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#RonaldColman Si yo fuera rey (1938) de Frank LLoyd (por Father Caprio)

Película, digamos histórica, sobre el asedio de París por el duque de Borgoña. En clave de comedia, a la que habría que añadir el calificativo de ejemplarizante, narra las aventuras y desventuras de Francois Villon, personaje real, poeta ladrón y bandido bueno en la más pura línea Robin Hood, quien alardea en una taberna y ante un irreconocible Luis XI disfrazado, de lo que él haría si fuese rey. En un enfrentamiento con los soldados reales da muerte además al Condestable real después de que el monarca averiguara la traición de éste último, por lo que Luis XI nombra a Villon para el cargo vacante, poniéndole a prueba para que cumpla las tareas de gobierno y administración de justicia que...

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#clarkgable Amor en venta (1931) de Clarence Brown (por Father Caprio)

Sean cuales sean las circunstancias económico-sociales por las que ha ido atravesando, en el último siglo, este mundo nuestro tan baqueteado, las miradas de gran parte de la población del globo se han dirigido a ese lugar mágico creador de sueños que ha sido y es Hollywood. Por descontado que no estoy desmereciendo otras filmografías, muchas de las cuales han alcanzado cotas de calidad equiparables e incluso superiores a una escuela americana en la que el negocio y las taquillas eran el principal objetivo de las Majors. Pero el lugar donde se forjaron los sueños de muchas generaciones ese es... 


Los implacables (1955) de Raoul Walsh (por El Despotricador Cinéfilo)


Estrellas ha habido en la historia del cine desde sus orígenes y siempre las habrá, pues incluso hoy en día que todo el mundo hollywoodiense está más desmitificado siguen existiendo grandes estrellas del calibre de Brad Pitt, George Clooney o incluso Tom Cruise (que lleva incombustible instalado en el estrellato desde hace casi 30 años a base de instinto, constancia y talento).

Ahora bien, cualquier cinéfilo en el fondo de su corazón sabe que las verdaderas, esenciales y legítimas estrellas son las del cine clásico donde surgieron auténticas leyendas y mitos cinematográficos que atesoraron, consolidaron y mitificaron la magia del cine y la fascinación que nos cautivaron. Y si de estrellas clásicas hablamos, probablemente Clark Gable es su mayor exponente. ¿Por qué? Pues porque concentra y exhala en su dilatada e inolvidable carrera todo el carisma, talento, magnetismo, personalidad, fuerza, atractivo, simpatía y mitomanía que se le puede pedir a un estrella. Un digno Rey de Hollywood como fue apodado en su época por sus fans.

Por tanto, contar con Gable para Los implacables ya es el primer paso para aportar personalidad y enjundia a una película. Añadamos además que tras la cámara está Raoul Walsh, y decir Waslh es como decir John Ford, es decir, cine en estado puro y uno de los más grandes genios cineastas que jamás dará el séptimo arte. Además, para el director no era algo nuevo el argumento de la película, pues si nos fijamos con atención en ciertos momentos es como si fuese un remake de su memorable La gran jornada dirigida por sí mismo 25 años antes con otro mito del celuloide: John Wayne. Y si lo completamos con una muy sensual (y muy divertida) Jane Russell ya la receta es perfecta. Un plato perfecto para ser degustado sobre todo por los amantes del western y del cine clásico.

El resultado de Los implacables es el esperado pero no por eso deja de sorprender. Primero porque es un film muy compacto con algunas de las escenas de paisajes monumentales en cinemascope más bellas jamás rodadas. Segundo, contiene un impecable y firme pulso narrativo de Walsh para dirigir con su maestría habitual la acción, la aventura, el romance, el drama e incluso algunos afortunados toques de humor. Tercero, la química brutal entre Clark Gable y Jane Russell hace saltar chispas con algunos inteligentes y picantes diálogos con doble sentido. Cuarto, por si fuera poco, un solvente grupo de secundarios donde destacaba el siempre correcto y versátil Robert Ryan que siempre aporta más carisma a un film, como si con el de Gable no fuese ya más que suficiente.

De forma concisa y resumida se podría decir que Los implacables es el un western es estado puro, paradigma de los que engrandecieron el género y lo convirtieron en mítico y antológico. Vamos, una gozada, para que nos entendamos.

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