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La voz del terror (1942) de John Rawlins (por Diego Vinagre Nevado)
En 1939, el personaje de Sherlock Holmes había alcanzado una gran popularidad en Estados Unidos por dos películas realizadas por la 20th Century Fox e interpretadas por Basil Ratbhone y Nigel Bruce: El perro de los Baskerville, Sidney Lanfield, siguiendo el clásico de Conan Doyle y Sherlock Holmes contra Moriarty, Alfred Werker que era una adaptación de la obra teatral en cinco actos interpretada por el actor norteamericano William Gillette a finales del siglo XIX.
Inesperadamente a pesar del éxito de taquilla y la aceptación por parte del público la Century decidió repentinamente interrumpir la serie, quizás influenciada entre otras cosas porque las fechorías de los villanos victorianos quedaban en segundo plano por la situación reinante que imperaba en Europa, con el inicio del conflicto bélico a la vuelta de la esquina. A partir de ese momento en el otoño de 1939, Basil Rathbone y Nigel Bruce comenzaron a ofrecer la versión radiofónica de sus personajes con 24 capítulos semanales con una duración cada uno de 30 minutos, con una gran audiencia que les permitió firmar un contrato por siete años.
En 1942 otra compañía la Universal que buscaba mejorar su situación, tras el declive de los éxitos que sus películas de terror habían tenido en los años anteriores retomará la figura de Sherlock Holmes y los dos interpretes con un cambio radical; no va a estar ambientada en la época victoriana, los coches de caballos y las farolas de gas, iban a quedar en el recuerdo de los tiempos y van a vivir en el mundo contemporáneo con la turbulenta situación histórica y con la guerra en Europa ya en marcha y la futura intervención de los Estados Unidos en el conflicto, demandaba argumentos que acercara al espectador a la realidad.
La Voz del Terror, John Rawlins, 1942
Será la película que abrirá el ciclo de la Universal, en esta primera entrega encontramos dos premisas importantes; en primer lugar y como va a suceder en las demás películas comenzamos con una extensa neblina que cubre toda la pantalla, con un recorrido ascendente de la cámara hacia un retrato de Rathbone y Bruce con trajes de época y con sus nombres sobreimpresionados antes del título de la película. A continuación la cámara va siguiendo la sombra de los dos personajes, que avanzan en la niebla nocturna acompañadas de la música de Frank Skinner.
En segundo lugar el estudio llamó la atención sobre la modernización a que se había sometido su personaje, conviviendo con automóviles, teléfonos y aparatos modernos de la época, incluyendo el siguiente mensaje en los primeros episodios de la serie Sherlock Holmes, el inmortal personaje de ficción creado por Sir Arthur Conan Doyle es invencible, inmutable y no tiene edad y continúa siendo el maestro del razonamiento deductivo en la solución de importantes problemas.
Se puede apreciar como incluso el propio Rathbone se acercó tanto en vestuario como imagen al estilo imperante en la época como lo podemos comprobar en la película con el reproche de Watson a Holmes cuando va a coger su gorra de cazador, "Holmes me lo prometió" una manera muy ingeniosa de acercar con esa frase al espectador de la situación que se va encontrar con Holmes vistiendo con un estilo más acorde con la época y con la ausencia de su celebre gorra de cazador como vestigio de su pasado victoriano.
La película está ambientada en los inicios del conflicto bélico. A Holmes le será encomendada la misión de frenar los sabotajes que los nazis efectúan en el interior de Inglaterra y que son anunciados previamente en radio por un personaje que se denomina la voz del terror. El argumento no está tomado del canon holmesiano, salvo la parte final donde se utiliza el diálogo final de Su último saludo en el escenario que había sido escrito 25 años antes pero que encasillaba perfectamente con el momento actual "sopla viento del este Watson, como jamás soplo con tanta violencia sobre Inglaterra, viento crudo y frío y es posible que muchos de nosotros desaparezcamos bajo su soplo, pero cuando aclare la tormenta, brillará el sol sobre un país mas sano, mejor y fuerte".
Está inspirado en un hecho real, concretamente en las emisiones que el programa propagandístico nazi Germany Calling realizó en inglés entre 1939 y 1945 para minar la moral de los aliados desde la estación emisora en Hamburgo y Bremen, radiada por el traidor británico William Joche y otros locutores.
