ccc
Mostrando entradas con la etiqueta Martin Balsam. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Martin Balsam. Mostrar todas las entradas
Labios sellados (1957) de Karl Malden (por Father Caprio)
De vez en cuando te sorprendes viendo una película sin pestañear, sin
mirar el reloj y demorando el momento de darle al pause para ocupaciones
indelegables. Como botón de muestra: Time Limit (aká Labios Sellados).
Ni que decir tiene que se la recomiendo encarecidamente sabiendo que
como buenos aficionados al cine que son, disfrutarán de ella.
Y no les extrañe que en el aparado “director” figure el nombre de Karl
Malden, excelente actor y uno de nuestros queridísimos miembros del club
de las narices superlativas. Es su único trabajo cinematográfico en
este apartado (aunque se comenta que pudiese hacer su aportación, sin
acreditar, en El árbol del ahorcado (1959, Delmer Daves) pero ¡Menudo trabajo! A sus
órdenes, un actor de campanillas, de esos cuya presencia honra un film:
Richard Widmark, y para completar “la orquesta”: Richard Basehart y
Martin Balsam, dos figuras suficientemente acreditadas.
Es probable que a algunos de ustedes les ocurra lo que a mi. Con estos
pelos y sin enterarme, repito para mis adentros, y me autoayudo diciéndo
que incluso en los propios Estados Unidos de Norteamerica una inmensa
mayoría de aficionados al cine desconocían y siguen desconociendo este
film. Y “¿Por qué?” cuestiono insistentemente al más puro estilo
Mourinho. Un excelente film que pasa desapercibidamente sin pena ni
gloria... ¿Qué está pasando? ¿Dónde está la mano negra que mueve los
hilos?
Antes de intentar responder esta pregunta les voy a relatar someramente y
sin dar demasiadas pistas, de qué va esto. Pues bien, estamos ante un
film militar donde a un ex-prisionero de Corea se le acusa de
colaboración con el enemigo. En la instrucción del expediente
preliminar, el Coronel Edwards (Richard Widmark) se muestra confuso ante
la facilidad con que el Mayor Cargill (Richard Basehart) admite su
culpabilidad y se pone prácticamente la soga al cuello. Las
declaraciones de los demás prisioneros del campo de concentración
resultan extrañamente orquestadas. El Consejo de Guerra parece
inevitable.
En última instancia el film es un enfrentamiento entre un sacrosanto
código militar donde las vidas humanas se supeditan a un absoluto y
tiránico sentido del deber y un código personal con el que debemos
convivir los seres humanos desde que tenemos uso de razón hasta el día
de nuestra muerte. El recuerdo de Senderos de Gloria (1957, Stanley Kubrick) es evidente.
Los propios valores y sentimientos frente al código aceptado al jurar
la bandera constituye una terrible disyuntiva capaz de costarle la vida a
un hombre. No es extraño pues que desde las altas instituciones
militares el film de Malden sea una corrosiva mosca cojonera que debiera
dejarse empolvar en los sotanos del Pentágono o similares.
Solo transcribir unas líneas al respecto de los films desaparecidos. No
es castellano viejo pero se entiende bastante bien, así que excuso
traducirselo:
“Thus despite respectable reviews, the film vanished without a trace,
and since commercial, political, and social circumstances continue to
work against the film´s revival, it will probably never be seen again by
the general public, or even by cinema scholars. In its
near-nonexistence Time Limit is just on the many films that have been
“lost in the fifties” films that were the result of the passionate
collaboration and shared dreams of the auteurs more than half century
ago but that are unavailable to us now."
Lost in the fifties. Wheeler Winston Dixies
Espero que les guste.
Traducción de El Despotricador Cinéfilo: "Así, a pesar de las críticas respetables, la película desapareció sin
dejar rastro, y puesto que las circunstancias comerciales, políticas y
sociales continúan actuando en contra de la reposición del film,
probablemente nunca será visto de nuevo por el público general, o
incluso por los eruditos del cine. En su cuasi-inexistencia 'Labios sellados'
está justamente entre los muchos films que se han perdido en los
cincuenta, que fueron el resultado de la colaboración apasionada y los
sueños compartidos de los cineastas de hace más de medio siglo, pero que
no están disponibles para nosotros hoy."
¿Te ha gustado esta crítica? ¿Quieres leer más críticas de Father Caprio? Pulsa aquí
¿Te ha gustado esta crítica? ¿Quieres leer más críticas de Father Caprio? Pulsa aquí
Desayuno con diamantes (1961) por Hartmann
No es Desayuno con diamantes una obra maestra, ni tan siquiera un clásico de los grandes por más que algunos lo vean así. Y con todo, hay que reconocer en ella momentos de obra maestra y de clásico, pero una película debe ser juzgada por el conjunto, y ésta exhibe algunos defectos de base que sus aciertos parciales no logran disimular.
En su novela Desayuno en Tiffany´s Truman Capote pretendió esbozar un retrato de la parte más frívola e insustancial de la sociedad neoyorquina, pasto habitual de la prensa de cotilleos. Sin embargo, el relato de Capote carece de acidez y distanciamiento y acaba por resultar tan encantador como falto de profundidad precisamente porque se ve parcialmente contagiado por los vicios de la fauna que describe. A ello hay que sumar una cierta incapacidad del autor norteamericano para retratar el universo femenino: en la obra de Capote que conozco mujer e inteligencia parecen incompatibles. Y cuando es una mujer la que lleva el peso de la trama, como en este caso, el panorama resulta problemático.
Con semejante base no debería sorprender que el principal escollo a superar por Edwards a la hora de realizar la adaptación a la pantalla fuera una trama algo insulsa y a la que los guionistas hicieron poco por mejorar: convertir al protagonista en un mantenido e incluir un final totalmente hoollywodiense podían dar más carga dramática a la cinta, pero no se saca el debido provecho de los cambios. Tampoco resultan convincentes algunos personajes, con un histriónico Mickey Rooney en un papel de vecino cascarrabias totalmente exagerado, la vena cómica funciona sólo a ráfagas y en otras cae en el puro vodevil, y los diálogos son irregulares; apuntan buenos momentos, sobre todo en las discusiones de la pareja protagonista, pero se quedan a medias, sin rematar lo que bosquejan.
Naturalmente que esta película tiene sus aciertos, como ya se decía: Edwards sabe rodar, hallar el encuadre exacto y dar a cada plano la duración justa, y la mejor muestra la tenemos en el excelente plano de arranque o en la escena del guateque, narrada con un ritmo endiablado y la precisión de un mecanismo de relojería. La hermosa Audrey Hepburn se convirtió aquí en todo un icono (una de las pocas veces que se puede llevar con clase la tan temida anorexia) y sabe construir un personaje alocado a la vez que frágil e inseguro, capaz de pasar del registro más elegante al abiertamente cómico con total naturalidad.
Capítulo aparte merece la banda sonora. Hoy muchas de sus páginas pueden resultar desfasadas al pertenecer a la moda de los 60; pero resulta más que merecido que pasara a la historia gracias al bellísimo tema de Moon River, al que Mancini supo sacar todo el partido que pudo consciente de que, ahí sí, tenía delante una verdadera joya.
La otra, Hepburn.
Entre las dos lograron dejar para la posteridad una obra que de otra manera no hubiera pasado de ser una aceptable historia de amor narrada con oficio.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)