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Sobrellevando el cine europeo, Parte II (2009) por El Despotricador Cinéfilo

Si algo ha aprendido el ser humano a lo largo de sus siglos de existencia y de los muchos errores cometidos (y por cometer) es que en política el sistema democrático es el más justo, equilibrado, legítimo y equitativo. Por eso me aterra cómo todavía, a estas alturas, puede haber personas que le den cierto crédito al palmarés de los festivales de cine.

¿Quiénes son esos señores (7 u 8 como mucho) que tienen en sus manos el poder calificar o premiar una película en cuestión? Más aún cuando algunos de ellos, a veces, no están ni tan siquiera relacionados con el cine (recuerdo a afamados novelistas o personajes públicos que han sido miembros de algunos de los festivales más reputados del mundo). Por si esto no fuera ya un motivo de peso se sabe a ciencia cierta, y confirmado por cineastas que han sido miembros de jurados, que en los festivales no se valoran la calidad de las películas, sino los intereses particulares de cada país, algo terrible si se piensa que los jurados suelen ser muy internacionales.

Tomemos como ejemplo el más famoso festival del mundo, el de Cannes. Hace unos años fue su sexagésimo aniversario e hicieron un especial donde se recordaba a todas las películas que habían ganado la Palma de Oro en todos estos años. Estos especiales nostálgicos suelen traernos a la memoria maravillosas películas del pasado y tocarnos la fibra sensible cinéfila. Pero caramba, gran sorpresa la mía, al comprobar como la inmensa mayoría de los títulos eran, hoy en día, películas que no han superado el paso del tiempo. Salvo algunos honrosos años que premiaron a verdaderas Obras Maestras, el balance global es desastroso, pues el 90% de ellas han caído en el más absoluto olvido, ya que solo fueron innovadores y revolucionarios films que tuvieron mucha repercusión cultural en su época, pero que, con el paso de los años, tanta pretenciosidad e intelectualidad ha hecho que hoy la gente los rehuya como la peste.

Entonces alguien podrá decir, y no le faltará razón: “pues con los Oscars pasa lo mismo”. Pues sí, es posible, pero desde luego me parece mucho más democrático que 5.600 personas de la industria (relacionadas todas ellas directamente con el cine) voten a sus preferidos antes que 7 u 8 intelectuales hagan sus interesadas combinaciones y trapicheos. Además, basta con echar un vistazo a cualquier año de los Oscars (insisto, a cualquier año) y, salvo algunas mínimas excepciones, todas son películas que soportan el paso del tiempo, y la amplía mayoría de ellas son auténticos clásicos intemporales.

Es así de sencillo, el paso del tiempo es el mejor aliado de las películas, y, ay, que mal le suele sentar el transcurrir de dicho tiempo al cine europeo.

Sobrellevando el cine europeo, Parte I (2009) por El Despotricador Cinéfilo

Hace poco me enfrasqué en una conversación (por no llamarlo discusión) con mi buen amigo Fran sobre un tema que, contra toda mi voluntad, vuelve recurrentemente en cualquier conversación cinéfila: el cine americano contra el cine europeo. Y, como tantas otras veces, la discusión/conversación no dejó conforme a ninguna de las dos partes: suele ocurrir con opiniones tan opuestas sobre un mismo tema (otro buen ejemplo son las eternas e infértiles discusiones entre los defensores del doblaje y los de la versión original).

Es, sin duda, un tema espinoso, y siempre habrá conflictos entre los que defienden a ultranza el cine americano, una inmensa mayoría (por algo será), y los que sienten especial debilidad por el cine europeo. Después de tantos años de amor cinéfilo hacia cualquier clase de cine, yo estoy convencido, más que nunca, de que el cine americano fue, es y siempre será el mejor cine que se hará en todo el planeta. ¿Quién soy yo para pontificar sobre algo de forma tan tajante?, pues soy alguien que se ha visto probablemente más cine europeo del que muchas personas jamás verán en su vida, y que, por lo tanto, habla con conocimiento de causa.

Por supuesto que existen cientos de joyas y Obras Maestras maravillosas tanto en el cine europeo como en el asiático o el sudamericano, y yo, afortunadamente, me he visto la mayoría de ellas; pero eso no justifica el altísimo porcentaje de cine infumable que suele parirse en dichos países ni cómo los pseudointelectuales más radicales lo defienden, cuando dichos films atentan y violan el mandamiento más sagrado de cualquier película: nunca aburrir.

Tendría que relatar muchísimas, incluso incontables, anécdotas sobre el cine europeo; por ello, hoy, en este primer capítulo de esta serie de artículos solo me centraré en dos anécdotas muy simpáticas que vivimos principalmente mi cinéfilo/informático amigo Antonio Plaza y yo a principios de la década de los 90, cuando éramos dos tiernos cinéfilos de 18 ó 19 años. Fue durante los maravillosos ciclos que programaron las Clavellinas, que tanto aportaron a la cultura cinéfila cacereña de su época.

Me acuerdo perfectamente de que llevábamos cerca de un año viendo cine europeo sin parar, y un buen día, sorprendentemente, pusieron una película americana de los años 40. Se trataba de un policiaco de serie B muy malo, del que solo recuerdo que se bebía mucho café; pero la reacción fue unánime: a pesar de ser un film cutre de serie B, todos salimos encantados del cine, comentando eufóricamente la película, recordando escenas, habiéndola asimilado y, sobre todo, habiéndola disfrutado. Es decir, era cine y no arte europeo solo apto para determinados y selectivos paladares.

Otra divertida (aunque patética) anécdota es la que sucedió en cierta ocasión, cuando invitaron al mismísimo director de la película belga que proyectaban, y se sentó justo a nuestro lado en la primera fila. Dicho film belga era tan soporíferamente aburrido que a lo largo del metraje la gente fue huyendo de la sala en total desbandada, de escándalo. ¿Quién quedó en la sala? Pues solo los que estábamos en la primera fila, que, por vergüenza, al tener al director al lado, no nos movimos.

Conclusión: ¿Hay cine europeo fantástico y genial con algunas Obras Maestras muy superiores a las del americano? Pues claro que sí, cientos de ellas, pero es un porcentaje tan mínimo que apenas destaca entre la morralla sobrevalorada que nos suele llegar.