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Ana de los mil días (1969) de Charles Jarrott (por Álvaro de la Cueva)

Ana de los mil días es un excelente fresco histórico de uno de los episodios más importantes de Inglaterra y que ha sido llevado al cine y televisión en numerosas ocasiones.

Hay que prestar especial atención al soberbio vestuario (la Academia de Hollywood supo premiarlo merecidamente con un Oscar), no solo por la variedad de trajes y vestidos exhibida, sino también por la estudiada disposición de los mismos según sus colores. Es frecuente ver en un mismo plano, varios personajes vistiendo cada uno trajes con una tonalidad distinta, cromatismo que queda...

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La noche de la iguana (1964) de John Huston (por Father Caprio)


Tennessee Williams fue declarado no apto para el Ejercito durante la 2ª Guerra Mundial debido a su expediente psiquiátrico, su homosexualidad, su alcoholismo y sus problemas cardíacos y nerviosos. Desconozco si se perdió un buen soldado pero estoy plenamente convencido de que se ganó un excelente dramaturgo. Y es que con ese curriculum personal es imposible, a poco que se den determinadas condiciones básicas, no parir obras maestras. Y La noche de la iguana es una obra maestra de la literatura y del teatro. Y también lo es del cine, porque toda la sensualidad, la fuerza y la pasión que asoman en sus paginas, John Huston las hace carne.

Y ahí están las carnes jóvenes de Sue Lyon, al más puro estilo Silvia Pinal tentando a Simón el Estilita, y las carnes sazonadas de una Ava Gardner cuya madurez consigue que nos creamos que el "animal más bello del mundo" está más que nunca a nuestro alcance. Y es que con esos calores y esas féminas de rompe y rasga ¿Cómo no se nos va a ir la olla?. Reverendo Shannon tiene usted toda nuestra comprensión. Y es que por si dos tazones de tal calibre no fuesen suficientes, el diablo Cojuelo le manda la tercera tentación en el cuerpo y forma de Deborah Kerr que, aunque modosita, seria y buena chica como siempre, se deja ver y querer, y hasta tiene su bagaje de fantasias eróticas.

Pero no solo de pan vive el hombre. El film es mucho más que un derroche de sensualidades varias. Es también un retrato de los conflictos personales íntimos de cada uno de los personajes. Instantáneas de sentimientos tanto en clave de humor como en clave de tragedia. Diálogos irónicos y chispeantes. Verdades amargas que no pueden ser silenciadas. Todo ello empapado en sudor. Esos sudores sureños en los que Tennessee se mueve como pez en las aguas de Puerto Vallarta.

Pero puestos a elegir prefiero ( mi admirado paisano diría "un buen polvo a un rapapolvos" lo cual vendría también al caso en esta película) a un Richard Burton entre la teología y la vida loca y a una Ava Gardner esplendorosa, en mi opinión la veteranía superando por goleada a los shorts de Sue "Lolita" Lyon.

Y aunque muchos dirán que las escenas mas destacadas son las que se acompañan de bailes sensuales y baños nocturnos, servidor opina que esa parada del autocar sobre el puente, en respuesta a la pregunta turística de "¿Cómo puede haber personas que coman la carne de semejantes monstruos (las iguanas)?" para contemplar formas de vida humana en plena y hermosa comunión con la naturaleza, es un instante mágico de una película tan intensa como imprescindible.

El desafio de las águilas (1969) por El Despotricador Cinéfilo


Hay películas que solo deberían verse de niños, y por tanto disfrutarlas inocente e ingenuamente, más aún si se trata de una película de puro escapismo, al fin y al cabo el cine es el arte más ilusorio que existe y por ello debe maravillarnos continuamente, aunque para ello deba hacer uso de la célebre suspensión de credibilidad.

Siempre he sido muy partidario de películas que consiguen entretener, disfrutar y divertir aunque sean algo increíbles o rocen continuamente la inverosimilitud, pues mi máxima es que toda gratuidad está permitida en aras del espectáculo. Un ejemplo muy claro serían los excelentes films de Indiana Jones, porque si una historia está bien contada, y sobre todo bien rodada, se le perdona todos esos pequeños deslices inverosímiles que nos tragamos con tal de disfrutarla al máximo.

Pero ahora bien, cuando una película abusa de la suspensión de credibilidad pierde cualquier crédito posible, lo que vulgarmente se conoce como una fantasmada, a mí este término tan poco cinéfilo nunca me ha gustado, pero si que reconozco que es apropiado para este film, "El desafio de las aguilas", pues desafía (y sobrepasa) continuamente las leyes de la lógica más básicas y elementales.

La pregunta es ¿se lo permitimos porque la película es brillante, entretenida, divertida, dinámica y excitante a más no poder? o mejor dicho ¿se lo perdonamos porque consigue que sus 2 horas y media pasen volando? Pues si fuera aún un niño probablemente se lo perdonaría y se lo permitiría, pero verla con ojos de adulto es terrible, pues no haces más que preguntarte el típico ¿cómo es posible que…?

Porque ¿cómo es posible que con solo una mochila a sus espaldas tengan arsenal suficiente para disponer de docenas de ametralladores, municiones, bombas y explosivos?, ¿cómo es posible que en territorio nazi nadie hable alemán?, ¿cómo es posible que ni Clint Eastwood ni Richard Burton acaben con un solo rasguño tras 2 horas luchando y disparándoles sin parar?, ¿cómo es posible que los coches y aviones exploten con solo rozarlos?, ¿cómo es posible que en tantas escenas se desafíe la ley de la gravedad?, ¿cómo es posible que disparando una sola ametralladora se elimine a todo un ejercito nazi que ni el propio Terminator?, en fin, como digo, todo sea en aras del espectáculo, y solo por eso, se le perdona.

Y es que en el cine hay un regla de oro no escrita en la cual le permitimos que nos engañe continuamente (siempre en el buen sentido de la palabra) a cambio de que nos ofrezca escapismo, entretenimiento y pasar un buen rato. ¿Es despotricable esto? Pues que caray, yo creo que no, al fin y al cabo su misión y objetivo más primario es entretener, y eso lo consigue con creces.