ccc

Mostrando entradas con la etiqueta Kathy Bates. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Kathy Bates. Mostrar todas las entradas

Midnight in Paris (Medianoche en París) (2011) por Aurea García Fernández

El mito clásico de la Edad Dorada aquello tan falso de que "cualquier tiempo pasado fue mejor". Que no, hombre ,que no, nos dice Woody y nos dirá cualquiera que no se mienta a sí mismo y haya reflexionado medio minuto sobre el tema. Pero los mitos ya se sabe perduran y perduran aunque a través de los siglos se vayan transformando.Todos pensamos que la vida de los otros es mejor que la nuestra y evidentemente no es así puesto que los otros piensan lo propio de la nuestra. El cine tiene esa innegable capacidad de crear mundos imaginarios,irreales que se nos presentan como más evidentes que la propia realidad de nuestro presente y no es la primera vez que el director neoyorquino le saca partido a esta capacidad que tiene el cine, pero aquí lo hace de forma tan sencilla y natural,con unas elipsis tan discretas que al cabo resultan brillantes y geniales.

Muy al estilo sencillo de Eric Rohmer o sea "nouvelle vague" o sea Francia nos presenta a los personajes en un París mítico,inexistente,bellísimo. Con una banda sonora que en cuanto salga al mercado iré sin remedio a buscarla y es que tengo que confesar que el París de Woody Allen fue justamente el mío que incluso entonces ya no existía, nos lo inventábamos.

Los actores están impecables en sus cometidos aunque a la bella Marion Cotillard la hemos visto brillar más en otros trances y aquí lo tenía fácil pero bueno; hasta el cameo de la Bruni queda simpático así como el de Adrian Brody representando a Dalí. Todos están muy bien.

Por más que últimamente hayamos despotricado del maestro Woody Allen en alguna ocasión, en esta última entrega la verdad es que nos hace salir del cine contentos y sonrientes que no es poco. Deliciosa sí, llena de gracia y soltura estoy de acuerdo.

Revolutionary road (2008) por Daniel Quinn


Sin dientes. Así podemos acudir a ver esta película. Sin dientes para masticar escenas, porque las escenas son puré; sin dientes para masticar personajes, porque los personajes son artificio puro; sin dientes para digerir situaciones, porque los incidentes son parte de un esquema basado en la redundancia y en la desconfianza para con las aptitudes del espectador.

A la fuerza, sin precisar de nuestra participación, Mendes opta por una historia sin puntos de vista firmes no para abundar en cierta separación u objetividad con respecto a lo narrado, en absoluto, sino para resaltar su propia perspectiva de director ciñéndonosla a través de un guión insufriblemente teatral cuya principal función es repetir lo que, en el mejor de los casos, acabas de ver en la, a ratos buena, interpretación de DiCaprio. Y en el cine existe la posibilidad de jugar con una pluralidad de escenarios, multiplicando las posibilidades de las secuencias sin tener que recurrir a circunloquios ni incisos que expliciten lo que, creo, debe describir la puesta en escena, las interpretaciones, y un guión más pendiente de criterios como la espontaneidad.

Es una pena porque la discusión que abre la película desborda naturalidad, y el final tiene alguna buena intención, un poco de humanidad después de todo. El núcleo es otra cosa, no sé si muchos veréis condición humana en unas secuencias sin aire y en un director empeñado en que nos marchemos a casa con la sensación de que, después de todo, hemos visto cine serio, de elevadas pretensiones, servido a la carta y con todo lujo de comodidades intravenosas de sencilla digestión.

Si la peli le resulta pesada no lo dude, es la reiteración lo que le agota. Son las ansias de masticar algo de sinceridad sólida entre tanto ambiente swing de diseño.

Elementos como el personaje de Michael Shannon o la doble infidelidad son ejemplos claros, creo, de la letanía de reiteraciones e itinerarios discursivos que adornan la película.