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Hoosiers: más que ídolos (1986) de David Anspaugh (por El Despotricador Cinéfilo)
Me han venido sendos films a la cabeza al visionar Hoosiers, este supuesto clásico de los 80 (ay, que miedo me da cada vez que me enfrento a un clásico de los 80, ¡qué década más horrible cinematográficamente hablando!) porque si hubiese sido una película (al más puro estilo de Budd Boetticher) rápida, directa y al grano hubiésemos tenido una muy entretenida, dinámica y frenética cinta sobre el baloncesto acompañada, además, por la excelente música del siempre genial Goldsmith.
Porque hay que reconocerlo, esta clase de película no solo deleita y entusiasma a los amantes del deporte (en este caso el basket) sino que incluso, a los que no comulgamos ni sentimos ningún interés por este deporte, nos hubiese complacido por contemplar fervorosos los partidos que en ella se juegan (al fin y al cabo el cine es especialista en hacernos vibrar y emocionar con cosas que en nuestra vida cotidiana nos importan un bledo: el boxeo, las carreras de coches, el beisbol, etc).
Sin embargo, el director de Hoosiers debió pensar que hacer solo una película centrada en visionar emocionantes y decisivos partidos de baloncestos era hacer un film muy intrascendente, sencillo y banal, por eso recargó ese guión con una profunda carga psicológica en los personajes secundarios para así aportar más intelectualidad, profundidad y enjundia al conjunto final. Y si lo hubiese hecho bien pues hubiera beneficiado sin duda a la película, pero ¿de qué sirve eso si luego solo los esboza y no desarrolla ninguna de las historias? ¿para rellenar metraje? ¿para que no sea solo ver jugar al baloncesto?
Por que vamos a ver, ¿se explica en algún momento porque la estrella del equipo dejó de jugar en su día y luego volvió inexplicablemente a jugar sin motivo aparente? ¿se explica el porque de la frustración del personaje de Barbara Hershey? ¿se explica la causa del alcoholismo y depresión de Dennis Hopper? Y puestos a ser quisquillosos ¿se profundida algo en el pasado o en la conflictiva y tortuosa personalidad del entrenador interpretado por Gene Hackman? La respuesta a todas estas cuestiones es no. Se escoge el camino fácil pues solo se limitan a esbozar ambiguos trazos en personajes muy esquemáticos, por no hablar de los clichés tan manidos a los que se recurre una y otra vez.
Más valdría que se hubiesen centrado en la premisa principal de la película: todos los miembros del equipo de baloncesto son importantes por igual y la unión hace la fuerza para superar cualquier reto. Aunque claro, entonces la película hubiese durado muchísimo menos, vamos, como las maravillosas películas de Boetticher, y qué grato recuerdo entonces nos hubiera quedado de este lamentable Hoosiers.
Más crítica de El Despotricador Cinéfilo en:
http://www.eldespotricadorcinefilo.com/el-despotricador-cinefilo.html
Elegy (2008) por Aurea García Fernández
Voy a despotricar un rato sobre "Elegy" (2008) la última entrega de Isabel Coixet. Película de encargo...y se nota. Coixet es una directora con un estilo propio y peculiar, con unos puntos de vista muy personales y diferentes a los que cunden por ahí como pudimos ver por ejemplo en "La Vida Secreta de las Palabras" para mí su mejor película hasta el momento.
Pero en "Elegy" por más que haya podido introducir cambios en el guión de Nicholas Meyer no es ella la que habla, no es su mundo el que se expresa sino en última instancia el del autor de la novela Philip Roth por lo que hay, no sé, como un distanciamiento, una cierta frialdad intelectual en toda la película aunque formalmente lleve sin duda la marca de la casa y todo resulte muy coixetiano.
