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Las supuestas injusticias de los Oscars (2011) por El Despotricador Cinéfilo
Es habitual, cada vez que llega el mes de Febrero o Marzo, que en Internet y los demás medios de comunicación, empiecen a brotar sin parar las estadísticas acerca de las tremendas injusticias que se han cometido en los Oscars a través de los años. Si algo demuestran esas estadísticas es la falta de profesionalidad, rigor y desinformación de quienes escriben las crónicas que las acompañan.
¿Cuántas veces hemos leído u oído a lo largo de los años que Chaplin, Howard Hawks, Hitchcock, Kubrick, Orson Welles o Kurosawa nunca han ganado el Oscar? Pues todos ellos lo han hecho. En los casos de Chaplin o Welles incluso más de una vez. Pero claro, es que informarse correctamente cuesta tanto...
Esto de las injusticias es algo duro de digerir, porque en los Oscars, como en cualquier sistema democrático de votación, se puede errar, pero rara vez se suelen cometer injusticias que no se hayan remediado con el paso de los años. ¿Que Ciudadano Kane o Psicosis no ganaron el Oscar a la mejor película? Pues por supuesto que no, pero es que competían nada más y nada menos que con Qué verde era mi valle, de Ford, y El apartamento, de Wilder, respectivamente . En estos casos, ¿a quién premiar? ¿A quién quieres más?, ¿a papá o a mamá? Es imposible decidirse cuando hablamos de Obras Maestras tan sublimes e inmortales.
Ahora bien, un tema recurrente que siempre suele salir es cómo Rocky ganó compitiendo contra Taxi driver, Todos los hombres del presidente o Network. Pues ganó, en mi opinión, por la sencilla razón por la que muchos años después Shakespare enamorado venció a Salvar al soldado Ryan. Es decir, yo creo que a veces la Academia premia aquellas películas que, comprensible o incomprensiblemente, atesoran (por verdadera magia inexplicable) un halo de puro cine en su esencia. Aunque sean películas imperfectas (que lo son), contienen momentos de pura antología cinematográfica que ninguna de esas otras películas (académicas e impecablemente perfectas) contienen.
De todos modos, como sabiamente dijo el amigo Spielberg en los Oscars de este año, es tan honroso estar en la lista de los ganadores como en la de los perdedores. Al fin y al cabo es cine de tan alta calidad que el que siempre sale ganado es el cinéfilo.
¿Cuántas veces hemos leído u oído a lo largo de los años que Chaplin, Howard Hawks, Hitchcock, Kubrick, Orson Welles o Kurosawa nunca han ganado el Oscar? Pues todos ellos lo han hecho. En los casos de Chaplin o Welles incluso más de una vez. Pero claro, es que informarse correctamente cuesta tanto...
Esto de las injusticias es algo duro de digerir, porque en los Oscars, como en cualquier sistema democrático de votación, se puede errar, pero rara vez se suelen cometer injusticias que no se hayan remediado con el paso de los años. ¿Que Ciudadano Kane o Psicosis no ganaron el Oscar a la mejor película? Pues por supuesto que no, pero es que competían nada más y nada menos que con Qué verde era mi valle, de Ford, y El apartamento, de Wilder, respectivamente . En estos casos, ¿a quién premiar? ¿A quién quieres más?, ¿a papá o a mamá? Es imposible decidirse cuando hablamos de Obras Maestras tan sublimes e inmortales.
Ahora bien, un tema recurrente que siempre suele salir es cómo Rocky ganó compitiendo contra Taxi driver, Todos los hombres del presidente o Network. Pues ganó, en mi opinión, por la sencilla razón por la que muchos años después Shakespare enamorado venció a Salvar al soldado Ryan. Es decir, yo creo que a veces la Academia premia aquellas películas que, comprensible o incomprensiblemente, atesoran (por verdadera magia inexplicable) un halo de puro cine en su esencia. Aunque sean películas imperfectas (que lo son), contienen momentos de pura antología cinematográfica que ninguna de esas otras películas (académicas e impecablemente perfectas) contienen.
