ccc

Mostrando entradas con la etiqueta Claude Rains. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Claude Rains. Mostrar todas las entradas

El hombre lobo (1941) de George Waggner (por El Despotricador Cinéfilo)

Hay que tener siempre mucho cuidado con los recuerdos cinéfilos que se tienen de la infancia. En esa época de nuestra vida tenemos tendencia a mitificar ciertas películas que nos impactaron o gustaron muchísimo de niños, las cuales vistas hoy son decepciones notables. Una caso muy significativo para mí fue siempre Viaje al centro de la Tierra de Henry Levin, que me entusiasmó tanto que durante toda mi infancia siempre la recordé como una de las películas más entretenidas y fascinantes del mundo. Cuando, años después, la volví a ver, me decepcionó levemente, pues, a pesar de ser un film notable y muy digno de aventuras, no estaba a la altura de las expectativas de mis recuerdos infantiles.

Un caso parecido se puede dar con las famosas películas de la Universal de los años 30 y 40 que también vi en mi niñez, con la salvedad de que entonces me parecieron geniales y hoy en día me lo siguen pareciendo (y bueno, La novia de Frankenstein de Whale, vista hoy con ojos de adulto, es una Obra Maestra Absoluta). Eso sí, si existe una película fallida y decepcionante de este famoso ciclo de terror de la Universal es, sin duda, El hombre lobo.

La palabra despropósito se adapta perfectamente para describir a este Hombre lobo que no es digno de estar en la misma familia de los demás monstruos del terror del mítico estudio hollywoodiense. Podría achacarle la culpa a estar dirigida por alguien tan anodino como George Waggner pero sería muy injusto cargarle con dicha responsabilidad. Pues el director se ha limitado simplemente a filmar un cutre, bochornoso, absurdo, simplón, lineal e insubstancial guión que parece haber sido escrito sobre la marcha de forma improvisada. ¿Cómo se puede llamar a eso guión? ¿Tanto les costaba desarrollar un poco la historia con convicción y coherencia? Por no hablar de los unidimensionales personajes, los diálogos banales, los muy deficientes efectos especiales (a años luz de otras joya de la Universal de esos mismos años) y, sobre todo, las malísimas interpretaciones de todos los actores (¡¡¡Si hasta Claude Rains está mal!!!, quién lo iba a decir).

En cuanto a Lon Chaney Jr pues intenta sobrellevar el protagonismo como puede y, en algunos momentos ocasionales, consigue estar correcto en su papel (aunque claro, no será gracia a su poco interés, carisma y atractivo que tiene como actor, así como a su nula capacidad interpretativa). ¿Algo destacable para salvar de la quema de este clásico venido a menos? Pues solo las interpretaciones muy secundarias de Bela Lugosi y Maria Ouspenskaya que aportan un tono irónico, burlesco e incluso hasta paródico a sus papeles que hacen amenas sus breves intervenciones. El cine clásico qué bueno es cuando es bueno pero, ay, qué rematadamente malo es cuando es malo.

Esta tierra es mía (1959) de Henry King (por Father Caprio)

De idéntico nombre a la excepcional película de Renoir, este trabajo de Henry King es un melodrama bastante descafeinado y con trazas de habérsele metido tijera en demasía, que dejará contentos a los seguidores de Jean Simmons y Dorothy McGuire y quizás también a los de Rock Hudson, aunque éste las ha tenido mejores. De Claude Rains solo puedo decir una palabra: Profesional.

La historia de una familia de viticultores franceses en los viñedos californianos evoca con facilidad los avatares de aquella Falcon Crest televisiva, aunque estos Rambeau se mueven un tanto entre el quiero y no puedo, en un término medio que al género melodramático le sienta muy mal. Porque, coincidirán conmigo en que las intrigas unidas a las ansias de poder y de dinero son elementos imprescindibles en este tipo de cine. Aquí, haberlas hailas pero de baja intensidad, como si se pidieran perdón por alguna que otra salida de madre. Así, John Rambeau (Hudson) pasa de cabecilla de la revolución familiar a humilde granjero injertando cepas o la propia Jean Simmons (Elizabeth Rambeau) que parece haberse incorporado a la familia con alguna intención no demasiado confesable, acaba siendo su reserva espiritual.

Como he dicho al principio la película, que sobrepasa las dos horas, acusa en demasía los tijeretazos. Es cierto que los espectadores somos seres inteligentes a los que se nos cuenta la mitad y componemos el retablo entero, pero tampoco hay que abusar, que más de uno puede quedarse en el camino. Desde el principio se ponen a prueba nuestros conocimientos de genealogía familiar y debemos rebobinar para saber quién es quién y quién se acostó con quién. No se preocupen si suspenden pues al final el aprobado es generalizado con la frase de Rock Hudson a su progenitor natural: “Padre” “Lo sé hace mucho” Y es que el niño prometía…

Película no excelente pero entretenida. Seguro que las habrán visto peores. Las tribulaciones de una familia dedicada al vino durante la Ley Seca merece cuando menos un homenaje, sobre todo si es honrada y tratan de subsistir únicamente vendiendo las uvas para que con ellas se elabore vino para misa, se conviertan en pasas o se coman supongo que con queso, que saben a beso. Y todo ello durante doce años, que no serán nada pero arruinan a cualquiera.

Los viñedos como fondo, la ambición en primer plano, el amor por todas partes y el “honore” italiano condicionando la historia, son los elementos de un film de King más bien light que, a mi parecer, merece un aprobado, siquiera sea por su excepcional reparto, su fotografía en cinemascope y porque en líneas generales se deja ver con interés.