ccc
Mostrando entradas con la etiqueta Ed Begley. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ed Begley. Mostrar todas las entradas
Cometieron dos errores (1967) por Vircenguetorix
Este híbrido entre la clásica película del oeste norteamericana y el spaghetti-western europeo, no hubiera pasado a tener cierto éxito si no es por la presencia de Clint Eastwood. Y digo esto, porque objetivamente Cometieron dos errores es más bien poca cosa.
Se nota que es una película de novatos. Casi todo el cuerpo técnico que participa en la cinta eran nuevos en esto del cine, aunque ya tenían algunos de ellos cierta experiencia en televisión.
los errores de Cometieron dos errores son los habituales, falta de solidez y dispersión de la trama argumental, creando subhistorias de poco valor. Atracción por las corrientes de moda en la forma de rodar de la época, que pasados unos años suele quedar muy caduca –los zooms de esta son lamentablemente malos-. Y en general, cierta inclinación hacia el efectismo propio del cine de terror, en el que aquí se inspiran.
Y eso que el director, Ted Post, no era un niño precisamente, pero su forma de manejar la cámara está más cercana a la un estudiante de cine que a la de un cincuentón. El que es malo, lo es siempre, luego nos regalaría ese fiasco titulado Regreso al planeta de los simios.
Pero lo más interesante de esta película es la apología de la pena de muerte que se hace en ella. Si el personaje de Eastwood, representa el hombre que quiere resolver los problemas a la antigua usanza, el juez simboliza el nuevo modelo que se va imponiendo en Estados Unidos por aquella época. Y es él, y no los pistoleros de siempre los que imparten esa justicia. Aunque se equivoquen. Esta es la clave de la cuestión.
La pena de muerte es necesaria, ya que si no lo hacen ellos se hará en otra parte tomándose la gente la justicia por su mano. Y aunque se asuman errores y que hay personas que serán ajusticiadas de forma errónea, lo individual no puede parar lo estructural, que es el sistema judicial.
Este mensaje, bastante discutible, es el motor de la una historia rodada en Nuevo México, donde nuestro amigo Clint, está bien como siempre. Eso sí, nadie puede creerse que pueda ser abogado. Sus conocimientos de Derecho en la película son los mismos que los de Bisbal de Sociología de las Religiones.
Hay más puntos en contra de ella, desde la horrible banda sonora, una de las peores que recuerdo, a la lamentable historia de amor, completamente forzada, deshilvanada y carente de credibilidad. Papel de mujer florero, muy típico de las películas ultraderechistas norteamericanas como es el caso.
Lo mejor de todo es el comienzo, tiene unos diez primeros minutos extraordinarios, que parecen sacados de lo mejor del género. Pasado el gas inicial, viene el sopor y las incongruencias.
Una película bastante floja, que no debe tener más de un visionado, que debe servir para ver a Clint ponerse el sombrero y fumar sus puritos. Poco más.
El cerebro de un billón de dolares (1967) por Father Caprio
Los cerebros de un billón de dólares como muchos de aquellos revolucionarios (para la época) avances tecnológicos, acabaron en desguaces idénticos a los actuales, que, como anunciaban las coplas de Jorge Manrique, son la mar donde van a dar los ríos de la vida informática útil.
Película curiosa especialmente para quienes desconozcan aquellos monstruos antediluvianos del proceso de datos y las tarjetas perforadas, ubicados en inmensas instalaciones y alimentados y cuidados por una auténtica legión de especialistas en secuencias de bytes. Y es que eran años donde el trabajo del hombre alimentaba las máquinas a diferencia de los actuales donde los automatismos quitan el pan de la boca del personal en crisis.
Más allá de eso, estamos ante un film entretenido que se mueve entre la sátira política y el cine de espías. El entretenimiento no confiere ningún status de buena película. No, pero es en si mismo un valor y el trabajo de Ken Russell se deja ver. La fotografía de los gélidos paisajes finlandeses y el buen trabajo de actores como Michael Caine, Karl Malden, Françoise Dorléac o Ed Begley son los principales atractivos de un film donde mediante toques cómicos evidentemente exagerados se satiriza acerca de la peligrosidad de los fanatismos en aquella coyuntura histórica a la que se denominó guerra fría.
Ed Begley da vida a un general tejano que, al frente de una organización basada en el poderío del petróleo y contando con los mayores avances informáticos se convierte en una especie de iluminado líder mesiánico que mediante guerras bacteriológicas y juegos de espías pretende liberar a países como Letonia del yugo comunista. En ese contexto favorable e instigador de revoluciones, aparecen los agentes dobles, los infiltrados y los que sacan tajada, amén de toda la corte de personajes habituales en un género de espías con mezcolanza de “noir” y detectives tipo Marlowe sin un centavo y dispuestos a casi todo por sobrevivir.
Debo reconocer que la actuación de Begley es lo mejor de la película, por encima de la causticidad de Caine y el habitual buen hacer de Malden. La presencia de Françoise Dorléac con sus sugerencias tipo sauna finlandesa también se agradece. Hasta Oskar Homolka en su rol apropiadísimo de militar del KGB con funciones de contraespionaje está francamente bien.
Si no somos demasiado exigentes en cuanto a credibilidad, El cerebro de un billón de dólares, nos gustará o cuando menos nos hará pasar un rato entretenido con su aire cómic - kisch - pop art, años 60. Complicaciones las justas. Personajes dobles, los imprescindibles. Nada que nos impida seguir la trama con suficiencia. ¿Qué hay películas mejores? Evidentemente. Y peores…
Suscribirse a:
Entradas (Atom)