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Cuando Marlon Brando se mete en la película (2010) por El Despotricador Cinéfilo
En el año 2004, cuando murió el gran Marlon Brando, la reacción fue unánime, pues acababa de morir uno de los más grandes actores de todos los tiempos y uno de los mitos por excelencia del Séptimo Arte. Por tanto, los continuos homenajes no se hicieron esperar y todo el mundo rindió pleitesía al que, para muchos, está considerado el mejor actor de todos los tiempos.
Yo, mismamente, caigo rendido ante algunas de las sublimes interpretaciones del actor, y en algunos casos, como La ley del silencio, El padrino, Apocalypse now o El último tango en París, reconozco que estamos ante el artista más talentoso y virtuoso de todos los tiempos. Ahora bien, yo siempre me he preguntado ¿cómo es posible que Brando, siendo tan excelente actor, estuviese tan mal en algunas películas? Y decir mal es ser muy benévolo, pues en algunos films está rematadamente mal.
La respuesta es probablemente que Brando no fue nunca un actor capaz de meterse en una película, la película tenía que meterse en él. Por eso, en determinados films alcanza ese estatus de deidad cinematográfica por los siglos de los siglos por estar simplemente perfecto, pero en otras, ay Dios mío, estamos ante el peor actor de todos los tiempos, por no hablar de las veces que ha prostituido su talento en bodrios inclasificables.
Puede que Brando sea el ejemplo más representativo de este tipo de actores en los que la película debe meterse para que puedan ser perfectos y convincentes, pero hay otros ejemplos de actores extraordinarios, a mi juicio, que aportan malísimas interpretaciones, como pueden ser Peter Sellers o Klaus Kinski en films inadecuados para ellos.
Alguno podrá decir en defensa de estos actores: “Claro, si son films inadecuados para ellos, es normal que estén mal”. Pues no, porque yo admiro de verdad a todos esos otros actores que, interpretando el papel que interpreten, están siempre magníficos o, por lo menos, correctos; eso sí que es ser un actor versátil. Es decir, estoy hablando de esa remesa de actores todoterreno como Alec Guinness, Anthony Hopkins, Meryl Streep, James Stewart, Michael Caine y tantos otros.
Eso sí, esto no quita que siga disfrutando con toda intensidad del mejor Brando o del mejor Sellers. Al fin y al cabo, el cine es disfrute, venga como venga.
Yo, mismamente, caigo rendido ante algunas de las sublimes interpretaciones del actor, y en algunos casos, como La ley del silencio, El padrino, Apocalypse now o El último tango en París, reconozco que estamos ante el artista más talentoso y virtuoso de todos los tiempos. Ahora bien, yo siempre me he preguntado ¿cómo es posible que Brando, siendo tan excelente actor, estuviese tan mal en algunas películas? Y decir mal es ser muy benévolo, pues en algunos films está rematadamente mal.
La respuesta es probablemente que Brando no fue nunca un actor capaz de meterse en una película, la película tenía que meterse en él. Por eso, en determinados films alcanza ese estatus de deidad cinematográfica por los siglos de los siglos por estar simplemente perfecto, pero en otras, ay Dios mío, estamos ante el peor actor de todos los tiempos, por no hablar de las veces que ha prostituido su talento en bodrios inclasificables.
Puede que Brando sea el ejemplo más representativo de este tipo de actores en los que la película debe meterse para que puedan ser perfectos y convincentes, pero hay otros ejemplos de actores extraordinarios, a mi juicio, que aportan malísimas interpretaciones, como pueden ser Peter Sellers o Klaus Kinski en films inadecuados para ellos.
Alguno podrá decir en defensa de estos actores: “Claro, si son films inadecuados para ellos, es normal que estén mal”. Pues no, porque yo admiro de verdad a todos esos otros actores que, interpretando el papel que interpreten, están siempre magníficos o, por lo menos, correctos; eso sí que es ser un actor versátil. Es decir, estoy hablando de esa remesa de actores todoterreno como Alec Guinness, Anthony Hopkins, Meryl Streep, James Stewart, Michael Caine y tantos otros.
