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El séptimo cielo (1937) por El Despotricador Cinéfilo
Debo reconocer que mi neutralidad, objetividad y disposición a la hora de enfrentarme al visionado de esta película no eran los adecuados. Pues la maravillosa versión del cine mudo El séptimo cielo (Frank Borzage, 1927) es una de mis películas favoritas de todos los tiempos y una de las más altas cotas que ha alcanzado el romanticismo en el cine.
Y eso que, desde cierto punto formal, partía con cierta ventaja ante la versión muda. Para empezar, la incorporación del sonido, los diálogos y la música que siempre pueden aportar más matices que una película silente. Pero está claro que no es problema del guión, ni tampoco de los actores, pues James Stewart está francamente bien, convincente (aunque claro, ¡qué difícil es encontrar una película en que Stewart no esté bien!), y la mirada de Simone Simon no puede ser más expresiva, tierna, cándida y maravillosa (aun así es imposible competir con la antológica interpretación de Janet Gaynor de 1927).
¿Dónde puede residir entonces el problema? Pues quizás en que para rodar esta película se necesita un director muy romántico o, mejor dicho, extremada y enfermizamente romántico, como lo fue siempre Frank Borzage. Henry King, a pesar de ser un excelente artesano y un director más que notable, no es capaz de obtener todo el halo de romanticismo exacerbado e irracional que necesitaba el film. ¿Cuál es entonces el resultado? Pues una buena película sentimental, muy bien interpretada y que puede conmover mucho, sobre todo si se desconoce la magistral versión muda.
Eso sí, lo que es imperdonable es haber cambiado la emblemática escena de Chico, ya ciego, subiendo acelerada y apasionadamente los siete pisos del edificio hasta llegar a su ático. Se trata de uno de los momentos más dramáticos, intensos y maravillosos que ha dado el cine, y en esta versión de 1937 lo omiten de forma descarada. Por tanto, nos queda una sensación agridulce y un final mucho más insípido que el que todos esperábamos.
Y eso que, desde cierto punto formal, partía con cierta ventaja ante la versión muda. Para empezar, la incorporación del sonido, los diálogos y la música que siempre pueden aportar más matices que una película silente. Pero está claro que no es problema del guión, ni tampoco de los actores, pues James Stewart está francamente bien, convincente (aunque claro, ¡qué difícil es encontrar una película en que Stewart no esté bien!), y la mirada de Simone Simon no puede ser más expresiva, tierna, cándida y maravillosa (aun así es imposible competir con la antológica interpretación de Janet Gaynor de 1927).
¿Dónde puede residir entonces el problema? Pues quizás en que para rodar esta película se necesita un director muy romántico o, mejor dicho, extremada y enfermizamente romántico, como lo fue siempre Frank Borzage. Henry King, a pesar de ser un excelente artesano y un director más que notable, no es capaz de obtener todo el halo de romanticismo exacerbado e irracional que necesitaba el film. ¿Cuál es entonces el resultado? Pues una buena película sentimental, muy bien interpretada y que puede conmover mucho, sobre todo si se desconoce la magistral versión muda.
Eso sí, lo que es imperdonable es haber cambiado la emblemática escena de Chico, ya ciego, subiendo acelerada y apasionadamente los siete pisos del edificio hasta llegar a su ático. Se trata de uno de los momentos más dramáticos, intensos y maravillosos que ha dado el cine, y en esta versión de 1937 lo omiten de forma descarada. Por tanto, nos queda una sensación agridulce y un final mucho más insípido que el que todos esperábamos.
La mujer pantera (1942) por El Despotricador Cinéfilo
Se supone que estamos ante un film antológico del cine de terror y una película que ha marcado muchas de las pautas claves que debe tener el cine de este genero, pero yo solo pude ver una de las películas más simples, aburridas y sin chispa que uno pueda imaginar. Los dialogos son de pura serie B (de seria Z diría yo algunos de ellos), las reacciones de los personajes no son creíbles, no son instintivas, son falsas, artificiales, no te las crees esas exageradas reacciones pasionales lo mires por donde lo mires, la química entre los actores es nula, totalmente nula, dicha historia está contada con desgana (como si te la tuvieses que tragar a la fuerza, pues no se esfuerza ni el guionista, ni el director ni los actores en aportar un poquito de credibilidad a una historia tan fantástica como endeble) pero todo esto se podría perdonar si por lo menos el film fuese pionero en marcar esas pautas del cine de terror que supuestamente nacieron a raíz de este film.
¿Y se consigue eso en este film?, pues yo no lo veo, siempre he leído que escenas como de la piscina de noche marcó el nacimiento del terror psicológico, aquel que insinúa más que enseña, aquel que estremece sin ver nada solo con la atmósfera previa que se ha creado, pero no hay ni una sola escena en toda la película que lo consiga, todo se rueda mecánicamente, no hay atmósfera, y sin dicha atmósfera poco se puede intuir, insinuar o dar a entender, un film fallido se mire como se mire.
Posiblemente sea cierto que haya inspirado posteriormente a muchas películas mucho mejores, las cuales muy levemente cogen (y aprovechan mejor) la idea original de intuir más que enseñar el terror, sin ir más lejos basta con escoger el estupendo remake que hizo en los años 80 Paul Schrader con Nastassja Kinski muy superior a todas luces a la original, y es que es realmente curioso (y hasta divertido) como una película tan mala puede haber resultado tan beneficiosa para que otras hayan sido tan buenas.
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