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Las brujas de Zugarramurdi (2013) de Álex de la Iglesia (por Aurea García Fernández)


La verdad es que en estos tiempos desconcertados y coléricos que estamos viviendo se agradece un montón ver una película como esta en la que sobre todo en su primera parte no paras de reír !qué alivio, señor! Aunque como muchas veces le pasa a este director hay una especie de bajón que remonta al final con trepidante, surrealista, barroquísimo aquelarre por cierto muy bien rodado.

Todo en la película Las brujas de Zugarramurdi está organizado como de "dos en dos" o casi. Veamos. Hay esa primera parte desternillante que podríamos calificar de "madrileña" rodada en ese "rompeolas de todas las Españas” y más allá que es la Puerta del Sol y que querrías que no acabase nunca y luego está la segunda parte, la "vasco-navarra", la "brujeril" unidas ambas por la cinta interminable de la carretera que une Madrid con la frontera francesa y que también tiene lo suyo en esta delirante huida de unos atracadores "sui generis", que en el taxi robado se van despojando de sus "disfraces" y mostrándonos sus verdaderos rostros de "mindundis" desorientados. En el maletero llevan a un señor que lo que quiere es ir a la oficina de empleo de Badajoz y al que podríamos emparejar en este mundo de duetos con el aterrorizado taxista.

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La mula (2013) de Michael Radford (por Aurea García Fernández)



Puedo imaginar que el escritor jiennense Eslava Galán ha debido poner toda la carne en el asador para sacar adelante este subproducto sobre la dichosa Guerra Civil que parece que no se acaba nunca buscando dineros y subvenciones hasta debajo de las piedras pero algo debió fallar porque el padre de la criatura, el director británico Michael Radford (El cartero y Pablo Neruda ¿recuerdan?) no ha querido reconocerla y después de cuatro años cuando por fin se estrena en el último Festival de Málaga su nombre no aparece por ninguna parte.

El guión lo firma el propio Eslava Galán y un tal Anónimo que dicen que es francés. Se ha dicho "memoria sin uñas" de la Guerra que en realidad no importa nada porque lo que quiere Galán es contar la historia de su padre que ya lo hizo en un libro pero ha querido insistir contándola de nuevo en una película. La historia es la de un joven mulero que trabaja en un cortijo de Jaén y cambia de bando, no se explica el porqué, y se pasa a los nacionales y ahí es donde empieza todo. El chico se encuentra la mula, el chicose enamora de la chica equivocada, el chico es un encanto amigo de sus amigos sean de un bando o del otro y hasta va a recibir una medalla de manos del mismísimo Caudillo. Así pues el conflicto bélico es puro cartón piedra que trata de emular a la berlanguiana La Vaquilla sin conseguirlo ni de lejos.

Aquí el animal que centra la historia es una preciosa mula blanca muy buena actriz por cierto. ¿Comedia cómica? puede ser pero no provoca ni una sonrisa, bueno sí, una en concreto. ¿Drama? ni de lejos. ¿Relato anti heroico? pues no se sabe porque el guión peca todo el rato de excesivamente literario pese al esforzado acento andaluz de los actores, el lenguaje cuartelero y demás aditamentos camilojosécelianos (perdón por el palabro).

Pero !atención señores! hay algo por encima de todo lo demás y que brilla con luz propia y es el talento con el que el joven ídolo de adolescentes Mario Casas compone su personaje. Lo da todo en su veracísima, convincente y magnífica interpretación del acemilero jiennense. Muy merecido el premio recibido en Málaga. ¿Cuál será el próximo berenjenal en el que se meta Eslava Galán? ¿Emprenderá la lucha desesperada por el sillón de la Academia?. Cosas veredes Sancho...