya no demasiado bien acogida por el público en su tiempo, aunque la crítica y los años transcurridos parecen haber encumbrado el film a la categoría de cult movies solo aptas para paladares exquisitos. Bien, pues a riesgo de recibir algún vapuleo que otro por discrepancias con la selecta jet cinematográfica, me reafirmo en que se trata de una película mediocre donde se confunde la violencia gratuita con el talento artístico.
No estoy hablando de una violencia tipo Tarantino año 2009. Los años 70 eran otra cosa pero aún así las gratuidades de Huston son evidentes. Además, la violencia no es únicamente partirle el espinazo a alguien. La nota final proponiendo tres muertes inocentes a cambio de una vida es una agresión al espectador para que deje la sala con cara de mala leche. Tal vez Huston pretendía que dirigiéndose a la salida los espectadores comentaran ¡Que grande es este Huston!. Y Huston es grande, tan grande que su fama no se resiente porque jugando a los espías intente romper el mito Bond, lo mismo que lo quiso romper con aquella infumable Casino Royale del 67. Porque es muy cierto que los espías no son necesariamente tan seductores ni toman martinis no agitados ni desvían automáticamente las balas que se disparan sobre los OO7 que en el Fleming-mundo han sido.
Pero para demostrarlo no hace falta convertirlos en drogadictos, gays o gigolós insensibles, ni ponerles nombres hortera, tipo “el brujo” o “el libertino” o la “dulce Alicia”. Hay términos medios entre los irreales pero entretenidos Bond con sus chicas y los anónimos funcionarios grises tipo Greene o LeCarré. Y en esa media real habrá muertes y dureza pero bien incardinadas en un contexto de realidades para adultos donde la violencia no puede eludirse porque eludirla sería como eludir el mundo. Mi crítica a Huston no es tanto que desmitifique los Bond-light sino que lo haga exagerando las dosis.
Aunque en realidad tampoco tengo claro si estoy criticando a Huston o simplemente despotrico contra todos aquellos que después de casi dos horas de una mediocre película, encuentran en sus últimos quince minutos la piedra filosofal de las maravillas hustonianas descubriendo sentidos ocultos solo al alcance de paladares con gourmet cinéfilo. Desde luego que lo que despotrico lo digo con el máximo de los respetos…
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