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J. Edgar (2011) de Clint Eastwood (por El Despotricador Cinéfilo)

Las grandes expectativas conllevan grandes decepciones la mayoría de las veces. Un ejemplo muy significativo para mí siempre fue El aviador (Martin Scorsese, 2004) que me generó muchas expectativas por: un gran director (uno de los más grandes, sin duda), narrar la vida de uno de los personajes absolutamente más fascinantes, interesantes y complejos del siglo XX (Howard Hughes) e interpretada por uno de los mejores actores de su generación (pues Leonardo Dicaprio, ya incluso en la época de Titanic, tenía un talento desbordante e incuestionable). Sin embargo, El aviador resultó una película simplona, lineal, aburrida, pesada y, sobre todo, insustancial (no profundizando nada en el jugoso personaje de Hugues y en todas las famosas y peculiares excentricidades que hizo).

Por eso al enfrentarme a J. Edgar me temí una nueva decepción pues lo que se nos ofrecía era de unas expectativas excepcionales: magistral director (Clint Eastwood hoy en día es posiblemente uno de los más grandes de toda la historia), talentoso actor protagonista (de nuevo Dicaprio) e historia sobre uno de los personajes más ambiguos, complejos e interesantes del siglo XX, casi tanto como Howard Hugues, el polémico y poderoso Edgar J. Hoover que durante 48 años gobernó el FBI con mano de hierro y métodos más que discutibles.

El resultado final es una sensación agridulce, pues aunque es muchísimo mejo r y más entretenida que El aviador (aunque ahora que lo pienso mi amigo Antonio Plaza siempre defendió esta obra fallida como buen pro-Scorsese que siempre incondicionalmente ha sido) pero, aun así, J. Edgar no llega al nivel de calidad de otras obras de Eastwood.

Soy consciente de que es muy difícil, dificilísimo, condensar la asombrosa vida de Hoover en una película de dos horas y pico. Qué daría para una película de 10 horas por lo menos y que es imposible abarcar todo lo que hizo y lo mucho que influyó en la sociedad estadounidense a lo largo de casi 50 años en los que fue incluso más poderoso que todos los Presidentes de ese periodo. Lo que me irrita es como el guión se ha volcado prácticamente en un tema: la homosexualidad de Hoover y lo débil que era emocionalmente por culpa de dicha homosexualidad, dando a entender que era la causa de muchas de sus polémicas acciones. Eso para mí es un error, con solo haberlo esbozado ya sería suficiente, pero la película se recrea en ello, así como en la relación enfermiza con su madre, no dejando tiempo a desarrollar aspectos mucho más interesantes e impactantes en la vida de este personaje singular y seminal de la historia estadounidense.

Una pena sin duda no haber retocado y ampliado más ese guión, porque por lo demás es una película magnífica con un Dicaprio extraordinario y una sutil dirección de Eastwood repleta de matices. Pero claro, sin un buen guión...

Malas calles (1973) por Heifer


Martin Scorsese, Robert De Niro, Harvey Keitel, y la mafia como trasfondo argumental son los ingredientes básicos que no trajo en 1973 Malas Calles. Muchos hoy día veréis semejante combinación y seguramente pensareis, - "Joder; pinta bien la cosa"; y es lógico llegar a esa conclusión, pues después de haber disfrutado en años posteriores con la maestría de otras obras suyas como son Taxi Driver o Uno De Los Nuestros, no cabe esperar otra cosa.

Pues nada más lejos de lo que he terminado encontrado en esta cinta. No sé si he caído otra vez en la trampa de haber dado por hecho que los que hoy considero grandes han sido y fueron siempre grandes, o qué... pero el caso es que al final me he quedado desilusionado y con mal sabor de boca.

Y es que, Malas Calles, me parece una película con demasiados fallos como para poder enganchar totalmente a nadie. Me explico; su guión, por ejemplo, va dando tumbos desde el principio, y una historia que tiene muy poca chicha que ofrecer, se estira demasiado hasta cansar al espectador en una eterna espera por que pase algo de una vez. Además, mientras nadamos en una historia que parece estar permanentemente a la deriva esperando un viento que la lleve a algún sitio en concreto, nuestros sentidos se verán distraídos por descuidos tan inexplicables como pueden ser una mala iluminación o un mal montaje en momentos determinados. Y la verdad que es una lástima, pues esos detalles unidos al poco peso que tiene el desarrollo del guión, empaña enormemente el trabajo de una buena actuación de Harvey Keitel, y un genial de Robert De Niro.