Nicholas Meyer en su guión había perfilado el personaje que interpreta Pe es decir el de la estudiante cubana que se enamora del profesor con todos los estereotipos norteamericanos en torno a las guapas latinas que por definición han de ser tontas aunque como aquí ocurre se trate de una joven universitaria. Coixet corrige esto, faltaría más, y no se deja meter ese gol. Lo que no podía cambiar era la esencia de la novela ,"El animal moribundo"(por cierto,¿por qué se le cambió el título?), pues Roth que en definitiva relata una experiencia personal (o eso dice) no lo habría consentido.
Me refiero a ese imaginario masculino de la pasión del hombre maduro por las jovencitas y viceversa. Desde el fauno y la ninfa de los mitos clásicos a la primera boda de la princesa Leticia con el profesor de Almendralejo los ejemplos son abundantisimos en todas las artes sobre todo este último modelo, el del "amor pedagógico": aburre a las vacas, de verdad. No conté mis bostezos pero fueron hartos y da la impresión de que Coixet también bostezó durante el rodaje.
Algún crítico ha hablado de "sentimiento rebosante" pero sinceramente no lo sentí "rebosar" por parte alguna. Lo que sí "rebosa" quizás es el egoísmo y la soledad (estupenda Patricia Clarkson en el personaje de Carolyn que Coixet ha desarrollado más que en el guión de Meyer).
!Ah!, la música de Madelaine Peyroux y de Satie subraya con mucho acierto y es muy grata. Esperemos la próxima entrega de esta peculiar directora a ver con qué nos sorprende.
Cometieron dos errores (1967) por Vircenguetorix
Este híbrido entre la clásica película del oeste norteamericana y el spaghetti-western europeo, no hubiera pasado a tener cierto éxito si no es por la presencia de Clint Eastwood. Y digo esto, porque objetivamente Cometieron dos errores es más bien poca cosa.
Se nota que es una película de novatos. Casi todo el cuerpo técnico que participa en la cinta eran nuevos en esto del cine, aunque ya tenían algunos de ellos cierta experiencia en televisión.
los errores de Cometieron dos errores son los habituales, falta de solidez y dispersión de la trama argumental, creando subhistorias de poco valor. Atracción por las corrientes de moda en la forma de rodar de la época, que pasados unos años suele quedar muy caduca –los zooms de esta son lamentablemente malos-. Y en general, cierta inclinación hacia el efectismo propio del cine de terror, en el que aquí se inspiran.
Y eso que el director, Ted Post, no era un niño precisamente, pero su forma de manejar la cámara está más cercana a la un estudiante de cine que a la de un cincuentón. El que es malo, lo es siempre, luego nos regalaría ese fiasco titulado Regreso al planeta de los simios.
Pero lo más interesante de esta película es la apología de la pena de muerte que se hace en ella. Si el personaje de Eastwood, representa el hombre que quiere resolver los problemas a la antigua usanza, el juez simboliza el nuevo modelo que se va imponiendo en Estados Unidos por aquella época. Y es él, y no los pistoleros de siempre los que imparten esa justicia. Aunque se equivoquen. Esta es la clave de la cuestión.
La pena de muerte es necesaria, ya que si no lo hacen ellos se hará en otra parte tomándose la gente la justicia por su mano. Y aunque se asuman errores y que hay personas que serán ajusticiadas de forma errónea, lo individual no puede parar lo estructural, que es el sistema judicial.
Este mensaje, bastante discutible, es el motor de la una historia rodada en Nuevo México, donde nuestro amigo Clint, está bien como siempre. Eso sí, nadie puede creerse que pueda ser abogado. Sus conocimientos de Derecho en la película son los mismos que los de Bisbal de Sociología de las Religiones.
Hay más puntos en contra de ella, desde la horrible banda sonora, una de las peores que recuerdo, a la lamentable historia de amor, completamente forzada, deshilvanada y carente de credibilidad. Papel de mujer florero, muy típico de las películas ultraderechistas norteamericanas como es el caso.
