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Cuando el remake no es necesariamente peor (2013) por El Despotricador Cinéfilo
Provengo de una generación que desde siempre la palabra remake ha tenido muchísimas connotaciones peyorativas y despectivas, pues algunos de los más infumables y lamentables remakes de la historia del cine se han realizado en las últimas décadas siendo en casi todos los casos los resultados muy inferiores al original.
Y uno podría llegar a pensar que siempre fue así y que los remakes nunca han servido para superar al original cualitativamente hablando y que solo interesa hacerlos por intenciones económicas para volver a hacer negocio con una historia que ya dio muy buenos ingresos en el pasado. Pues bien, eso no siempre fue así, y me lo ha confirmado de nuevo al ver hace unas semanas la espléndida Tu y yo que Leo McCarey realizó con Charles Boyer e Irene Dunne. Todo un clásico del año 39 que el propio McCarey volvió a realizar dos décadas después (con unos inolvidables Cary Grant y Deborah Kerr) que es incluso más emotiva, sentimental y emocionante al ya de por sí magnífico film original.
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Y uno podría llegar a pensar que siempre fue así y que los remakes nunca han servido para superar al original cualitativamente hablando y que solo interesa hacerlos por intenciones económicas para volver a hacer negocio con una historia que ya dio muy buenos ingresos en el pasado. Pues bien, eso no siempre fue así, y me lo ha confirmado de nuevo al ver hace unas semanas la espléndida Tu y yo que Leo McCarey realizó con Charles Boyer e Irene Dunne. Todo un clásico del año 39 que el propio McCarey volvió a realizar dos décadas después (con unos inolvidables Cary Grant y Deborah Kerr) que es incluso más emotiva, sentimental y emocionante al ya de por sí magnífico film original.
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Dejad paso al mañana (1937) por El Despotricador Cinéfilo
No sé exactamente dónde he leído que Leo McCarey es un director no lo suficientemente valorado y reivindicado porque el grueso de su obra pertenece a la siempre infravalorada década de los años 30. Para empezar, habría que decir: ¿La década de los años 30 está poco considerada? Caray, pues no será por el descomunal número de Obras Maestras que se parieron en esa mítica década. Por no hablar de que en esos años se forjó ya definitivamente la narrativa cinematográfica con la consolidación del sonido.
Esto por una parte. Por otro lado, McCarey, que yo sepa, trabajó prolíficamente a lo largo de varias décadas, e incluso diría que mucho más abundantemente en los años 40 (durante los cuales hizo esos lacrimógenos, sensibleros y mediocres films pseudoreligiosos con Bing Crosby). Ahora bien, si hay una obra que parece intocable en la filmografía de este director esa es Dejad paso al mañana.
Y no seré yo quien cuestione la calidad global de esta magnífica película, pero, recapacitando sobre sus virtudes, ¿no será espléndida por su magnífico reparto, su impecable guión y, sobre todo, por la innovadora y original temática que trata, que está siempre vigente en cualquier década y, por eso, aporta un aire tan realista, moderno y actual a un film del año 1937? ¿A dónde quiero llegar? Pues me remito a una célebre frase de Carlos Pumares: “Con un buen guión no hay director que haga una mala película, y con un mal guión no hay director, por muy bueno que sea, que consiga hacer una buena película”.
Por supuesto, en el caso de Dejad paso al mañana es un guión tan magnífico, interesante y actual que hasta la mediocre dirección de McCarey consigue ser más que aceptable (aunque, claro, con semejante historia hasta Roland Emmerich conseguiría realizar una Obra Maestra). Ahora bien, pensad solo por un momento o, mejor dicho, soñad solo por un momento qué maravillosa película hubiese sido si John Ford o Frank Capra se hubiesen hecho cargo de ella. Uf, dan escalofríos solo de pensarlo. Porque entonces sí que estaríamos ante una película sublime y mucho más disfrutable.
Conclusión: deberían prohibir los guiones e historias excepcionales a directores que son solo meros artesanos. ¿No acabaríamos ganando todos con ello? Seguro que sí.
Hubo una luna de miel (1942) por El Despotricador Cinéfilo
Leo McCarey es un director muy dotado para la comedia, incluso para el cine romántico, como muy bien han demostrado sus grandes películas. Pero dudo mucho que tenga talento, temple o simplemente artesanía para rodar un buen film dramático. Y este Hubo una luna de miel es una buena prueba.
Por una parte es una película que me ha sorprendido muy gratamente, pues esperaba una insulsa comedia, y me encuentro inesperadamente con un terrible drama político y humano ubicado en la Europa del principio de la II Guerra Mundial. Una crítica durísima al nazismo y como fueron invadiendo o anexionando a todos los países de Europa. Un tema muy interesante y que, al menos yo, he visto poquísimas veces en el cine.
Y ahí está el gran error de este film. Pues si Hubo una luna de miel hubiera sido solo una película seria, dramática, concienciada y de propaganda bélica podría perfectamente ser un excelente producto, muy hijo de su época (se rodó en el año 1942, en pleno apogeo de la guerra). Pero todas esas buenas intenciones se quedan en nada con los desafortunados toques de comedia que una y otra vez McCarey mete, incluso con calzador, en la amplia mayoría de las escenas.
Por supuesto que es muy loable intentar buscar un tono desenfadado y divertido a tan gravísimos acontecimientos, y combinarlos para aportar un tono agridulce a dicha historia, de hecho, ahí tenemos la soberbia Obra Maestra de Lubitsch Ser o no ser (1942) con la que este film tiene muchos puntos en común. Pero si la maravillosa película de Lubitsch sale airosa, no se puede decir lo mismo de la de McCarey, pues los inapropiados toques de comedia restan veracidad a la historia global. Y de hecho, reconozco que las escenas más tristes, violentas y dramáticas están muy bien dirigidas y resueltas, pero no encajan de ninguna manera con la ligereza, superficialidad, humor y banalidad de las escenas románticas entre Cary Grant y Ginger Rogers.
Y es que resulta evidente que el poder combinar sabiamente comedia con drama es un talento que no está al alcance de todos, es más, está al alcance de muy pocos.
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