De todos modos, como sabiamente dijo el amigo Spielberg en los Oscars de este año, es tan honroso estar en la lista de los ganadores como en la de los perdedores. Al fin y al cabo es cine de tan alta calidad que el que siempre sale ganado es el cinéfilo.
Amarcord (1973) por Pedro (Madrid)
Amarcord es un esperpento tan bello como hueco. Entre los factores positivos de este trabajo de Fellini, hay que subrayar por encima de todo su estética. Cuidada fotografía y composición de escenas que ciertamente atrapan los sentidos, acentuando todo ello con la ya clásica partitura de Nino Rota. Aquí el director italiano puede decirse que crea escuela. Técnicamente impecable.
Ahora bien, hay algo en el mundo cinematográfico que debe insuflar alma a una película; y se trata de la forma narrativa. Fellini en esta película no narra, o al menos no lo hace con eficacia, centrándose fundamentalmente en mostrar belleza.
Lo que describe son trozos aislados de unos recuerdos carentes de continuidad, y presentando a los personajes en cada uno de ellos dentro de una farsa. En mi opinión esto no es suficiente para construir una historia que deje huella como tal (más allá de la belleza visual). Uno puede valerse de una brillante estética de las imágenes en sucesión de escenas para narrar sin ni siquiera palabras o con muy pocas. Basta con echar un vistazo, por poner algún ejemplo, a obras como Bin jip (Hierro 3) de Kim Ki Duk, El camino a casa de Zhang Yimou, o a buena parte del cine de Kurosawa y Mizoguchi.
Sin embargo, estos directores crean una historia con lo que muestran; Amarcord no crea una historia, sino que describe retazos de esperpento. Y para esperpento, le falta por ejemplo el esmero que cineastas como Rafael Azcona, Berlanga o Marco Ferreri ponen en la construcción de sus personajes, en la mejor línea y reflejo de mismo Valle-Inclán –creador de ese nuevo género en las artes escénicas que deforma a los personajes volviéndolos grotescos, pero sin perder el sentido trágico de fondo– . Revisar Bienvenido Mr. Marshall, Plácido, El verdugo o El cochecito dan una idea de lo que quiero decir.
Considero, por tanto, Amarcord un ejercicio exploratorio del esperpento, con tanta preocupación por la estética como abandono de la narrativa. Definitivamente me quedo con el Fellini de La Strada, uno que además de mostrar, narra con lo que muestra.
De repente, el último verano (1959) por Vircenguetorix
Todos los grandes del cine -y Mankiewicz lo es- tienen algunas películas que están aupadas y consideradas más de lo que son, por el simple motivo que ese autor tiene suficientes obras maestras como para que llegue un momento que sea complicado ser crítico con él con tanta perfección. Eso le pasa a Ford, a Kurosawa, a Godard, a Buñuel, a Lean... a todos.
Es como cuando el empollón de la clase le ponían siempre sobresaliente. ¿De verdad creen que hacía los exámenes tan bien? Pues claro que no, pero la vida es consecutiva y consecuente, por lo tanto causal, y todo se arrastra, lo bueno y lo malo.
De repente, el último verano me parece una obra bastante fallida de Mankiewicz que intenta beneficiarse del contenido morboso de la historia y del prestigio de los guionistas, unido a un colorido y prestigioso reparto para hacer una obra ante todo provocadora. Sin embargo la película va y viene, y son igual de memorables sus excelentes minutos, que los tiene, como los más soporíferos y estridentes, de los cuáles prefiero no recordar.
Hay dos grandes lunares en esta producción. La primera la falta de acierto en el manejo del factor tiempo en el uso cinematográfico. La duración de las escenas no tiene correlación con la evolución de los personajes. Vemos como se insertan ciertos trucos temporales que no funcionan, al más estilo Agatha Christie Como en la última escena, el que parecía cuerdo ahora está loco y viceversa, eso no ayuda en absoluto a la verosimilitud de la película porque esto es cine no teatro, y existen las elipsis.
