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Secreto tras la puerta (1948) por Father Caprio


La perfección también tiene sus días aciagos. Esta afirmación queda demostrada con Secreto tras la puerta, película con más penas que glorias y que se salva de una hipotética quema por ser una obra de Fritz Lang y por una fotografía de Stanley Cortez francamente buena y apropiada al climax de suspense que transpira la obra.

Por lo que he leído en la crítica de Denis Schwartz que se recoge en Rotten Tomatoes, incluso al mismísimo Lang le pareció una película pobre. Y claro, no quiero llevarle la contraria, aunque considere que las pobrezas de Lang serían riquezas para cualquier otro. En cualquier caso, tiene su razón y la obra se queda como a medio camino de cualquier sitio.

A caballo entre el suspense y la psicología no alcanza ni de lejos a Rebeca de Hitchcock, evidente punto de referencia ni a otras obras del maestro como Sospecha ó La sombra de una duda. Incluso la incursión en el cine de traumas infantiles se salda con un aprobado por los pelos. ¿Habrá influencias de Recuerda en todo esto?. Sin duda la música ayuda y crea ambiente, como es obligado en este género. Todo lo contrario de los actores que, con la excepción de Joan Bennett, andan en una especie de indolencia acartonada y mediocre.

No creo que el tema diera para mucho más. Es un tipo de cine que, por original que sea, constituye una repetición de algo deja vu. Como digo, Lang le saca algo de partido pero ni Lang, que ha hecho muchos milagros, pudo hacer éste...

Mr. Arkadin (1955) por El Despotricador Cinéfilo


La verdad es que amedrenta un poco tener que despotricar contra una obra del mismísimo Orson Welles, porque son tan magistrales casi todas sus películas que parece un sacrilegio cinéfilo arremeter contra una de ellas.

Pero como todo genio Welles tiene sus film fallidos, y yo creo que si hubiera que elegir una película representativamente fallida en este Mr. Arkadin.

La primera sensación que me dio al verla es que es una película para ver borracho, además completamente borracho, porque cinematográficamente es tan impactante (como toda la obra de Welles), técnicamente es tan llamativa, está tan magistralmente dirigida (esos contundentes encuadres tan rebuscados, ese barroquismo, esa fantasmagórica iluminación, esa grotesca planificación de los decorados tanto naturales como de estudio, esas imponentes interpretaciones, etc) que se disfrutarían mejor sin plena conciencia, totalmente sumido en una hipnótica sensación etílica.

Es decir, si uno se deja llevar por la película (como simple espectáculo para contemplar el enorme talento del genio de Welles) se disfruta muchísimo, es tan hipnótica y quedas tan deslumbrado por los fuegos artificiales que ofrece, que no se te quita el asombro mientras la ves, sobre todo cocido etílicamente para dejarte llevar hedonistamente por todo lo que estás viendo, como una extraña sensación onírica.

Ahora bien, ¿qué ocurre cuando se ve totalmente sobrio el film?, pues que no se engaña al cerebro tan fácilmente, y te empiezas a preguntar muchas cosas, empezando por ese guión tan absurdo, esa historia tan rocambolescamente atropellada, irracional e inverosímil, sin pies ni cabeza, que encima tiene un final absolutamente irresoluto y decepcionante.

Parto de la premisa que todo film policiaco tiene que tener un guión complejo, enrevesado, ininteligible y enmarañado (¿o acaso hay algún cinéfilo que sinceramente no se haga un lío con la historia de por ejemplo El sueño eterno de Hawks?). Pero es que en esta obra de Welles es tal el embarullamiento de la trama y tan irracional e inadmisible los acontecimientos, que se roza continuamente el ridículo.

Por ello lo mejor para disfrutarla es emborracharse, para así eliminar cualquier astibo de lógica que nos proporcione el cerebro, y una vez mermado, poder contemplar el film para disfrutar del genial talento de Welles en su máximo apogeo.