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#Rebeca Crítica "Rebeca" (1940) de Alfred Hitchcock (por Begoña Suárez)



Esta es otra obra maestra de Alfred Hitchcock para los amantes del cine clásico. Le valió dos Oscar a Mejor Película y Fotografía. Es una mezcla entre drama y thriller psicológico que mantiene al espectador bien pegado al asiento con un relato del todo inesperado. La película comienza con la famosa frase con la que comienza el libro de la escritora británica Daphne du Maurier, Rebecca (1938), en la que se basa la película: “Anoche soñé que volvía a Manderley…” 

Un historia que cuenta sobre Maximiliam deWinter, un aristócrata inglés que marcha a Montecarlo para olvidar la muerte de su esposa Rebecca De Winter. Allí se enamora de la dama de compañía de la Señora Van Hopper, con la que poco después se casa y se marcha a vivir a la conocida mansión Manderley. Una casa llena de los recuerdos de la anterior...

#ElUltimoViaje Crítica: El último viaje (1960) de Andrew L. Stone (por Father Caprio)

Antes de que el cine catastrofista tipo "El coloso en llamas" se pusiese de moda en las pantallas de todo el mundo, el director y productor Andrew L. Stone, realizó esta "The Last Voyage" sobre la tragedia del transatlántico S.S. Claridon, un crucero con más años de los convenientes que, según nos ilustra el narrador que nos acompaña a lo largo del film, recorría uno de sus últimos trayectos repleto de turistas en viaje de lujo hacia Japón. Es cierto que la tragedia del Titanic ocurrida en 1912 ya había originado unas cuantas películas al respecto pero, con esta excepción, "The Last Voyage" es un trabajo pionero del cine de calamidades de los...

#LoscontrabandistasdeMoonfleet Crítica: Los contrabandistas de Moonfleet (1955) de Fritz Lang (por Father Caprio)

En estos tiempos que corren estar en activo es un lujo (y lo mismo digo de los que han conseguido llegar incólumes a la jubilación) pero cuando los días tienen 24 horas que suele ser casi siempre, el trabajar añadido a las obligaciones familiares y al reparador descanso, hace que las aficiones literarias, cinéfilas y blogueras vayan como a trasmano y sujetas a altas dosis de stress. Y como no se trata de acelerarse demasiado que no está el cuore para demasiados trotes, pues de ahí este impasse donde he seguido, condición y...

Esta tierra es mía (1943) de Jean Renoir (por Alvaro de la Cueva)



Algunas califican a esta película como "panfleto". El Diccionario define "panfleto" como: 1. Libelo difamatorio, 2. Opúsculo de carácter agresivo.

¿Es "Esta tierra es mía" un panfleto? No lo creo.

Panfleto es "Raza" de Jaime de Andrade (o sea del "Generalísimo") o la filmación de la concentración del Partido Nazi en Nuremberg en 1933 de la Riefenstahl. Un panfleto defiende ideas deleznables y además de forma grosera o burda. "Esta tierra es mía" defiende con convicción, pero serenamente, los nobles valores de democracia, libertad, igualdad e independencia de las naciones en el contexto del año 1943.

El film se sitúa en "en algún lugar de Europa" (ubicación esta un tanto ingenua de Renoir, pues las coordenadas geográficas donde transcurre la película son claras). Quizá buscaba Renoir dar a su tesis validez universal. Lo que nos viene a decir Renoir es que la maldad existe no solo por la perversidad de algunos hombres e ideas, sino también por la inacción y pasividad de los hombres buenos cuando les es exigible moralmente actuar, y eso es aplicable en todo tiempo y lugar.

Pulsa aquí para leer la crítica completa.

Señal de parada (1946) de Léonide Moguy (por Father Caprio)

Aquellos que me leen con más o menos asiduidad saben que no me exclusivizo en el comentario de obras maestras. Hay en mi una reconocida afición a la arqueología cinematográfica y destripando terrones aquí y allá me encuentro con directores que no me son demasiado familiares y con trabajos desconocidos para mi que en ocasiones son merecedores de un cierto momento de gloria en este blog que es el suyo.

Esta breve introducción viene a cuento a raíz de Léonide Moguy un director nacido en San Petersburgo quien, tras trabajar en la Rusia posterior a la revolución y en la Francia previa a la invasión nazi, acabo rodando en Hollywood algunas películas de presupuesto reducido. Entre ellas tenemos esta Whistle Stop (Señal de Parada) que ni pasó a la historia del cine ni tiene pinta alguna de que así vaya a suceder, pero que nos deja cosas interesantes.