Además si toda la película se apoya en las interpretaciones para contar la historia de Sebastián, ¿por qué utiliza Mankiewick en toda la escena final una imagines revestidas de blanquecina ensoñación para transmitir el horror? ¿No está acaso seguro del texto, de las interpretaciones o simplemente de la capacidad del público para entenderlo, o de él mismo para hacerse entender? En cualquier caso es fallida, y podemos apuntar que es tan interesante como desagradable, y tan aburrida como impactante. Demasiadas alternancias polares en una película que la censura en España machacó y que ahora podemos visionar íntegramente en DVD.
Nubes flotantes (1955) por Ricardo Pérez Quiñones
Ukigumo no sólo es el mejor filme de Mikio Naruse, sino también, una de las más grandes obras de la filmografía nipona, a la altura de los mejores trabajos de Ozu, Mizoguchi o Kurosawa.
Esta trágica historia de amor, refleja como ninguna otra película, la devastación material y moral del Japón de posguerra. Yukiko (Hideko Takamine) y Tomioka (Masayuki Mori) se convierten en amantes durante el conflicto, al coincidir en la Indochina francesa. Tras la conclusión del mismo, Yukiko regresa a Tokio en busca de su amante, que le prometió que se divorciaría de su mujer. Sin embargo, Tomioka continúa casado.
Naruse vuelve a poner de manifiesto su maestría a la hora de plasmar los sentimientos, preocupaciones y emociones que conforman el universo femenino. Por algo se le considera, junto a Kenji Mizoguchi, como el gran director de la intimidad femenina. Para ello se vale de un soberbio guión de Yoko Mizuki (mujer que ya había escrito el guión de otras obras maestras de Naruse como Madre o La voz de la montaña) y de la sensible y conmovedora interpretación de la hermosa Hideko Takamine, musa del autor, con el que trabajó en diecisiete películas. Sería injusto no destacar, también, la magnífica labor interpretativa de su compañero de reparto, el siempre estupendo Masayuki Mori (más conocido por algunos de sus trabajos con Mizoguchi).
La trama gira en torno a la tormentosa y desigual relación que se establece entre ambos, que se complica debido al carácter pendenciero y mujeriego de Tomioka, incapaz de darse cuenta de la importancia que Yukiko tiene en su vida. Sólo al final tomará consciencia de su amor por una mujer que siempre le fue devota, un final terriblemente doloroso, probablemente el más triste que haya contemplado en el cine quien escribe estas líneas.
Son también muy reseñables tanto la exótica partitura de Ichiro Saito como la gran fotografía en blanco y negro de Masao Tamai.
Por último, señalar que el director nipón vuelve a poner en práctica lo que Kurosawa, que había sido su asistente en el filme Avalancha de 1938, denominaba “estilo río”. Un estilo que se basa en la sucesión de planos cortos y fijos, en el que los cortes apenas resultan visibles derivando hacia una narración fluida y armoniosa similar al curso de un río.
En definitiva, cine con mayúsculas, obra imprescindible.
Sacrificio (1986) por Aurea García Fernández
La peli siendo como es muy rusa (por ejemplo el lento transcurrir de las horas a lo Chejov) es también muy sueca y no sólo porque esté rodada en una plana y solitaria isla sueca o sean suecos muchos de sus actores como el extraordinario 'prota' Erland Josepheson y el 'gurú' de la luz Sven Nykvist su director de fotografía por no hablar de la inmensa profesional Anne Asp responsable de la escenografía sino también porque el nórdico espíritu de Dreyer con sus brujas y milagros anda por allí así como el de Bergman siendo tan diferentes en realidad y no sólo por aquello de los primeros planos del sueco y de los larguísimos planos-secuencias bellisímos por otra parte del ruso sino por algo más: yo por ejemplo nunca me aburrí con Bergman.
TODO es extraordinario en Sacrificio: actores,puesta en escena,técnicos,vestuario y esa luz boreal que nos recuerda por momentos al holandés Veermer,!Dios mio!,esas cortinillas blancas mecidas por el viento que cubren las ventanas dejando pasar diferentes tonalidades e intensidades de luz !una pasada!.