Eso sí, esto no quita que siga disfrutando con toda intensidad del mejor Brando o del mejor Sellers. Al fin y al cabo, el cine es disfrute, venga como venga.
El caballero del dragón (1985) por Betomovies
El caballero del dragón es un tremendo disparate cinematográfico que combina elementos propios de la aventura medieval con algunos dejos ficticios de la fenomenología extra-terrestre.
El guión es un despropósito estratosférico, que desarrolla un amor interplanetario absolutamente irrisorio y donde sus alternativas ni siquiera funcionan como comedia barata porque todo es tan berreta e improvisado que ni gracia de rebote ocasiona.
Aquí se busca generar asombro con la singularidad de las situaciones, pero las mismas tienen un tono tan rocambolesco que no terminan de enganchar nunca, y menos aún con la cutrez del relato.
Lamentable ver a actores de la talla de Harvey Keitel y Klaus Kinski involucrados en tamaño esperpento cinematográfico típicamente amateur. Ya ni que hablar de lo aberrante que resulta ver a un Miguel Bosé platinado con esa ridícula armadura intentando dar vida a una inteligencia superior. Sí, qué absurdo resulta la sola idea de pensar a Bosé como alienígena que nos supera en capacidad intelectual.
Otra contradicción es que el cantante Miguel Bosé no habla en toda la película, al menos un buen timbre de voz hubiera sido un factor positivo a ser tenido en cuenta.
Los efectos especiales no son horribles, pero están al servicio de una trama que flota en la patochada más extrema, por ende se diluye cualquier virtud técnica que aparezca en esta cinta.
Los diálogos son irrisorios y hasta podrían formar parte de cualquier antología de filmes baratos que no dicen nada coherente en sus líneas argumentativas.
Una cinta que debería ir inexorablemente a la quema.
Insoportable en su impronta alucinógena donde se mezclan cual ensalada genérica la ciencia ficción, la aventura fantástica y la comedia. El resultado, un producto inclasificable que sólo tiene como puntos positivos algunas locaciones fílmicas y en cierta medida la ambientación de época.
Aguirre, la cólera de Dios (1972) por Txarly
Nada tiene que ver esta película con la estupenda novela de Ramón J. Sender La aventura equinoccial de Lope de Aguirre. Doy por sentado que Herzog ni siquiera la leyó como base para colocar los cimientos de esta empresa. No, estoy seguro que no.
He llegado a la conclusión al terminar de ver este cansino bodrio que los indios que suben y bajan las escarpadas laderas al comienzo del film, no eran en realidad esclavos, sino porteadores de coca del equipo de producción de Herzog, alcaloide e insano elemento fundamental para embarcar a la humanidad no gafapastera en un viaje al muermo y a la desolación intelectual. Claramente Klaus Kinski abusó como pocos de la nieve en polvo, pudiéndose comprobar el efecto de la adormidera en el entumecido rostro y la mirada perdida con la que nos obsequia el alemán.
Afortunadamente, tras la chapuza iniciática de estos viajes indebidos, Herzog filmaría diez años después la hermosa Fitzcarraldo, esta vez sin indios porteadores y con un Kinski al parecer ya desintoxicado (por lo menos algo).
"Las flechas largas están ahora de moda" dicha por un expedicionario español en la balsa sobre el Amazonas dos segundos antes de palmar es, por derecho, posiblemente la mejor frase de la Historia del Cine. Los gafapastas que la defendéis haríais bien en no engañar a la gente con unos comentarios tan vacíos y estertóreos que sin duda inducen a la confusión de los gentiles que se acercan a esta obra vírgenes y con cierto entusiasmo conquistador. Os lo ruego, hacedme caso por una vez, si os ha gustado esta película no hagáis una crítica sobre la misma, porque generaciones venideras escupirán sobre vosotros cuando ya no estéis en este planeta, hecho este que dudo mucho haya ocurrido alguna vez. Con Dios.
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