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Biutiful (2010) por Aurea García Fernández


El director mexicano al que no sin razón llaman "El Negro" y no por el color de su piel precisamente entró por la puerta grande del cine internacional con su primer largometraje Amores Perros lo cual le permitió filmar en Hollywood la exitosa 21 gramos y Babel con actores-estrellas como Sean Penn o Brad Pitt. En todas ellas contó con la colaboración del guionista también mexicano Guillermo Arriaga que aquí le ha abandonado. Iñárritu explica que en Biutiful se enfrenta por primera vez a una historia lineal en la que los personajes se desenvuelven en un género inexplorado por él: la tragedia, eso dice.

El protagonista, Uxbal, vive en Barcelona con sus dos hijos, ya que la bipolar madre de las criaturas no parece estar capacitada para responsabilizarse de ellos y él, muy enfermo, se dedica a asuntos que no parecen muy legales ni ortodoxos. Los negocios o trapicheos a los que se dedica lo hace para que a sus niños les falte de nada. Así pues nos enfrentamos a una tragedia urbana en una Barcelona marginal y atípica en las antípodas de la postal turística que nos mostró Woody Allen en su "película agradecimiento" por la concesión del prestigioso premio "Príncipe de Asturias".

En Biutiful todo es terrorífico: viviendas insalubres en las que se hacinan los emigrantes ilegales y los nativos marginales, talleres chinos también ilegales y aún más insalubres, policías violentos y corruptos a la mexicana, economía sumergida, mafias sin escrúpulos, avidez empresarial de los supuestamente legales, dramas humanos a mogollón, madres desasistidas, niños que...¿hay quién de más? Qué barbaridad. Esta absoluta falta de contención a la hora de presentar los desastres y miserias humanas es lo que hace que la película no provoque la "catarsis" que Aristóteles exigía a toda verdadera tragedia y de ese modo pierde de paso toda efectividad.

Los planos muy cortos y sobre todo muy cerrados cortan el aire a los personajes aparte la acumulación de mugre pestilente que les rodea (esos manteles de hule años 40 que me pregunto dónde los habrán encontrado) intensificada por una grisácea fotografía "sucia" en consonancia, claro, con lo que se cuenta y a más a más subrayada por una desasosegante música y como no podía ser menos en un imaginario mexicano la presencia de la muerte que hasta el maravilloso mar Mediterráneo que baña la ciudad nos lo muestra como tumba. Muy fuerte, sí.

Y ahora, hablando de otra cosa pero de lo mismo, ¿las reiteradas meadas sanguinolentas de Uxbal sería exagerado interpretarlas como homenaje subliminal a nuestro divertido y genial Almodóvar?, igual me estoy pasando. En fin, proyecto ambicioso que se ve lastrado por ese "tour de force" miserabilísimo y excesivo que debería haber sido aligerado, empezando por su metraje demasiado largo por lo reiterativo de los planos de transición y el añadido de subtemas que aportan poco a la historia principal.

Las interpretaciones actorales son muy buenas pero "porfa", un poquito de comedimiento, que Bardem está muy bien pero que muy bien pero, no hagamos comparaciones absurdas que nuestro Javier es muy bueno ya digo, pero no es Marlon Brando, caramba. Estupenda la actriz de teatro y coreógrafa argentina Maricel Alvarez que desborda credibilidad en su papel de madre desquiciada, pues convence siempre, hasta los niños están bien con lo difícil que es dirigirlos así como todos los demás.

Del sonido prefiero no hablar porque la gente salía indignada del cine hasta el punto de que era un alivio que hablaran los chinos porque al menos con los subtítulos en español te aclarabas. Qué desastre para un director de tantas campanillas, eso sí, la roña y la mugre brillan en todo su fétido esplendor, están cuidadísimas, lástima que no ocurra lo mismo con el sonido. Resumiendo: un dramón desgarrador que se pierde en el exceso.

Copia certificada (2010) por Aurea García Fernández


Me maravilla que haya tantos cinéfilos que se nieguen en redondo a deleitarse con lo distinto, con lo aparentemente sencillo pero en realidad complejo, con el cine no convencional, innovador, diferente, como por ejemplo el de este director iraní creador de la "nueva ola" en su país allá por los años 60. Esta última película de Kiarostami está abierta a tantas interpretaciones que seguro que cada espectador va a tener la suya propia y eso, me parece a mí, es lo estupendo, lo chachi: que te pongan a trabajar la neurona, a discutir con los amigos, a contrastar opiniones, en definitiva a dialogar que es enriquecerse.

He aquí el argumento: el ensayista inglés James Miller está en Arezzo, pequeña ciudad de la Toscana italiana, presentando su ensayo sobre la obra de arte y su copia que según él puede superar incluso al original. Entre el público está la anticuaria francesa, Elle, madre de un hijo adolescente y al parecer muy interesada en contactar con él. El contacto se produce y empieza el tema. Como se ve el planteamiento inicial es sencillo pero, cuidado, porque a medida que avanza la película empiezas a preguntarte ¿qué es esto? pues lo que se ha planteado como una cosa de súbito !plaf! se convierte en otra, !ah,queridos mios! es que estamos hablando de ESO precisamente del "original" y de su "copia" tanto en el arte, como en el amor, como en la vida. Y en fin, ya tenemos el lío montado, no hay que dormirse, hay que espabilar mis muy amados cinéfilos, darle al caletre, al rum-rum de la lavadora como decía Almodovar por boca de la Forqué en la también controvertida "Kika".

