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#LasFurias Crítica: Las furias (1950) de Anthony Mann (por Father Caprio)

Con mas de melodrama que de western, "Las Furias" es una excelente película de Anthony Mann rodada en 1950, año de transición del cine negro serie B al cine del oeste y que fue también el año de "Winchester 73", uno de los buques insignia del director nacido en Berlin. Año prolífico y más que aceptable, donde Mann hace sus pinitos en la psicología freudiana con una relación padre-hija que con toda seguridad daría más de un dolor de cabeza a los infatigables censores, guardianes de la moralidad, buenas costumbres y...

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Desengaño (1936) por El Despotricador Cinéfilo



El siempre inefable Carlos Pumares solía decir que Rocky era una película terriblemente aburrida durante su primera hora, pero que la segunda hora de su metraje era tan excelente, brillante y emocionante que te hacía olvidar por completo lo mucho que te habías aburrido hasta ese momento. Y es que, de las películas, siempre recordamos el poso emocional y sentimental que nos dejan al acabar, olvidando subconscientemente los posibles instantes aburridos.

Pues bien, algo así se podría aplicar a este Desengaño, porque me aburrí  soberanamente durante sus primeros minutos. Era incapaz de conectar con la historia y con todo lo que le iba ocurriendo al peculiar matrimonio que la protagoniza. Pero, de repente, me metí de tal manera en la película que me acabó conmoviendo y entusiasmando. Sin duda, el gran mérito pertenece probablemente en exclusividad a Walter Huston (cuantas más películas veo de este genial actor, más me doy cuenta de que su soberbia y antológica interpretación en El tesoro de Sierra Madre no fue fruto de un día de suerte).

Pero si en algo destaca Desengaño es la autenticidad que desprende cada uno de sus fotogramas. En los diálogos hay un realismo, una naturalidad y cierta veracidad que convierten a la película en una obra muy actual. No porque el tema del divorcio esté ahora más vigente que nunca, sino porque los problemas/soluciones que plantea son tan intemporales que aportan al film una pasmosa y sorprendente modernidad.

Me sorprende gratamente que en el año 36 estuviesen ya tan sutilmente planteadas ciertas cuestiones como el miedo de las mujeres a envejecer, las incompatibilidades maritales, las infidelidades, la necesidad de entenderse de los matrimonios, la inmadurez, la inevitable desintegración de la vida en pareja, etcétera.

Esta película, una vez más, me ha demostrado que, por muy aburrida que pueda llegar a parecer una historia, siempre debemos darle una oportunidad, porque nos podemos encontrar con sorpresas mayúsculas e imprevisibles.

Aguas pantanosas (1941) por El Despotricador Cinéfilo

Quizás dada la filosofía que caracteriza a esta web de El Despotricador Cinéfilo no sea el hábitat idóneo para hablar de esta pequeña joya llamada Aguas pantanosas (espléndido film totalmente desconocido por mí hasta hace un par de horas), pero no puedo resistirme a hacer un pequeño comentario quisquilloso.

Aguas pantanosas    

¿Seguro que Aguas pantanosas es de Jean Renoir? ¿En serio Aguas pantanosas está dirigida por Renoir? Porque yo en todo momento he estado viendo una película de John Ford, es decir, una obra fordiana 100%: bailes tradicionales que amenizan la acción, típicas peleas a puñetazos muy al estilo de Ford, música preexistente sacada directamente de Las uvas de la ira, multitud de secundarios fordianos (Ward Bond, John Carradine, Walter Brennan, Walter Huston, Charley Grapewin,…), planos idénticos de otras películas, personajes femeninos muy arquetipos vistos una y mil veces antes en obras del gran director irlandés, etcétera.

Vamos, que solo faltaba algún plano insertado del Monument Valley (algo peliagudo de ocurrir dado que la situación transcurre en el pantano Kefenokee de Georgia). ¿Qué conclusión se puede sacar? Pues muy sencilla, dado que parece una obra de John Ford entonces estamos ante una magnífica y sobresaliente película que entretiene desde el primer minuto.

Decía Orson Welles que antes de dirigir Ciudadano Kane se vio tropecientas veces La diligencia; umm, me parece que no fue el único que lo hizo.

La estrella del norte (1943) por Aurea García Fernández


Asombra descubrir que hubo un tiempo en el que en Hollywood se rodaban películas pro-soviéticas en las que los malos-malísimos eran sin lugar a dudas los fascistas como se llamaba entonces a los nazis alemanes y los buenos-buenísimos los comunistas, sí,sí, aunque ahora nos parezca mentira, en serio.

La película nos muestra la Arcadia utópica y feliz de una sencillo pueblo ucraniano en el que conviven fraternalmente camaradas jovenes, maduros y viejos en paz y armonía hasta que la invasión alemana al comienzo de las vacaciones veraniegas de 1941 los pone a prueba y TODOS, toditos, todos dan la talla sin resquicio alguno sin importarles su más que probable muerte convirtiéndose así en héroes y algunos, claro, en mártires de la causa antifascista.

Vista ahora se nos presenta como algo falsa y acartonada aunque no cabe duda de que la reacción de los diferentes pueblos soviéticos ante los nazis fue realmente heroica y ahí está el cerco de Leningrado para atestiguarlo más allá de todo lo humanamente posible. Les pilló desprevenidos pero estaban organizados y lo que es más importante motivados. Niños, jovenes, ancianos, mujeres: todos a una, sin guerras generacionales ni sexistas. Cabe preguntarse, tal vez ingenuamente, ¿qué hubiera sucedido si aquel socialismo utópico no hubiera degenerado en la funesta y mortífera tiranía estalinísta? Preguntas vanas tal vez.

En opinión de muchos no hubo en Hollywood un director mejor formado y preparado que Milestone nacido en Rusia y preparado allí, en Alemania y en Bruselas antes de llegar a la Meca del Cine y trabajar con Mack Sennet o Henry King como fotógrafo, montador, director artístico, guionista, enfín que cuando llegó a la dirección conocía el oficio de la A a la Z y de hecho fue reconocido por la recién inaugurada Academia con un par de Oscars y alguna que otra nominación. Es la época, recordemos, en que los escritores acuden a Hollywood (de entre los nuestros Edgar Neville acompañado por su amante la elegante Conchita Montes anticipo de las Penélopes, Patakis, Vegas, etcétera actuales) a escribir guiones como es el caso de Lillian Helman que firma el de la película que comentamos, aunque al parecer Milestone introdujo los cambios que le parecieron pertinentes con disgusto de ella.

El reparto es muy bueno y destaco a una jovencísima Anne Baxter que ya apunta maneras de gran actriz y el luego protagonista de infinitas películas bélicas Dana Andrews, sobrio como siempre por no hablar del magnífico aunque siempre un puntito histriónico el también director Eric Von Stroheim que encarna como no podía ser de otro modo al brillante y cínico médico alemán que no duda en adoptar prácticas horrendas (reclutar a los niños para trasfundir su sangre a los soldados heridos aunque todos ellos mueren sin remedio, pobres víctimas de la sinrazón adulta) aunque no esté de acuerdo con ellas...ah...pero las practica, mas tranquilos que la justicia poética existe.

El film es antibélico pero parece como si el director pensara que el fin último de toda guerra sea la supervivencia, entonces ¿qué pasa?,¿siempre habrá guerras? No puede ser, de verdad que no lo soporto: alguna vez dejará de imponerse la sinrazón y la locura, vamos, digo yo. Aunque no sé como me atrevo a escribir esto con la que está cayendo por doquier.