Pero en fin, los comienzos siempre son tiempos de aprender, y esta pequeña historia de mafiosillos de segunda fila puede considerarse el germen de lo que luego sería Taxi Driver, o The Goodfellas. El retrato que la cámara hace de las calles y la fauna urbana, y un acertado uso de una buena banda sonora, hacen que atisbemos lo que luego serían cualidades características en la obra de Scorsese.

Resumiendo un poco ya; que el gran defecto de Malas Calles, es lo alarmantemente fácil que te lo pone para terminar pensando por ejemplo en las cosas que tienes que hacer mañana, o en la papa que vas a coger el próximo finde. Podría decirse que pasa tan poco, que al final terminas pasando. Pero bueno, un final muy bien rodado nos da el caramelito para que vayamos contentos de vuelta a la realidad de nuestra vida.

Disfruten con los sinsabores que Charlie tiene que pasar por culpa de su compañero Johnny Boy, siempre hay alguien que tiene que resaltar dentro de la discreción de la mafia... maldita estupidez arrogante; con esas cosas no se juega Johnny...

Por cierto; mejor en versión original, pues el doblaje al castellano es merecedor de un disparo lejano.

Nota del Despotricador Cinéfilo: Efectivamente el doblaje original de los años 70 es terrible, pero el redoblaje realizado en el año 2002 con las voces de Antonio García Moral (Keitel) y Juan Antonio Bernal (De Niro) es espléndido.

El aviador (2004) por Betomovies


La primera impresión que la película El aviador me deja es de vacío. Como filme biográfico, no pude encontrar el encanto de vivir las experiencias de vida del magnate Howard Hughes tales como poderoso magnate, emprendedor cineasta en sus momentos de hobbie, ingeniero aeronáutico obsesivo, amante de los placeres mundanos relacionados con el sexo, etc.

Todo ello porque Martin Scorsese me aburre con mucha alharaca y poca efectividad narrativa. Dicho en otras palabras, no logra poner de manifiesto las emociones puras de una persona que conquistó la atención del mundo en su momento.

La película que propone Scorsese es una vaivén de satisfacciones y frustraciones tangibles: desde el punto de vista amoroso, profesional, y desde el plano emocional. Ya desde el vamos, tengo que decir que Di Caprio no me resultó para nada convincente en el papel, aquí hay una falla tremenda e infranqueable en la película. Como espectador me sentí desilusionado con la manera de narrar de Scorsese (y no es la primera vez). Esa búsqueda de parcializar la vida de una persona y de reducir el filme a la exageración de la inestabilidad de Hughes desde distintos puntos de vista, tergiversa la realidad y no se es objetivo con datos históricos. El recurso de la magnificación de sus éxitos y fracasos, convierten al filme en una suerte de novela fantasiosa para nada creíble.

La película es tenebrosa y retrata mucho de los tormentos propios del ser humano, no demuestra en forma clara y contundente el retrato de una personalidad que necesita más de una película para ser abarcada por lo menos desde los puntos más esenciales.

Le hubiera venido muy bien que plantear la película en forma más descriptiva, donde los personajes y las situaciones vayan dando una idea acabada de los tópicos más importantes de la biografía de Hughes. Su lucha contra sus demonios internos, su obsesión por el triunfo y su ambición por destacarse en la aviación son puntos fundamentales que según mi criterio no son abordados con tino en ningún momento.

Si vamos al plano técnico nadie puede negar que El aviador tiene todo lo necesario para ser un gran filme. Con mucho presupuesto para contar con una excelente fotografía, un diseño de arte fabuloso, unos efectos visuales claves en los momentos de vuelos, una estética muy pulida. Es decir todos los puntos bien redonditos para que la Academia la premie, porque es lo que se busca, es la fórmula que se viene repitiendo año tras año, proyecto tras proyecto, filme tras filme: el mostrar lo que sus miembros quieren ver y sobre valoran demasiado.

En definitivas, para mi entender, la película fracasa en lo esencial: transmitir el carisma propio de Howard Hughes, en parte por no acertar con el actor indicado y por otro lado por carecer de un guión apetecible y rico en detalles que aclaren el panorama de la vida de una de los más excéntricos personajes del momento de Hollywood.