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El extraño caso del Dr. Jekyll (1941) de Victor Fleming (por El Despotricador Cinéfilo)

Recientemente vi la espléndida versión que Rouben Mamoulian hizo en 1932 del inmortal mito del doctor Jekyll y mister Hyde: El hombre y el monstruo, una película realmente magnífica repleta de ingeniosos detalles, ocurrencias, aciertos y, sobre todo, una interpretación emblemática de Fredric March, que le aportó un más que merecido Oscar, y una no menos brillante actuación de la siempre estupenda y sensual Miriam Hopkins.

Todo este preámbulo viene a colación porque nada más terminar de verla me vino a la memoria la célebre versión que hizo en los años 40 Victor Fleming de tan afamada novela: El extraño caso del Dr. Jekyll . Y, si ya entonces, me pareció una película sosa, aburrida y descafeinada, ahora, después de ver la soberbia versión de los años 30, me reafirmo que es una película totalmente fallida e insulsa.

Se podrían decir muchas cosas negativas de la película de Fleming como que la ambientación tétrica, sombría, fatalista y pesadillesca brilla totalmente por su ausencia, que toda la sensualidad y erotismo (tan esenciales para entender las pasiones e instintos que desatan el comportamiento de mister Hyde) son nulos y que la realización artesanal de su director es todo menos apasionada . Pero si hay algo que, por encima de todo, falla en esta versión es el tremendo error de casting al elegir a sus intérpretes.

Vale, sé muy bien que Spencer Tracy es un actor todoterreno con un talento tan incuestionable y admirable que puede defender cualquier papel que interprete con soltura. Pero, a pesar de ello, en este film está fuera de lugar porque, quiera o no, Tracy no puede desprender la ambigüedad moral y ética, así como resultar convincente con las brutales acciones de mister Hyde, al tener una presencia cinematográfica tan marcada. Un actor, con un evidente lado oscuro más definido, como por ejemplo Charles Boyer o George Sanders, hubieran aportado muchos más matices a este jugoso, dual e inquietante personaje.

Ahora bien, si el tema de Tracy es cuestionable, lo que no tiene perdón es el tremendo error de casting al poner a la sensual Lana Turner de los años 40 como la abnegada, sufrida, pura, virtuosa, inocente y virginal novia del doctor Jekyll , y a la cándida y tierna Ingrid Bergman como la prostituta barriobajera que desata los instintos más primarios de mister Hyde. Evidentemente, excusa decir, que si dichos papeles los hubiesen intercambiado entre sí las actrices la película hubiese ganado muchos enteros.

El asesino poeta (1947) por Father Caprio

Los primeros compases de Sirk en Estados Unidos tras su exilio germano fructificaron en una serie de películas que, por un lado, iniciaban ese melodrama suyo tan característico y por otro conservaban el auténtico sabor del inconfundible expresionismo alemán mamado desde la cuna. Una buena película que puede considerarse ejemplo de lo dicho es Lured, traducida en España como El asesino poeta y donde la temática del asesino en serie tipo Jack el destripador en las nocturnidades de la city envuelve al espectador en esa atmosfera tan típicamente expresionista y languiana.

Claro que para poder empezar a disfrutar de las excelencias que sin duda tiene el film lo primero que hay que conseguir es desembarazarse de esa imagen arquetípica de Lucille Ball como artista casi exclusivamente de comedia y es que lo del televisivo show de Lucy Ball la marcó y mucho. Cuando lo hagamos y veamos que la cosa va en serio, la misma mirada nueva nos dirá que estamos ante un interesante film de suspense que arrastrará nuestra imaginación incluso y salvando distancias, hasta la etapa británica del maestro Hitchcock y que de calificarlo como serie B lo estaremos bendiciendo de alguna manera, porque la B además de barato es la inicial de bueno. Como se habrán dado cuenta lo de serie B lo he escrito en condicional, porque una película que cuenta con la fotografía de William Daniels es un auténtico lujazo.

La historia trata sobre un asesino que contacta con sus víctimas por la vía de los anuncios por palabras y que anticipa sus crímenes mediante enigmáticas poesías que remite a la policía londinense. La amiga de una de las chicas desaparecidas es contratada como cebo por Scotland Yard. No puede decirse que la temática sea extremadamente original ni a priori podemos esperar que nuestra capacidad de sorpresa se vea ampliamente desbordada. Sin embargo la película contiene momentos excelentes y mantiene en niveles altos el interés de los espectadores.

La presencia de George Sanders en su línea bastante habitual "soy un truhán, soy un señor" es de agradecer así como la de un secundario de primera como Charles Coburn. La escena de Boris Karloff viene a ser algo así como un sketch interior de la película, hecho a medida de una de las grandes figuras del género terrorífico.

Interesante, aunque un tanto predecible, no estamos ante una obra maestra pero si ante un trabajo que agradará a los seguidores de Sirk, a los de Lucy Ball e incluso a los de Sanders, pero sobre todo a los que nos gusta la mezcla de cine negro, barroquismo y altas dosis de suspense