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La dama de hierro (2011) de Phyllida LLoyd (por El Despotricador Cinéfilo)

Mi admiración, fascinación, valoración y aprecio por Meryl Streep no ha dejado de crecer a lo largo de los últimos años (o más bien dicho: a lo largo de las últimas décadas) pues estamos ante una de las actrices más brillantes, dotadas, sublimes, talentosas y soberbias que ha dado el cine en toda su historia, hasta el punto que muchos la consideran la mejor actriz de todos los tiempos, y no seré yo quien lo ponga en duda, pues el abanico de personajes dispares, difíciles, memorables y fascinantes que nos ha brindado Meryl Streep desde siempre se cuentan por docenas.

Aclarado este punto no hay que ni decir que en La dama de hierro está tan magnífica e impecable como siempre y ese tercer Oscar que ha ganado era más que merecido. Aquí se acaba todo lo bueno que se puede decir de la película.

Ya en su momento cuando me enteré que Phyllida Lloyd iba a ser la directora (una persona cuyo único supuesto logro fue convertir el divertidísimo, alegre y colorido musical de Mamma mía en una película sosa a rabiar a pesar del gran esfuerzo de sus intérpretes) me eché a temblar. El resultado no puede ser más patético. Cierto que cae en los errores de todos los biopic de intentar condesar y abarcar toda una biografía en una sola película, lo cual casi siempre es imposible (J. Edgar, El aviador, etcétera) , pero si solo fuese eso su mayor defecto sería perdonable. Lamentablemente éste es solo uno de ellos.

La dama de hierro es aburrida (y mira que es difícil hacer aburrida la vida de la carismática Margaret Thatcher, una de las políticas más influyentes e importantes de toda la historia), es insulsa, es ridícula, es sumamente trivial (con lo interesante que hubiese sido un análisis riguroso, detallado y repleto de matices de la figura política y personal de la Thatcher). Pero, sobre todo, es cansina, sumamente cansina.

Cansina es lo que mejor describe esta Dama de hierro porque no hace más que regodearse, una y otra vez de forma agotadora, en su relación con el fantasma de su marido fallecido, así como en la debilidad física y mental que sufre el personaje en su vejez. Lo que cualquier buen director hubiera, con solo dos secuencias, mostrado y aclarado, Lloyd machaca de forma constante una y otra vez, sin cesar, abarcando todo el metraje de la película. Qué desperdicio de historia. Qué desperdicio de posible gran película. Qué gran pena de lo que podría haber sido. En fin, nos consolaremos pensando que por lo menos tenemos a Meryl Streep, que sino…

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Mamma mia (2008) por Anónima


"Mamma mia!", adaptación cinematográfica del musical homónimo basado en el repertorio del grupo sueco ABBA, es una comedia musical de gran simpleza argumental y de enorme sentimentalismo en la que las canciones de ABBA, aunque no siempre bien ensambladas, pues a veces no parecen ajustarse a la situación que pretenden ilustrar, dan al film las dosis necesarias de alegría y dinamismo para mantener al espectador entretenido.

La película comienza como una historia de búsqueda, de introspección, de conocimiento de uno mismo que todos los personajes persiguen, aunque de diversas formas: a través del conocimiento de sus orígenes (Sophie), del viaje y la navegación (Sky), del retorno sentimental a la esposa (Sam) como un Ulises redivivo al estilo kitsch, etc. Sin embargo, al final, cuando estalla la fuente de Eros que Afrodita tenía oculta en la isla, según contaba la leyenda, todo se transforma en un grito orgiástico y dionisíaco.

Tampoco podemos decir que la dirección sea buena si tenemos en cuenta que Phyllida Lloyd no consigue trasladar de forma adecuada el musical a la gran pantalla. Con todo, esa frenética sucesión de planos, de gags y de canciones consigue mantener un dinamismo constante, una energía y una vitalidad que apenas dejan tiempo al espectador para captar los defectos del film.

Poco importa que la película no consiga siquiera que las canciones insertadas vertebren la narración de manera que sirvan para avanzar el argumento o desarrollar los personajes, el desenfado, la naturalidad y la constante hilaridad hacen que este film, que ha sido calificado como "karaoke polifónico", no deje un mal sabor de boca en el espectador.

Este canto a la nostalgia consigue arrastrar y hasta arrebatar a un público ávido de sueños que vibra al ritmo de las canciones del grupo sueco al tiempo que evoca un pasado, que siempre parece mejor, y rememora antiguos amores aun sabiendo que "nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos".

No obstante, a pesar del resto de actores y actrices que forman este reparto estelar, probablemente la película no se habría convertido en un éxito de taquilla de no ser por la presencia de Meryl Streep.

Debemos tener en cuenta que "Mama mia!" es una película camp, lo cual implica un gusto por lo innatural. Buena prueba de ello son los idílicos paisajes griegos cuya belleza adquiere cierta artificialidad al ser captada por la cámara.

Para juzgar acertadamente la película es necesario entender esa voluntad de transformar lo serio en frívolo, de crear una parodia del género, de teatralidad.

Y es que quizá parte del encanto de la película reside precisamente en lo hortera, en lo chabacano, que logran hacer el sueño más cercano, más asequible.