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Historia de un beso (2002) por Francisco Rodríguez Criado


Historia de un beso equivocado

José Luis Garci, aun siendo un director de notable interés, cuenta en su carrera cinematográfica con algunas películas malogradas. Yo diría que Historia de un beso es una de ellas.

El filme transcurre en el invierno de 1949 en un pequeño pueblo (Cerralbos de Sella), a medio camino entre la invención literaria y la realidad asturiana. Acaba de fallecer el escritor local Blas Otamendi, miembro destacado de la Generación del 98 (¿acaso una libre recreación de Pío Baroja?). Ese es el punto de partida de la historia de un beso, de un amor, que a la postre acaba siendo la historia de tres besos, tres amores, uno para cada edad del ser humano.

El argumento, tan propenso a la melancolía y a la reivindicación de sentimientos universales como el amor, parece hecho a la medida del manierista Garci. No en vano, el guión es suyo en colaboración con Horacio Valcárcel. Pero en esta ocasión la melancolía ha tomado un rumbo errático y hemos de conformarnos con el poso de un sentimentalismo ramplón, indigno de un director de su prestigio.

El desacierto es general. Para empezar, un decorado excesivo del dos veces oscarizado Gil Parrondo sobre un marco al que, precisamente, le sobra cualquier aderezo: aún sobreviven muchos pueblos españoles “de carne y hueso” (eso sí, cada vez menos) que han sorteado el paso del tiempo. Así pues, tanta parrondez no deja de ser una frivolité. Esa impostura ambiental es tan sólo el inicio; a partir de ahí todo resulta falso, poco convincente: nombres rebuscados para los personajes (Basilio, Blas, Andrea, Melchora), el llamativo maquillaje-disfraz de Tina Sainz, la relación previsiblemente fallida de Alfredo Landa y Ana González (beso acrobático incluido), las gafas “blindadas” de Beatriz Rico (en un pueril intento de convertir a una actriz bella y chispeante en una maestra de pueblo con inquietudes intelectuales), nieve artificial por doquier buscando en el espectador una emotividad –por así decirlo– navideña, etcétera.

Por si fuera poco, Garci se dejó tentar por la farándula al invitar como personajes secundarios al casposo ex cantante Enrique del Pozo y al escritor Juan Manuel de Prada (por entonces asiduo contertulio del programa televisivo de Garci Qué grande es el cine), que no perdió la ocasión para dedicar en su momento un elogioso y pirotécnico artículo sobre la película de marras. Agradecimiento, que se llama.

Historia de un beso se divide entre el homenaje a la generación del 98, con numerosas citas literarias que despistan y confunden al espectador, y la defensa romántica de épocas pasadas donde el médico, el ama de llaves y la palabra sabia frente a la taza de café conferían las señas de identidad de una remota España sombría. Garci, con tantas mentiras a medias, más que rescatar nuestra historia lo que ha hecho ha sido exagerar su atemporalidad.

Lo mejor: el empleo de los numerosos flashbacks y las actuaciones de un contenido Alfredo Landa y Carlos Hipólito, en su papel del sobrino de Otamendi, hombre joven, profesor y poeta con eruditas aspiraciones al beso.

La cinta, en resumen, es un empacho de besos melifluos y resonancias literarias y metafísicas. Para comprobar lo errático de su propuesta, basta enfrascarse en la lectura de los libros de Valle-Inclán, Unamuno o Clarín. En sus páginas el lector podrá apreciar sin tantos artilugios la verdadera esencia del pueblo español de finales del siglo XIX y principios del XX, donde el café verdaderamente sabía a café y el beso era servido sin tanta nieve industrial.

Más críticas de Francisco Rodríguez Criado en:
http://www.eldespotricadorcinefilo.com/francisco-rodriguez-criado.html

Sangre de Mayo (2008) por Aurea García Fernández


Ay Garci, Garci, de verdad que en cierto modo inspiras mucha ternura.¿Será por eso por lo que SIEMPRE eligen tus películas para representarnos en los Oscars?,que fíjate hasta en ocasiones te lo dan, imagínate, aunque a lo mejor es por lo que leí en prensa hace unos días y fue que un muy buen amigo tuyo decía que eras el MEJOR DIRECTOR EUROPEO de TODOS LOS TIEMPOS, toma ya, y es que no hay nada mejor que la amistad verdadera, en serio, si ya lo dijo Séneca o ¿fue Cicerón?

Comentaba el escritor andaluz Muñoz Molina que hace un siglo los gobiernos encargaban pinturas históricas de extensión panorámica para celebrar las glorias patrias y que hoy, modernos como somos, se encargan películas. Pues bien este es el caso: "Sangre de Mayo" ha nacido de uno de estos encargos que el fervor nacionalista de cartón piedra de la Comunidad de Madrid ha puesto en marcha para conmemorar el 2 de Mayo de 1808 a base de "majos y majas", "chulapos y chulapas" y "soldaditos de plomo franceses" más falsos todos que el lenguaje "madrileño" inventado por Arniches para caracterizar "al pueblo" en sus famosos sainetes.

Vi la película con personas de diferentes edades y al salir la más joven de entre ellas exclamó resignado:"!qué plasta de tío, tú! " y los demás tuvimos que reconocer que nuestros bostezos y cabezadas espabilaron un poco cuando empezó la batalla propiamente dicha con el fragor de los cañonazos, el silbante ruidito de los sables "muy artístico" y el griterío ensangrentado de la muchedumbre. No sé yo si la presidenta de la Comunidad de Madrid habrá quedado satisfecha luego del desembolso de tantos millones de euros porque en los planos finales de la "peli" con las panorámicas fantásticas del "moderno" Madrid con su red de Metro y todo (no se ven hospitales) que menos que haber visto su egregia efigie colgando de una nube o en su defecto algún tubo de neón como hacían los pintores cortesanos con sus monarcas: se echa en falta, fíjate. Muy fuerte todo.

La película está concebida como una sucesión de estampas madrileñas castizas en sepia, muy pasadas de color, la verdad, que duran alrededor de dos horas al cabo de las cuales te despiertan ya digo los cañones y los sables. Garci ha debido disfrutar de lo lindo con el rodaje de la famosa batalla pues en cierto modo lo ha hecho como si estuviera jugando a soldaditos con sus amigos de la infancia pues no será el "mejor director europeo de todos los tiempos" como dice su amigo poeta pero sí a ratos un personaje entrañable eso se lo vamos a conceder, ea. Ah!, se me olvidaba: Goya, claro, sus "Fusilamientos de la Moncloa",faltaría más. Y por supuesto La Cibeles. Pero eché en falta la efigie de la "presi" colgando de algún lugar, oye.

En esta ocasión ni siquiera Pérez Galdós ha podido venir en su ayuda como en "El Abuelo" y las únicas escenas que se sostienen son aquellas en las que aparecen Tina Sáinz y Rellán (los horripilantes hermanos prestamistas) porque son dos actorazos que salvan lo que sea aun en la peor de las situaciones pues lo demás... en fin, corramos un tupido velo.