Los primeros compases de Sirk en Estados Unidos tras su exilio germano fructificaron en una serie de películas que, por un lado, iniciaban ese melodrama suyo tan característico y por otro conservaban el auténtico sabor del inconfundible expresionismo alemán mamado desde la cuna. Una buena película que puede considerarse ejemplo de lo dicho es Lured, traducida en España como El asesino poeta y donde la temática del asesino en serie tipo Jack el destripador en las nocturnidades de la city envuelve al espectador en esa atmosfera tan típicamente expresionista y languiana.
Claro que para poder empezar a disfrutar de las excelencias que sin duda tiene el film lo primero que hay que conseguir es desembarazarse de esa imagen arquetípica de Lucille Ball como artista casi exclusivamente de comedia y es que lo del televisivo show de Lucy Ball la marcó y mucho. Cuando lo hagamos y veamos que la cosa va en serio, la misma mirada nueva nos dirá que estamos ante un interesante film de suspense que arrastrará nuestra imaginación incluso y salvando distancias, hasta la etapa británica del maestro Hitchcock y que de calificarlo como serie B lo estaremos bendiciendo de alguna manera, porque la B además de barato es la inicial de bueno. Como se habrán dado cuenta lo de serie B lo he escrito en condicional, porque una película que cuenta con la fotografía de William Daniels es un auténtico lujazo.
La historia trata sobre un asesino que contacta con sus víctimas por la vía de los anuncios por palabras y que anticipa sus crímenes mediante enigmáticas poesías que remite a la policía londinense. La amiga de una de las chicas desaparecidas es contratada como cebo por Scotland Yard. No puede decirse que la temática sea extremadamente original ni a priori podemos esperar que nuestra capacidad de sorpresa se vea ampliamente desbordada. Sin embargo la película contiene momentos excelentes y mantiene en niveles altos el interés de los espectadores.
La presencia de George Sanders en su línea bastante habitual "soy un truhán, soy un señor" es de agradecer así como la de un secundario de primera como Charles Coburn. La escena de Boris Karloff viene a ser algo así como un sketch interior de la película, hecho a medida de una de las grandes figuras del género terrorífico.
Interesante, aunque un tanto predecible, no estamos ante una obra maestra pero si ante un trabajo que agradará a los seguidores de Sirk, a los de Lucy Ball e incluso a los de Sanders, pero sobre todo a los que nos gusta la mezcla de cine negro, barroquismo y altas dosis de suspense
ccc
Mostrando entradas con la etiqueta Lucille Ball. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lucille Ball. Mostrar todas las entradas
Vida fácil (1949) por Father Caprio
Los 40 fueron unos años especialmente fructíferos para Tourneur. Su famosa trilogía del terror y Retorno al Pasado entre otras supusieron una "década prodigiosa" para el realizador de origen francés. Sin embargo Vida fácil es, con diferencia, la más floja de todas las que realizó en este período.
La novela de Irwing Shaw, recordado también por Hombre rico, hombre pobre, probablemente daba para mucho mas juego, especialmente por lo que se refiere a la relación matrimonial del jugador (consagrado) de fútbol americano y su esposa, diseñadora en ratos libres, con una esbozada historia de engaños que los productores, un tanto pacatos, no se atrevieron a llevar más allá.
Por ello no sería del todo justo imputar la total responsabilidad de este semi descalabro a Tourneur que deja su sello en muchas escenas, con planos fotográficos mas que notables y una dirección de actores muy inteligente, consiguiendo incluso sacar partido de Victor Mature, algo encasillado en films históricos, y de Lucille Ball, más comedida de lo habitual. También de Lizabeth Scott, actriz que ya me dejó buenas sensaciones en El extraño amor de Martha Ivers y Callejón sin salida.
Dos apuntes finales:
Curioso, cuanto menos, que Jacques Tourneur no hubiese asistido nunca a un partido de fútbol americano. No era imprescindible, pero tal vez hubiese ayudado.
Otra curiosidad: La vigente Ley española contra la violencia de género no debió inspirarse en los comportamientos cinematográficos americanos al respecto. Visto lo visto. Y se hace extraño que los mismos productores guardianes de las moralidades matrimoniales y atentos a los deseos de los espectadores para darles los finales más convenientes guardasen, por partida doble, un delictivo silencio.
La novela de Irwing Shaw, recordado también por Hombre rico, hombre pobre, probablemente daba para mucho mas juego, especialmente por lo que se refiere a la relación matrimonial del jugador (consagrado) de fútbol americano y su esposa, diseñadora en ratos libres, con una esbozada historia de engaños que los productores, un tanto pacatos, no se atrevieron a llevar más allá.
Por ello no sería del todo justo imputar la total responsabilidad de este semi descalabro a Tourneur que deja su sello en muchas escenas, con planos fotográficos mas que notables y una dirección de actores muy inteligente, consiguiendo incluso sacar partido de Victor Mature, algo encasillado en films históricos, y de Lucille Ball, más comedida de lo habitual. También de Lizabeth Scott, actriz que ya me dejó buenas sensaciones en El extraño amor de Martha Ivers y Callejón sin salida.
Dos apuntes finales:
Curioso, cuanto menos, que Jacques Tourneur no hubiese asistido nunca a un partido de fútbol americano. No era imprescindible, pero tal vez hubiese ayudado.
Otra curiosidad: La vigente Ley española contra la violencia de género no debió inspirarse en los comportamientos cinematográficos americanos al respecto. Visto lo visto. Y se hace extraño que los mismos productores guardianes de las moralidades matrimoniales y atentos a los deseos de los espectadores para darles los finales más convenientes guardasen, por partida doble, un delictivo silencio.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)