El director tiene dicho que su película ideal sería como un crucigrama con espacios vacíos que el espectador debe rellenar y os aseguro que aquí hay muchos pero que muchos espacios de esos lo cual es un problema para aquellos que no gusten de resolver crucigramas porque vamos a ver ¿se trata de una pareja que "finge" no conocerse o son de veras unos perfectos desconocidos que "fingen" o "juegan" a ser una pareja?.Y luego está aquello del "distanciamiento" brechtiano al que Kiarostami parece apuntarse pues también tiene dicho que no quiere que el público se implique emocionalmente que debe ser consciente de que todo lo que ve y oye es un artificio aunque a pesar de ello se emocione !uf!,es que nos pide demasiado, oye. Sí, ya sabemos, el romanticismo es cosa del pasado y ahora estamos en otro rollo, vale bien, de acuerdo, pero sigamos.

Kiarostami es y ha sido siempre un minimalista, un estilista que cuida con pulcritud y maestría cada plano ofreciéndonos siempre unas imágenes bellísimas aquí de forma poliédrica nos va presentando las diferentes etapas del amor:1/ El enamoramiento inicial con el pulular de parejas de recién casados por los diferentes enclaves del precioso pueblo toscano cuyo nombre no retuve.2/ El desgaste representado quizás por la pareja protagonista ¿o su "copia"?.3/ El nuevo intento de seducción con la Binoche repintándose, colgándose unos pendientes, quitándose la ropa en el viejo hostal y 4/ La plácida vejez en la que el amor ya se manifiesta de otra manera y añado yo: fase a la que hoy en día pocos llegan pues el camino, en verdad, es terriblemente arduo y el cambio de roles tan drástico que no todos están preparados para superar tan azaroso camino aunque aquellos que lo consiguen lo disfrutan de veras...o eso dicen.

Piensa el autor que la distinta percepción de la realidad de hombres y mujeres genera esa falta de entendimiento que no deja de ser un "misterio" que él considera necesario en toda relación aunque eso sí en su justa medida, bueno, vale, si él lo dice, él sabrá. Aquí lo que se ve es un recital interpretativo fastuoso de la Binoche justamente premiado en Cannes lleno de matices, de extraordinaria sensibilidad, de gracia, de encanto; su diálogo está lleno de frescura y espontaneidad, sus palabras son vivaces, divertidas, apasionadas, etcétera. Y ¿qué tenemos enfrente?

Pues no a un actor sino a un afamado barítono que el director ha puesto ahí ¿para qué?,¿para subrayar la incapacidad masculina para dejar traslucir lo que pasa por su cabeza o expresar sus sentimientos?, no lo sé pero el aspecto varonil y estupendo del cantante no nos trasmite ninguna emoción, ningún sentimiento (claro que se supone que el personaje es un intelectual anglosajón y ya se sabe) .O sea que cine intelectual, cine culto, de homenajes más o menos implícitos al maestro Rossellini aunque poco o nada tenga que ver la expresiva locuacidad de la Binoche con la desesperación de Ingrid Bergman en Viaggio in Italia por no hablar del dale que te pego de Ingmar Bergman en por ejemplo Secretos de un matrimonio.

Se ha dicho que a partir de Rossellini la cámara deja de ser un testigo mudo de lo que acontece frente a ella para convertirse en una "mirada" y que ya no importa tanto la originalidad de lo que se narra sino que lo que da sentido es esa "mirada" con la que se filma, pues sí, aquí va de eso, de otra "vuelta de tuerca" sobre el eterno tema de la "guerra de los sexos". La han contado muchos de muy diversas maneras y el director iraní que nos ocupa al verse obligado a salir de su entorno habitual y rodar por 1ª vez en Occidente pues le ha apetecido ofrecernos con libertad (en su país no hubiera podido) su "mirada" sobre el tan traído y llevado temita.

En fin una película controvertida con un merecidísimo premio a la interpretación femenina a la que no se le puede pedir más pues la Binoche lo da todo con generosidad y maestría y cuyo tema central el "original" y su "copia" da para tanto que se lo dejo a otro u otra que lo quiera matizar:!ánimo!. En cualquier caso el susodicho "misterio" no se aclara porque decidme los valientes que la habéis visto ¿"por quién doblan las campanas" del plano final?,!ah!.

Vicky Cristina Barcelona (2008) por Francisco Rodríguez Criado


Algunos artistas se aferran al estilo personal que se han labrado durante años, sobre todo si ese estilo goza de gran éxito. Es el caso de Woody Allen, a quien en los últimos tiempos se venía tachando de repetitivo. Para nuestra sorpresa, Allen acabó dando un giro a su carrera al reinventarse a sí mismo con películas notables como Match Point y Scoop, ambientadas fuera de su querido Manhattan. Abundando en esa línea, Vicky Cristina Barcelona es el último intento de Woody Allen de ser menos Woody Allen que nunca, y bien que lo ha conseguido, aunque a muchos no les haya gustado el resultado. La película retrata fragmentos de la vida de varios jóvenes (o no tan jóvenes) que andan en busca de su propia identidad, sobre todo los personajes principales: Vicky y Cristina. Tanto en el cine como en la literatura, son siempre este tipo de personajes en evolución (don Quijote, Sancho Panza, Madame Bovary, Gregorio Samsa…) los que más me cautivan. Y es que, como tienen largas trayectorias personales por recorrer, empiezan la historia siendo una persona y terminan siendo otra muy diferente. Quizá por eso el personaje de la película de Allen que más me atrae es, pese a su discreción, Vicky (Rebecca Hall), y el que menos, María Elena (Penélope Cruz), una mujer extravagante y desquiciada que se muestra así, extravagante y desquiciada, durante todo el filme. Me extrañó la candidatura de Penélope Cruz al Oscar por un papel tan sobreactuado, más propio del histrionismo de Almodóvar que de la irónica filosofía de Woody Allen, y más me sorprende aún que a Pe le hayan dado el premio por una actuación tan poco memorable.