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Perseguido (1947) de Raoul Walsh (por El Despotricador Cinéfilo)

Una de las cosas que más me impresionan y fascinan del cine de Walsh es que, hasta el momento, debo haberme visto al menos medio centenar de películas suyas e insisto, hasta el momento, todavía no he encontrado una mala película suya, ningún despropósito o película fallida como tienen todos los demás grandes Maestros sin excepción. Pero, si encima, tras todo lo visto de repente visiono esta película tan desconocida (no tenía ninguna referencia ni conocimiento de ella) y de bruces sorpresivamente me encuentro ante un espléndido, soberbio e insólito western ya mi asombro toma proporciones extraordinarias.

Pero, por si todo esto fuera poco, este Perseguido me deja boquiabierto y anonadado por el tono tan lúgubre, tenebroso, fantasmagórico, angustioso y sobre todo por el constante aliento trágico que desprenden cada una de las escenas y la gran carga psicológica en toda...

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La loba (1941) de William Wyler (por Father Caprio)

Encabezando el grupo de películas que hay que ver (antes o después de morir) y si es posible, repetir, está La loba, film dirigido por un director magnífico como William Wyler (Vacaciones en Roma, La heredera o La calumnia, entre otras) y fotografiada por un genial Gregg Toland en cuyo acreditado curriculum basta citar Ciudadano Kane de Orson Welles.

La loba es muchas cosas: Un actor de la talla de Herbert G. Marshall, un vestuario esplendoroso, decorados y escaleras para los que se acaban los adjetivos, un guión perfecto, pero por encima de todo La loba es Bette Davis. Y Bette Davis fue la actriz en la que inmediatamente pensó William Wyler trás ver la versión Broadway de la obra de Lillian Hellman The Little Foxes con Tallulah Bankhead en el papel de Regina. No lo tuvo fácil para hacerse con sus servicios. Como siempre las productoras no eran generosas en la cesión de sus stars, si bien en esta ocasión la Warner accedió a un trueque con Gary Cooper quien rodaría para ellos El sargento York. Cuentan que, unas astrónomicas deudas de juego de Jack Warner con Samuel Goldwyn, que acabaron saldadas, contribuyeron al buen fin de la operación.

Bette Davis está simplemente perfecta. Es, junto con Eva al desnudo y ¿Qué fue de Baby Jane?, su mejor trabajo. Su Regina es uno de los personajes más odiosos que haya dado el séptimo arte. Imposible para muchas actrices, difícil para otras, pero únicamente personalidades como la de Bette pueden meterse en su piel y sobrevivir. Y en su caso, con nota cum laude… ¿Qué ayuda el maquillaje? Si. ¿Qué el plano profundo de Toland capta mejor los matices y los sentimientos, favoreciendo esa sensación de malignidad que sobrevuela el film? De acuerdo. Pero el gesto, el ademán, la mirada, los ojos, el rictus, la sonrisa que mata en lugar de acariciar… Todo ello lo pone una actriz irrepetible: Bette Davis.

Un lucrativo negocio de algodón se convierte en el detonante de un conflicto familiar donde tres hermanos se están ya repartiendo los beneficios futuros al tiempo que un cuñado frena el trato basándose en los bajos salarios y la injusta explotación de la clase trabajadora. Un corazón débil, un frasco de medicina derramada y una Regina transmutada en inmovil estatua de sal conseguirán variar el curso de una historia donde no se admite ni siquiera el parpadeo y que nos deja abducidos ante el televisor. Un escaparate donde la codicia pasea sus galas y la ambición se beneficia de las flaquezas y ruindades humanas.

La película optó a nueve Oscars no consiguiendo ninguno. Sin entrar en valoraciones acerca de la justicia o no de los premios otorgados, es innegable que siquiera sea por el número de nominaciones estamos ante una película magistral y única. Una verdadera obra maestra. Y ya que las alforjas iban vacías al volver a pisar, en su salida, la alfombra roja, quede aquí mi puntuación y mi recomendación para todos ustedes.