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#Sabrina Crítica: Sabrina (1954) de Billy Wilder (por Begoña Suárez)
¿En qué momento saltamos de
la pubertad al mundo adulto? Esta línea tan delgada a penas se puede
distinguir. Amores platónicos, adultos que no hay crecido y niños que no
quieren crecer. Tal vez sean los momentos los que marcan esa nueva
etapa como en cierta forma se cuenta en esta historia de Sabrina de 1954.
Se trata de la adaptación por Billy Wilder de una obra de teatro titulada Sabrina Fair- A Woman of the World, escrita por Samuel A. Taylor. Es una película que roza la...
Se trata de la adaptación por Billy Wilder de una obra de teatro titulada Sabrina Fair- A Woman of the World, escrita por Samuel A. Taylor. Es una película que roza la...
#Sabrina Crítica: Sabrina (1954) de Billy Wilder (por Altaica)
Hay una manifiesta tendencia a estimar en menor medida aquellas comedias más vinculadas al romanticismo que a la ironía o la mordacidad, en la presunción incorrecta de su facilidad o agrado para con el gran público, cuando en realidad, en tal caso, se deambula en un solar plagado de prejuicios, esquivas y suspicacias. Es más que probable que en realidad la erudición trence mal con viajes introspectivos al universo afectivo en su superficie más barroca, adornada, rosa...
La torre de los ambiciosos (1954) por Father Caprio
Los ojos de Barbara Stanwyck llenando por completo la pantalla. Como música de fondo, el discurso "romántico-idealista-país multicolor" de William Holden. Esta es la síntesis de un film que prometía tiburones despedazándose y se quedó en plácidas abejas Maya bajo el sol. Porque, miren ustedes, sin adelantar desenlaces, la cosa no es creíble. El mundo empresarial si por algo se caracterizó en el siglo XX fue por su culto al dinero, al beneficio y a la rentabilidad de los accionistas. O sea que Fredric March es el único que parece tener los pies en el planeta Tierra, mal que nos pese y aunque sea el malo de la película.
¿Qué los muebles quedan perfectos para la foto del muestrario y nada más? Ya lo dijo Quevedo, poderoso caballero es Don Dinero. ¿Qué la pata de la mesa está desatada y quebrada? Din Don Din Don es Don es Don Dinero. Lo del cliente siempre tiene razón es un invento moderno, un mal necesario para seguir atesorando beneficios pero sin perder el norte. ¿O es que se piensan que la crisis actual surge para proteger al sufrido ciudadano, fiel cliente de las empresas de toda la vida? Más bien al contrario, son las especulaciones financieras de quienes tienen dinero y quieren más todavía, las que pisotean la economía mundial. Todo eso ya lo saben ustedes.
Si no han visto la película tal vez desconozcan que Robert Wise contó con un plantel de actores excelentes: Paul Douglas, June Allyson, Fredric March, Shelley Winters, Walter Pidgeon, Nina Foch (excelente), Louis Calhern, William Holden y mi admiradísima Barbara Stanwyck, y si la película mantiene un nivel medianamente digno es gracias a ellos. Tampoco hay que infravalorar su inicio, cercano al cine negro o determinados aspectos concretos como el desarrollo de las votaciones con su carga de tensiones y motivaciones ocultas. Y para serles, absolutamente sinceros, en ciertas fases del film llegué a buscar puntos de coincidencia con aquella maravilla de Frizt Lang que se llamó Mientras Nueva York Duerme.
Puro espejismo. Al final, la película que rondaba por mi cabeza era La locura del dólar del maestro Frank Capra. Su propuesta optimista para una sociedad americana en crisis me pareció muchísimo más ortodoxa y ajustada a los cánones económicos que esta La torre de los ambiciosos. Capra levantaba los ánimos a un país en bancarrota. Wise levanta a los espectadores de los asientos canturreando..."la abeja Maya bajo el sol"...
Grupo salvaje (1969) por Betomovies
La película está muy bien valorada por el público, no obstante lo primero que tengo que decir de ella es que el metraje es demasiado extenso y que se podrían haber sacado muchos minutos sin alterar en nada la trama.
A pesar de ser uno de los western mejor considerados de todos los tiempos, a mí me dejó insatisfecho, y una de las grandes razones es que por momentos la película me aburrió, hay momentos que son para el bostezo y otros que por el contrario nos regala altas dosis de acción típica de esos tiroteos y pleitos del Oeste. Todo ello en ausencia de cualquier mensaje o trasfondo profundo, o por lo menos yo no he podido encontrárselo. Digo típico western, pero ojo, en esta cinta tenemos un coche a motor y una ametralladora, señal que una era está finalizando para dar comienzo a otra. No obstante esa mezcla no resulta absurda ni mucho menos, sino que es una verdadera novedad al menos para mí. Y hay que saber adaptarse a las novedosas circunstancias.
Esta película se diferencia por la característica que sus personajes no caen el maniqueísmo propio de buenos versus malos, aquí cada uno de ellos tiene un complejo perfil donde hay que poner mucho esfuerzo para encontrar bondad en estos verdaderos anti-héroes sucios, mujeriegos detestables, alcohólicos y aprovechadores. Un clima muy extraño se respira en el filme, sobre todo cuando entramos al territorio mexicano, allí parecería ser que estamos ante una anarquía absoluta, abandonados a nuestra propia suerte donde no podemos fiarnos de nadie. Delincuentes forajidos, caza-recompensas inhumanos que representan en cierto forma la ley, el ejército mexicano de Mapache, los revolucionarios de Pancho Villa; todo una atmósfera sórdida donde rige la amoralidad más cruda.
Las escenas de acción son muy logradas (sobre todo la secuencia final), pero sólo quedan en ello, en un gran despliegue estético y visual, lo cual es admirable pero hasta cierto punto porque luego de un rato ya causan hastío. En aspectos generales la cinta no me resultó dinámica, se tornó bastante densa, aunque sobria en sus alternativas. Cuestionaría por allí que quizás muchos pasajes debieron ser más fluidos y sé que por allí puedo resultar injusto con una película de esta envergadura, pero también hay que pensar en el público que busca efectividad y contundencia sin tantas vueltas inconducentes.
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