Lo mejor de todo es el comienzo, tiene unos diez primeros minutos extraordinarios, que parecen sacados de lo mejor del género. Pasado el gas inicial, viene el sopor y las incongruencias.
Una película bastante floja, que no debe tener más de un visionado, que debe servir para ver a Clint ponerse el sombrero y fumar sus puritos. Poco más.
Easy Rider (Buscando mi destino) (1969) por Vircenguetorix
Para ser diferente no basta con parecerlo, hay que serlo. El hipismo se cargó el mensaje orientalista y lo convirtió en un alegato hedonista. Luego vinieron las tribus urbanas, donde el llevar unas pintas determinadas era lo más importante para parecer alguien dentro del clan y situarse al margen de la sociedad, aunque en realidad muchos de ellos fueran en realidad unos niños burgueses que se aburrían.
Easy Rider es como una especie de aprobación moral de lo que uno hace, acostumbrados todos a saber que la ley no admite las drogas u otras actitudes disolutas, aquí se las presenta como modelo a seguir. Y el autoaplauso a uno mismo es lo que más vende, aunque la película esté filmada de una forma tan chapucera.
Cinematográficamente hablando Los ángeles del infierno de Roger Corman, con Peter Fonda también de protagonista, es mucho mejor que Easy Rider, pero tiene el problema que no se hace apología, sino se hace mera descripción narrativa, presentando virtudes y miserias, y eso molesta.
Aquí en cambio necesita un antagonista, para que sus héroes sean más esplendorosos, que mejor que los paletos de pueblos, todos ellos con muy mala leche, que se lían a tiros por las buenas. En cambio los urbanitas con sus motos... son hasta ecológicos como todos sabemos.
Dennis Hopper rivaliza en la cinta entre optar al premio a peor actor o director, sigo sin decidirme. Peter Fonda, al margen de presencia, no se le puede pedir más. Y al menos Jack Nicholson nos brinda todas las mejores secuencias de la película, y salva en parte el desastre catedralicio.
Lo de la “filosofía” prefiero no abordarlo, si ya me cuesta Kant de comprender no digo nada de la de Hopper. Además necesitaría un LSD y al camello le trincó la policía hace tiempo, el chico no hacía películas y tenía que ponerse en los baños de un garito, no en las fiestas de ricos en un apartamento de lujo de Hollywood Boulevard.
El amigo americano (1977) por Taylor
El amigo Wenders es un tipo peculiar. Su pertinaz obsesión por entremezclar esa profunda admiración por la iconografía yanqui con elementos gafapastiles de genuina raigambre europea arranca en un ya lejano 1974 con “Alicia en las ciudades”. En 1977 esa irreprimible zozobra vuelve por sus fueros a través de esta peli, “El amigo americano”. Una peli que, pese a su consensuada condición de “film de culto”, ni me seduce, ni me fascina –y, lo que es peor- ni tan solo me convence.
Y no me convence porque “El amigo americano” no consigue despojarse en ningún momento de esa incómoda y perniciosa condición de híbrido. Como thriller no es un despropósito, pero casi. El suspense hitchcockiano brilla por su ausencia y la incipiente intriga inicial acaba diluyéndose como un azucarillo en un océano de situaciones insípidas y patéticas que rozan –vaya si no- la tomadura de pelo.
Como obra de autor el trabajo de Wenders gana algunos enteros. Porque si bien es cierto que como adaptación de la obra de Highsmith prefiero sustancialmente “A pleno sol” de Clément, reconozco que el alemán exhibe buenas maneras y demuestra que conoce su oficio en esta singular propuesta personal. Es más, salvando las distancias, algunas secuencias al más puro estilo “film noir” y la inquietante musiquilla de Jurgen Knieper me remiten con cierta insistencia al “Chinatown” de Polanski. Pero solo a ratos. Por desgracia.
Un film interesante, sí. Pero sólo eso, interesante. Un seis.
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