Entonces,¿qué es lo que ocurre?,¿Por qué si todo es tan perfecto y bello llega un momento en el que empiezas a aburrirte?. ¿La cólera del español sentado que dicen que decía Lope de Vega?. ¿Nuestro temperamento latino?. Tal vez alguien con más capacidad intelectual que yo pudiera explicarlo o bueno a lo mejor si yo tuviera esa capacidad no me habría aburrido; no quiero decir con esto que no haya entendido todo lo que sucede en la pantalla,no que va,perfectamente,lo que ocurre es que no me implico,no me aporta nada nuevo,no me emociona,en una palabra bueno en dos: me aburre.
La perfección y la belleza ¿pueden llegar a aburrir?,pues no sé pero acabas cansándote de tanta porcelana bien iluminada, tanta blanca leche derramada,tanto mueble bello y sencillo bien puesto en su sitio para que los espejos cumplan su función y de tanto plano-secuencia maravillosísimo...todo la verdad ¿cómo diría? un poquito artificial,sí;que no digo yo que no sea un hallazgo lo de la leche para visualizar la supuesta explosión nuclear que al parecer se ha producido pero...
Antes de seguir querría decir que aparte lo sueco hay también en la peli su momento Kurosawa (la música japonesa, el kimono que se coloca el 'prota'encima,el ikebana) y !pásmense,señores!...sí,sí,su momento hispano: esos corderos que sin ton ni son cruzan la escena yendo y viniendo sin aparente sentido en la noche boreal ¿no es Buñuel y su "Angel"?, porque no lo he dicho pero las escaleras por las que bajan enejenadas las gentes en el extraño sueño de Alexandre además en blanco y negro son las del "Acorazado" ¿no?,o me estaré pasando: no me extrañaría.
Creo que finalmente me voy a atrever a decirlo,sí,¿no será el "rollo metafísico" o dicho más correctamente el "universo intelectual" de Tarkovski el que nos aburre?. Porque ya digo, yo con Bergman nunca me aburrí. Tarkovski es un hombre de fe y toda fe como sabemos requiere "sacrificios" y aquí precisamente es de lo que se trata: Alexandre,el 'prota',tiene que sacrificarse para así salvar a su familia y ya de paso al mundo entero de una supuesta "guerra final" que se ha desencadenado. Pero,tranquilos,no pasa nada,ahí está María mediadora o bruja salvadora como queramos ( la sirvienta para entendernos) que pasando la noche con Alexandre lo arregla todo. Muy fuerte, de verdad.
La peli comienza acercando la cámara a un grabado de Leonardo da Vinci, "La adoración de los Reyes", en el que aparece un árbol que acaba fundiendose con el que está plantando el protagonista ayudado por su hijito. Después, en otro momento, el amigo-cartero dice hablando del grabado "a mí Leonardo me da mucho miedo" ( y !qué requetebien coloca la frase el actor!: son magníficos,ya digo) y efectivamente a lo mejor a Tarkovski Leonardo con su visión racional, científica, humanista del mundo le asustaba dado que la suya era metafísica, trascendente, o sea religiosa.
Pues bien así acaba tambien con el niño regando el árbol y tumbándose apaciblemente bajo él para decir(!tiene seis años!): "la palabra es lo primero que se inventó dime papá por qué" (el padre va en una ambulancia camino del psiquiatrico) y de nuevo el fundido con el grabado de Da Vinci. A mí esto de Da Vinci me da que pensar, no sé, de verdad pues es cierto que Leonardo es un personaje que se las trae y el tal grabado de los Reyes se las trae pero hasta con campanillas, enfín...
La película como toda obra de arte da para muchísimo más pero aquí corto no sin antes pedir excusas y mil perdones a los amantes del cine de Tarkovski por esta, nunca mejor dicho,"profanación", ya que desgraciadamente a él ya no puedo.
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