Sus transmisiones, siempre empezaban con: "Alemania llamando, Alemania llamando". Sus comentarios alarmaban a los londinenses y los intrigaban, pues daba informes sumamente precisos de los que estaba ocurriendo, en especial después de un bombardeo Sus emisiones radiales fueron ampliamente escuchadas por los ingleses y fue un periodista del Daily Express quien le puso el sobrenombre de Lord Haw-Haw, debido a su peculiar modo de hablar; este nombre rememoraba el alias que tenía el general británico Lord Cardigan el líder de la famosa e infructuosa carga de la brigada ligera en la batalla de Balaclava durante la guerra de Crimea en 1854 y paradigma del desastre y vergüenza británica , que costó la vida a 110 de los 674 hombres a su mando que tomaron parte de la carga y que en el mundo del cine tiene reflejo con dos películas, La carga de la brigada ligera dirigida por Michael Curtiz, con Errol Flynn, Olivia de Havilland y David Niven, que es una visión muy libre inspirada en Rudyard Kipling, imagen mítica del imperialismo británico con obras como El Libro de la Selva y Kim, y La última carga dirigida por Tony Richardson con John Gielgud, Trevor Howard y Vanessa Redgrave que se basó en las investigaciones de Cecil Woodham-Smith en The Reason Why.
Sherlock Holmes al final descubrirá que tras este plan se encuentra el mismísimo Heinrich Von Bork, (apellido también tomado de Su último saludo en el escenario) un espía de la inteligencia germana durante la primera guerra mundial y que lleva años adoptando la personalidad de Sir Evan Barham, miembro del servicio de inteligencia británico.
Esta película como las dos posteriores tomaron el camino del espionaje como trama argumental, a pesar del mensaje del principio referente a la atemporalidad del personaje para los amantes de Sherlock Holmes y de su escenario ideal que es el misterioso Londres victoriano no resulta muy creíble ver a Sherlock Holmes alejado de ese rol, convertido en un secretario de estado o ministro del gobierno liderando los destinos de Inglaterra, contra los nazis incluso el título original de la película (Sherlock Holmes salva Londres fue reemplazada por el actual, porque hubiera puesto en duda la capacidad del gobierno británico para solventar la situación creada, y el Dr Watson muy alejado del canón holmesiano y de su papel de Boswell el célebre biografo escocés y, por extensión todo biógrafo entusiasta del biografiado como figura cómica y torpe, que en la Universal será mas acentuado.
Por fortuna esta senda se interrumpió por otra más acorde con el personaje, como es el misterio que le da mayor calidad a los episodios posteriores. con un mayor aprovechamiento del canon holmesiano y de los relatos de Conan Doyle aunque para mi gusto muy escasos, con la presencia del profesor Moriarty a partir del segundo episodio como personaje crucial. La garra escarlata 1944 de Roy William Neill con tremendo suspense, competente construcción y pantanos brumosos como escenario sin necesitar que la trama se desarrolle en Inglaterra, fue en Cánada, es el mejor ejemplo de este cambio y la podemos considerar como la mejor aventura de Sherlock Holmes producida por la Universal: en este caso absolutamente recomendable para holmesianos.
Inesperadamente a pesar del éxito de taquilla y la aceptación por parte del público la Century decidió repentinamente interrumpir la serie, quizás influenciada entre otras cosas porque las fechorías de los villanos victorianos quedaban en segundo plano por la situación reinante que imperaba en Europa, con el inicio del conflicto bélico a la vuelta de la esquina. A partir de ese momento en el otoño de 1939, Basil Rathbone y Nigel Bruce comenzaron a ofrecer la versión radiofónica de sus personajes con 24 capítulos semanales con una duración cada uno de 30 minutos, con una gran audiencia que les permitió firmar un contrato por siete años.
En 1942 otra compañía la Universal que buscaba mejorar su situación, tras el declive de los éxitos que sus películas de terror habían tenido en los años anteriores retomará la figura de Sherlock Holmes y los dos interpretes con un cambio radical; no va a estar ambientada en la época victoriana, los coches de caballos y las farolas de gas, iban a quedar en el recuerdo de los tiempos y van a vivir en el mundo contemporáneo con la turbulenta situación histórica y con la guerra en Europa ya en marcha y la futura intervención de los Estados Unidos en el conflicto, demandaba argumentos que acercara al espectador a la realidad.
La Voz del Terror, John Rawlins, 1942
Será la película que abrirá el ciclo de la Universal, en esta primera entrega encontramos dos premisas importantes; en primer lugar y como va a suceder en las demás películas comenzamos con una extensa neblina que cubre toda la pantalla, con un recorrido ascendente de la cámara hacia un retrato de Rathbone y Bruce con trajes de época y con sus nombres sobreimpresionados antes del título de la película. A continuación la cámara va siguiendo la sombra de los dos personajes, que avanzan en la niebla nocturna acompañadas de la música de Frank Skinner.
