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El baile de los malditos (1958) por El Despotricador Cinéfilo


El inefable Carlos Pumares solía decir que El cazador (Michael Cimino, 1978) era una mala película, lo cual me sorprendía, sobre todo por el razonamiento que daba, pues pontificaba que había dos películas independientes dentro de una misma, las dos magistrales y espléndidas, pero como eran totalmente incoherentes entre sí, hacían de El cazador un mal film.

Me ha venido a la memoria esta cita viendo El baile de los malditos (Edward Dmytryk, 1958), pues comete el mismo error, ya que hay dos películas en una. Por una parte está la protagonizada por Marlon Brando, y por otra bien diferente la de Montgomery Clift y Dean Martin, solo que aquí, a diferencia con el film de Cimino, lamentablemente ninguna parte es espléndida, sino que ambas son tediosas, pretenciosas, edulcoradas e insustanciales se mire como se mire, y por si fuera poco, encima una película larguísima que se acerca a las tres horas, y todo para no contar nada de interés. Se podría pensar que le sobra media hora de metraje, pero no, le sobra por lo menos hora y media a tan sobrevalorada película.

¿Por qué ese interés en contar dos historias que no tienen nada que ver en común, salvo ese forzado y manipulador final que junta a los tres personajes? ¿para qué la parte de Montgomery Clift, que es un refrito descarado de De aquí a la eternidad (Fred Zinnemann, 1953) solo que en ésta Clift está mucho menos convincente y demacrado? ¿por qué añadir historias paralelas si está claro que lo único que importa en la historia de Marlon Brando, que hubiera dado para un film de 90 minutos muy interesante y que probablemente se hubiese convertido en un clásico?.

¿Quién sabe? debe ser que ciertos directores (y más un mediocre como Dmytryk) piensan que cuanto más larga y existencial sea un film mayor valor crítico tendrá, porque esa es otra, le sobre existencialismo a esta película por todos lados, menos mal que la muy correcta y sobria actuación de Brando consigue minimizar vagamente.

Si Dmytryk hubiese sido inteligente, hubiera prescindido totalmente de la inútil e insustancial parte de Clift, pero para más inri y desidia, no exprime adecuadamente a Dean Martin (un excelente actor, en mi opinión no lo suficientemente valorado en la historia del cine) que con más humor e ironía hubiera podido aportar mucho encanto y gracia a la película, haciéndola más amena y entretenida.

Y es que no deja de sorprenderme como ciertos directores no saben acortar sus películas adecuadamente (ahora mismo me viene a la cabeza 2 David Lean: La hija de Ryan (1970) y Pasaje a la India (1984), las cuales si durasen ambas 20 minutos menos hubiesen sido dos Obras Maestras más de su genial autor). Pero está claro que para muchos directores pretenciosidad está unido al termino duración.

De repente, el último verano (1959) por Vircenguetorix


Todos los grandes del cine -y Mankiewicz lo es- tienen algunas películas que están aupadas y consideradas más de lo que son, por el simple motivo que ese autor tiene suficientes obras maestras como para que llegue un momento que sea complicado ser crítico con él con tanta perfección. Eso le pasa a Ford, a Kurosawa, a Godard, a Buñuel, a Lean... a todos.

Es como cuando el empollón de la clase le ponían siempre sobresaliente. ¿De verdad creen que hacía los exámenes tan bien? Pues claro que no, pero la vida es consecutiva y consecuente, por lo tanto causal, y todo se arrastra, lo bueno y lo malo.

De repente, el último verano me parece una obra bastante fallida de Mankiewicz que intenta beneficiarse del contenido morboso de la historia y del prestigio de los guionistas, unido a un colorido y prestigioso reparto para hacer una obra ante todo provocadora. Sin embargo la película va y viene, y son igual de memorables sus excelentes minutos, que los tiene, como los más soporíferos y estridentes, de los cuáles prefiero no recordar.

Hay dos grandes lunares en esta producción. La primera la falta de acierto en el manejo del factor tiempo en el uso cinematográfico. La duración de las escenas no tiene correlación con la evolución de los personajes. Vemos como se insertan ciertos trucos temporales que no funcionan, al más estilo Agatha Christie Como en la última escena, el que parecía cuerdo ahora está loco y viceversa, eso no ayuda en absoluto a la verosimilitud de la película porque esto es cine no teatro, y existen las elipsis.

Además si toda la película se apoya en las interpretaciones para contar la historia de Sebastián, ¿por qué utiliza Mankiewick en toda la escena final una imagines revestidas de blanquecina ensoñación para transmitir el horror? ¿No está acaso seguro del texto, de las interpretaciones o simplemente de la capacidad del público para entenderlo, o de él mismo para hacerse entender? En cualquier caso es fallida, y podemos apuntar que es tan interesante como desagradable, y tan aburrida como impactante. Demasiadas alternancias polares en una película que la censura en España machacó y que ahora podemos visionar íntegramente en DVD.