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#irasachs El amor es extraño (2014) de Ira Sachs (por Aurea García Fernández)
Esta película es la segunda de una trilogía cuya primera parte "Keep the Lights On" presentaba una tormentosa y compleja relación amorosa entre un realizador de documentales y un abogado. En esta segunda parte los dos hombres que forman la pareja protagonista (hay otras en la peli hetero y homo) llevan una relación de casi cuarenta años asentada y equilibrada lo cual les impulsa a tomar una decisión: casarse ya que la nueva legislación se lo permite. El tema de la tercera entrega según el director será el de la amistad entre dos niños uno de ellos gay y su búsqueda de la identidad.
Así pues el comienzo de la película con la alegre celebración de esta boda no puede ser más feliz pero...ellos no contaban con que en Estados Unidos no existen leyes que protejan del despido por la orientación sexual de los trabajadores ya que el estado (ese estado delgadito, delgadito que defienden con uñas y dientes los ultraliberales darwinistas modelo Esperancita A. que, de tan delgadito, enseguida se les contamina de los virus más indeseables y corruptísimos tan...
El luchador (2008) por El Despotricador Cinéfilo
Ciertamente, no deja de ser curioso (o directamente lamentable) que el cine, a pesar de ser la conjunción del buen quehacer de muchos técnicos y artistas diferentes, pueda crear (buenas) películas que se sostengan única y exclusivamente por el talento excepcional del intérprete que las protagoniza. No puede haber un caso más representativo que este El luchador del siempre perturbador (aunque a veces decepcionante) Darren Aronofsky.
No hay que ser un lince (o un avispado crítico) para reparar en que estamos ante un film mediocre y banal que narra, por enésima vez, una historia que ya ha sido contada previamente docenas de veces. Es más, el guión en sí es carne de telefilme sensiblero y parece inspirado en muchos otros productos televisivos de este calibre. Por tanto, el factor sorpresa desaparece desde el primer momento, ya que enseguida, como espectadores, sabemos qué derroteros va a seguir la película y todo lo que va a pasar del primer fotograma al último. Es decir, el tedio se va apoderando de nosotros desde el mismo momento en que somos conscientes de que veremos una historia de originalidad cero y tan manida ya a lo largo de los años.
Algunos defenderán que el mundo de la lucha libre está magníficamente representado y dignificado, y que pocas veces se ha visto así antes en el cine; pero para mí eso no es suficiente, ya que la historia en sí es la misma (cambia la lucha libre por el boxeo, el béisbol o el fútbol americano y obtendrás el típico telefilm tantas veces visto).
¿Que Mickey Rourke está soberbio y espléndido y su interpretación trasciende a la simpleza del guión? Pues sí, es cierto, pero una película no es solo el actor que la interpreta, sino que debe contener otros muchos factores esenciales que la conviertan en un film memorable, y no solo en un ejercicio interpretativo magistral.
Antes que el diablo sepa que has muerte (2007) por Aurea García Fernández
Acabo de salir del cine como si me hubiera caído encima una granizada con granizos de medio kilo cada uno y sin embargo...¿podré yo "despotricar" contra esta intensísima y terrorífica última película del grandísimo artesano Sidney Lumet con los 83 años ya cumplidos?
Hay que reconocer que esta primera generación de los televisivos traía el oficio pero que muy bien aprendido aunque tampoco debemos olvidar que cuando Lumet fue llamado para dirigir Doce hombres sin piedad estaba con un taller de teatro para actores y vaya si se nota la extraordinaria dirección de éstos en todas sus películas y por supuesto en la que acabo de ver.
Se trata de Antes que el diablo sepa que has muerto titulo sacado de un brindis tradicional irlandés que dice:"Ojalá estés en el cielo media hora antes de que el diablo sepa que has muerto" y ojito al dicho que tiene muchísimo que ver con el final de la peli, que más parece tragedia clásica que "thriller" contemporáneo porque la visión de la América actual que nos presenta Lumet no puede ser más sombría y desoladora aparte de furiosa, ya digo, granizos como pedruscos te caen encima todo el rato sin darte un segundo de sosiego.
Una vez más es la familia el núcleo en el que sucede todo y !qué familia, cielos! porque si impresentables son los hijos ¿qué me dicen del padre?.de verdad que el veterano actor inglés Albert Finney (por cierto,¿murió?,lo sentiría mucho, siempre me ha encantado) está que lo vierte: la encarnación del mismísimo dios-tronante y vengativo,!qué miradas, qué cara abotargada, qué feroz egoísmo puede llegar a expresar ese rostro despiadado y cruel!,ya digo espléndido.
Por lo que se refiere a sus retoños tampoco tienen desperdicio. El superversátil y siempre excelente Philip Seymour Hoffman encarna al hijo mayor ambicioso hombre de negocios adicto a la heroína (gran standing, claro, no por los sucios retretes) y motor de todo lo que se avecina; creo sinceramente que es imposible hacerlo mejor: andares, movimientos del cuerpo, miradas, gestos, la voz, esas manos por favor que hablan por sí solas: un completo festival interpretativo. Desde la primera imagen en la que aparece distendido en la cama con su mujer de vacaciones en Brasil todo él nos pone sobre aviso de que estamos ante un sujeto de mucho cuidado.
El hermano pequeño, auténtico desustanciado incapaz de afrontar sus obligaciones como padre separado pero muy diligente para cumplir con otras puntualmente todos los jueves sin equivocarse, está magníficamente bien servido por el polifacético Ethan Hawke. Las féminas también cumplen aunque sus personajes sirven tan sólo de contrapunto a estos varones en crisis, estúpidos e irreflexivos, acuciados por la necesidad del ídolo de barro o sea el dinero.
¿De qué "despotricaría" yo?. Pues tal vez de la "fractura temporal" de la narración que a veces puede marearte un poco o de la compleja estructura del guión como consecuencia de lo anterior o de ese final ,ya digo, desmesurado, de tragedia griega pero vamos que todo ello es "peccata minuta" ante la solidez, intensidad, precisión y rigor con que está rodada cada secuencia y ese festín interpretativo que nos deparan todos y cada uno de los actores. Eso sí, el cuerpo molido por la descarga de monumentales granizos durante toda la película.
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