En segundo lugar el estudio llamó la atención sobre la modernización a que se había sometido su personaje, conviviendo con automóviles, teléfonos y aparatos modernos de la época, incluyendo el siguiente mensaje en los primeros episodios de la serie Sherlock Holmes, el inmortal personaje de ficción creado por Sir Arthur Conan Doyle es invencible, inmutable y no tiene edad y continúa siendo el maestro del razonamiento deductivo en la solución de importantes problemas.
Se puede apreciar como incluso el propio Rathbone se acercó tanto en vestuario como imagen al estilo imperante en la época como lo podemos comprobar en la película con el reproche de Watson a Holmes cuando va a coger su gorra de cazador, "Holmes me lo prometió" una manera muy ingeniosa de acercar con esa frase al espectador de la situación que se va encontrar con Holmes vistiendo con un estilo más acorde con la época y con la ausencia de su celebre gorra de cazador como vestigio de su pasado victoriano.
La película está ambientada en los inicios del conflicto bélico. A Holmes le será encomendada la misión de frenar los sabotajes que los nazis efectúan en el interior de Inglaterra y que son anunciados previamente en radio por un personaje que se denomina la voz del terror. El argumento no está tomado del canon holmesiano, salvo la parte final donde se utiliza el diálogo final de Su último saludo en el escenario que había sido escrito 25 años antes pero que encasillaba perfectamente con el momento actual "sopla viento del este Watson, como jamás soplo con tanta violencia sobre Inglaterra, viento crudo y frío y es posible que muchos de nosotros desaparezcamos bajo su soplo, pero cuando aclare la tormenta, brillará el sol sobre un país mas sano, mejor y fuerte".
Está inspirado en un hecho real, concretamente en las emisiones que el programa propagandístico nazi Germany Calling realizó en inglés entre 1939 y 1945 para minar la moral de los aliados desde la estación emisora en Hamburgo y Bremen, radiada por el traidor británico William Joche y otros locutores.
Sus transmisiones, siempre empezaban con: "Alemania llamando, Alemania llamando". Sus comentarios alarmaban a los londinenses y los intrigaban, pues daba informes sumamente precisos de los que estaba ocurriendo, en especial después de un bombardeo Sus emisiones radiales fueron ampliamente escuchadas por los ingleses y fue un periodista del Daily Express quien le puso el sobrenombre de Lord Haw-Haw, debido a su peculiar modo de hablar; este nombre rememoraba el alias que tenía el general británico Lord Cardigan el líder de la famosa e infructuosa carga de la brigada ligera en la batalla de Balaclava durante la guerra de Crimea en 1854 y paradigma del desastre y vergüenza británica , que costó la vida a 110 de los 674 hombres a su mando que tomaron parte de la carga y que en el mundo del cine tiene reflejo con dos películas, La carga de la brigada ligera dirigida por Michael Curtiz, con Errol Flynn, Olivia de Havilland y David Niven, que es una visión muy libre inspirada en Rudyard Kipling, imagen mítica del imperialismo británico con obras como El Libro de la Selva y Kim, y La última carga dirigida por Tony Richardson con John Gielgud, Trevor Howard y Vanessa Redgrave que se basó en las investigaciones de Cecil Woodham-Smith en The Reason Why.
Sherlock Holmes al final descubrirá que tras este plan se encuentra el mismísimo Heinrich Von Bork, (apellido también tomado de Su último saludo en el escenario) un espía de la inteligencia germana durante la primera guerra mundial y que lleva años adoptando la personalidad de Sir Evan Barham, miembro del servicio de inteligencia británico.
Esta película como las dos posteriores tomaron el camino del espionaje como trama argumental, a pesar del mensaje del principio referente a la atemporalidad del personaje para los amantes de Sherlock Holmes y de su escenario ideal que es el misterioso Londres victoriano no resulta muy creíble ver a Sherlock Holmes alejado de ese rol, convertido en un secretario de estado o ministro del gobierno liderando los destinos de Inglaterra, contra los nazis incluso el título original de la película (Sherlock Holmes salva Londres fue reemplazada por el actual, porque hubiera puesto en duda la capacidad del gobierno británico para solventar la situación creada, y el Dr Watson muy alejado del canón holmesiano y de su papel de Boswell el célebre biografo escocés y, por extensión todo biógrafo entusiasta del biografiado como figura cómica y torpe, que en la Universal será mas acentuado.
