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Aeropuerto 75 (1974) por El Despotricador Cinéfilo
Aeropuerto 75 engloba en su interior todos los defectos del cine catastrofista tan típico de los 70 y sería interminable la enumeración de todos sus exasperantes e irritantes toques del peor cine-espectáculo. Pero, a pesar de la mediocridad del resultado final, no pude evitar esbozar una sonrisa constante durante todo el film, llegando, incluso, a gustarme la tremenda exageración con que está planteada.
¿Por qué?, pues sobre todo gracias a la sublime Aterriza como puedas. Pero ¿cómo es posible que una película paródica e hiriente haga más agradable y llevadera la película original parodiada? Pues porque la genial e hilarante comedia de los ZAZ (todo un clásico a reivindicar, dicho sea de paso) hace que cada escena de Aeropuerto 75 sea más entrañable y más simpática por el continuo derroche de escenas tan tópicas y susceptibles de ser parodiadas.
Es más, no sé si intencionada o accidentalmente, Jack Smight aporta a todos los pasajeros del avión un tono muy surrealista, casi kafkiano, empezando por esa Gloria Swanson, autoimitándose de forma magistral y grotesca, y siguiendo con el resto del elenco, a cual más divertido. Incluso me atrevería a decir que todo el reparto es consciente de estar en una comedia más que en un trágico y sobrecogedor film catastrofista. Todos menos Charlton Heston, claro, que intenta tomarse en serio un personaje que roza el absurdo de forma continua.
En fin, cuando un film tan terriblemente malo consigue que desees ver inmediatamente las siguientes secuelas (Aeropuerto 77 y similares) algo bueno tendrá, aunque a veces nos cueste ver lo que es.
Easy Rider (Buscando mi destino) (1969) por Vircenguetorix
Para ser diferente no basta con parecerlo, hay que serlo. El hipismo se cargó el mensaje orientalista y lo convirtió en un alegato hedonista. Luego vinieron las tribus urbanas, donde el llevar unas pintas determinadas era lo más importante para parecer alguien dentro del clan y situarse al margen de la sociedad, aunque en realidad muchos de ellos fueran en realidad unos niños burgueses que se aburrían.
Easy Rider es como una especie de aprobación moral de lo que uno hace, acostumbrados todos a saber que la ley no admite las drogas u otras actitudes disolutas, aquí se las presenta como modelo a seguir. Y el autoaplauso a uno mismo es lo que más vende, aunque la película esté filmada de una forma tan chapucera.
Cinematográficamente hablando Los ángeles del infierno de Roger Corman, con Peter Fonda también de protagonista, es mucho mejor que Easy Rider, pero tiene el problema que no se hace apología, sino se hace mera descripción narrativa, presentando virtudes y miserias, y eso molesta.
Aquí en cambio necesita un antagonista, para que sus héroes sean más esplendorosos, que mejor que los paletos de pueblos, todos ellos con muy mala leche, que se lían a tiros por las buenas. En cambio los urbanitas con sus motos... son hasta ecológicos como todos sabemos.
Dennis Hopper rivaliza en la cinta entre optar al premio a peor actor o director, sigo sin decidirme. Peter Fonda, al margen de presencia, no se le puede pedir más. Y al menos Jack Nicholson nos brinda todas las mejores secuencias de la película, y salva en parte el desastre catedralicio.
Lo de la “filosofía” prefiero no abordarlo, si ya me cuesta Kant de comprender no digo nada de la de Hopper. Además necesitaría un LSD y al camello le trincó la policía hace tiempo, el chico no hacía películas y tenía que ponerse en los baños de un garito, no en las fiestas de ricos en un apartamento de lujo de Hollywood Boulevard.
Capricornio Uno (1978) por El Despotricador Cinéfilo
He de reconocer gratamente asombrado que no esperaba que me gustara tanto esta película, y como casi sin darme cuenta me fui metiendo en ella cuando tenía pocas expectativas de que me gustase, pues por regla general todas las películas de astronautas suelen ser bastante aburridas (inclusive las muy sobrevaloradas Apolo 13 y Elegidos para la gloria).
Pero Capricornio uno sabe combinar magistral e inteligentemente todos los elementos de varios géneros: el thriller político más intenso, la acción más trepidante, la denuncia social, la emoción más conmovedora, la intriga (al más puro estilo Hitchcockiano), el suspense, la aventura e incluso hasta unos afortunados toques de humor a cargo del personaje de Elliott Gould (y en menor medida del desmadrado Telly Savalas en un breve pero impagable personaje).
Y cuando ya está a punto de terminar la película con el previsible final que todos esperamos, es cuando literalmente Peter Hyams rompe y quiebra su excelente dirección hasta ese momento, porque ese final se podría haber rodado de 10 maneras diferentes, y posiblemente todas ellas serían impecables, pero Hyams tuvo que elegir probablemente la más torpe, cutre y sensiblera que uno podría concebir.
El poner a James Broslin en la escena del cementerio corriendo a una lentísima (y por supuesto inadecuada) cámara lenta para su feliz reencuentro, acaba rompiendo todo el ritmo y filosofía de la película, convirtiéndola así en un telefilm barato, cutre, de una cursilería tal y de una torpeza de dirección que te deja tan mal sabor de boca.
La única explicación plausible que encuentro (y que quiero creer), es que esa escena fue rodada por el segundo operador y no por Hyams, porque sino no me explico como durante 120 minutos te hace disfrutar como un cosaco, para estropearlo con uno de los finales más pésimamente rodados que puedo recordar.
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