Por fortuna esta senda se interrumpió por otra más acorde con el personaje, como es el misterio que le da mayor calidad a los episodios posteriores. con un mayor aprovechamiento del canon holmesiano y de los relatos de Conan Doyle aunque para mi gusto muy escasos, con la presencia del profesor Moriarty a partir del segundo episodio como personaje crucial. La garra escarlata 1944 de Roy William Neill con tremendo suspense, competente construcción y pantanos brumosos como escenario sin necesitar que la trama se desarrolle en Inglaterra, fue en Cánada, es el mejor ejemplo de este cambio y la podemos considerar como la mejor aventura de Sherlock Holmes producida por la Universal: en este caso absolutamente recomendable para holmesianos.
Desengaño (1936) por El Despotricador Cinéfilo
El siempre inefable Carlos Pumares solía decir que Rocky era una película terriblemente aburrida durante su primera hora, pero que la segunda hora de su metraje era tan excelente, brillante y emocionante que te hacía olvidar por completo lo mucho que te habías aburrido hasta ese momento. Y es que, de las películas, siempre recordamos el poso emocional y sentimental que nos dejan al acabar, olvidando subconscientemente los posibles instantes aburridos.
Pues bien, algo así se podría aplicar a este Desengaño, porque me aburrí soberanamente durante sus primeros minutos. Era incapaz de conectar con la historia y con todo lo que le iba ocurriendo al peculiar matrimonio que la protagoniza. Pero, de repente, me metí de tal manera en la película que me acabó conmoviendo y entusiasmando. Sin duda, el gran mérito pertenece probablemente en exclusividad a Walter Huston (cuantas más películas veo de este genial actor, más me doy cuenta de que su soberbia y antológica interpretación en El tesoro de Sierra Madre no fue fruto de un día de suerte).
Pero si en algo destaca Desengaño es la autenticidad que desprende cada uno de sus fotogramas. En los diálogos hay un realismo, una naturalidad y cierta veracidad que convierten a la película en una obra muy actual. No porque el tema del divorcio esté ahora más vigente que nunca, sino porque los problemas/soluciones que plantea son tan intemporales que aportan al film una pasmosa y sorprendente modernidad.
Me sorprende gratamente que en el año 36 estuviesen ya tan sutilmente planteadas ciertas cuestiones como el miedo de las mujeres a envejecer, las incompatibilidades maritales, las infidelidades, la necesidad de entenderse de los matrimonios, la inmadurez, la inevitable desintegración de la vida en pareja, etcétera.
Esta película, una vez más, me ha demostrado que, por muy aburrida que pueda llegar a parecer una historia, siempre debemos darle una oportunidad, porque nos podemos encontrar con sorpresas mayúsculas e imprevisibles.
Ese oscuro objeto del deseo (1977) por Vircenguetorix
Sin duda esta es vuestra película, feministas. Lo mejor de ser un genio es que puedes decir cualquier cosa que el público terminará aplaudiendo. Este es uno de los casos más flagrantes. “Ese oscuro objeto del deseo” es una película misógina, pero no un poco, como dice inocentemente algún amigo mío. Es la personificación de ella. Buñuel se despide con un mensaje que ya había trabajado anteriormente pero que aquí se despacha a gusto: Las mujeres son todas unas putas, de las que no se puede uno fiar, y a las que dar dos hostias de vez en cuando no viene mal. Claro que si luego preguntas a la vicepresidenta De la Vega –o a algún pseudointelectual- por la película recurrirá a las emociones y sentido simbólico que transmite. Me parto.
Más allá de eso –personalmente me importa un pito el lenguaje políticamente correcto o el amiguismo de algunos -, lo cierto es que Luis Buñuel no se despidió con ninguna obra maestra, más bien al contrario, “Ese oscuro objeto del deseo” es la más floja de su filmografía de los años setenta.
Buñuel fue siempre un moderno para todo, y aquí es víctima de algunas técnicas de rodaje de la década, pero también de decorados, luz y sobre todo del destape que se contagia irremediablemente. Lo que no falta es sus caídas y sus golpes surrealistas, los cuáles no tienen todos la misma gracia.
Un punto fuerte es la presencia de Fernando Rey, quizá el actor español –pero también a escala internacional junto a David Niven- que mejor ha interpretado un gentleman. En esta entrega vuelve a ofrecer lo mejor de su registro, a pesar de que los compañeros de reparto no siempre le siguen.
La cohabitación entre Ángela Molina y Carole Bouquet en el personaje de Conchita no queda bien; es cierto que en manos de otro sería una verdadera cutrez, en cambio en las de Buñuel parece surrealismo, aún así, el resultado es cuando menos discutible y criticable.
Pero no pasa nada, el de Calanda tiene tantas y tan buenas películas, que un pequeño traspiés no empaña la que es probablemente la mejor filmografía de un director español de todos los tiempos.
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