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Aguas pantanosas (1941) por El Despotricador Cinéfilo

Quizás dada la filosofía que caracteriza a esta web de El Despotricador Cinéfilo no sea el hábitat idóneo para hablar de esta pequeña joya llamada Aguas pantanosas (espléndido film totalmente desconocido por mí hasta hace un par de horas), pero no puedo resistirme a hacer un pequeño comentario quisquilloso.

Aguas pantanosas    

¿Seguro que Aguas pantanosas es de Jean Renoir? ¿En serio Aguas pantanosas está dirigida por Renoir? Porque yo en todo momento he estado viendo una película de John Ford, es decir, una obra fordiana 100%: bailes tradicionales que amenizan la acción, típicas peleas a puñetazos muy al estilo de Ford, música preexistente sacada directamente de Las uvas de la ira, multitud de secundarios fordianos (Ward Bond, John Carradine, Walter Brennan, Walter Huston, Charley Grapewin,…), planos idénticos de otras películas, personajes femeninos muy arquetipos vistos una y mil veces antes en obras del gran director irlandés, etcétera.

Vamos, que solo faltaba algún plano insertado del Monument Valley (algo peliagudo de ocurrir dado que la situación transcurre en el pantano Kefenokee de Georgia). ¿Qué conclusión se puede sacar? Pues muy sencilla, dado que parece una obra de John Ford entonces estamos ante una magnífica y sobresaliente película que entretiene desde el primer minuto.

Decía Orson Welles que antes de dirigir Ciudadano Kane se vio tropecientas veces La diligencia; umm, me parece que no fue el único que lo hizo.

Aeropuerto 75 (1974) por El Despotricador Cinéfilo


Según tengo entendido, en el momento de su estreno Aeropuerto 75 fue vapuleada por la crítica, y no me extraña, pues estamos ante una lamentable secuela de la magistral y muy entretenida Aeropuerto de George Seaton.

Aeropuerto 75 engloba en su interior todos los defectos del cine catastrofista tan típico de los 70 y sería interminable la enumeración de todos sus exasperantes e irritantes toques del peor cine-espectáculo. Pero, a pesar de la mediocridad del resultado final, no pude evitar esbozar una sonrisa constante durante todo el film, llegando, incluso, a gustarme la tremenda exageración con que está planteada.

¿Por qué?, pues sobre todo gracias a la sublime Aterriza como puedas. Pero ¿cómo es posible que una película paródica e hiriente haga más agradable y llevadera la película original parodiada? Pues porque la genial e hilarante comedia de los ZAZ (todo un clásico a reivindicar, dicho sea de paso) hace que cada escena de Aeropuerto 75 sea más entrañable y más simpática por el continuo derroche de escenas tan tópicas y susceptibles de ser parodiadas.

Es más, no sé si intencionada o accidentalmente, Jack Smight aporta a todos los pasajeros del avión un tono muy surrealista, casi kafkiano, empezando por esa Gloria Swanson, autoimitándose de forma magistral y grotesca, y siguiendo con el resto del elenco, a cual más divertido. Incluso me atrevería a decir que todo el reparto es consciente de estar en una comedia más que en un trágico y sobrecogedor film catastrofista. Todos menos Charlton Heston, claro, que intenta tomarse en serio un personaje que roza el absurdo de forma continua.

En fin, cuando un film tan terriblemente malo consigue que desees ver inmediatamente las siguientes secuelas (Aeropuerto 77 y similares) algo bueno tendrá, aunque a veces nos cueste ver lo que es.

La estrella del norte (1943) por Aurea García Fernández


Asombra descubrir que hubo un tiempo en el que en Hollywood se rodaban películas pro-soviéticas en las que los malos-malísimos eran sin lugar a dudas los fascistas como se llamaba entonces a los nazis alemanes y los buenos-buenísimos los comunistas, sí,sí, aunque ahora nos parezca mentira, en serio.

La película nos muestra la Arcadia utópica y feliz de una sencillo pueblo ucraniano en el que conviven fraternalmente camaradas jovenes, maduros y viejos en paz y armonía hasta que la invasión alemana al comienzo de las vacaciones veraniegas de 1941 los pone a prueba y TODOS, toditos, todos dan la talla sin resquicio alguno sin importarles su más que probable muerte convirtiéndose así en héroes y algunos, claro, en mártires de la causa antifascista.

Vista ahora se nos presenta como algo falsa y acartonada aunque no cabe duda de que la reacción de los diferentes pueblos soviéticos ante los nazis fue realmente heroica y ahí está el cerco de Leningrado para atestiguarlo más allá de todo lo humanamente posible. Les pilló desprevenidos pero estaban organizados y lo que es más importante motivados. Niños, jovenes, ancianos, mujeres: todos a una, sin guerras generacionales ni sexistas. Cabe preguntarse, tal vez ingenuamente, ¿qué hubiera sucedido si aquel socialismo utópico no hubiera degenerado en la funesta y mortífera tiranía estalinísta? Preguntas vanas tal vez.

En opinión de muchos no hubo en Hollywood un director mejor formado y preparado que Milestone nacido en Rusia y preparado allí, en Alemania y en Bruselas antes de llegar a la Meca del Cine y trabajar con Mack Sennet o Henry King como fotógrafo, montador, director artístico, guionista, enfín que cuando llegó a la dirección conocía el oficio de la A a la Z y de hecho fue reconocido por la recién inaugurada Academia con un par de Oscars y alguna que otra nominación. Es la época, recordemos, en que los escritores acuden a Hollywood (de entre los nuestros Edgar Neville acompañado por su amante la elegante Conchita Montes anticipo de las Penélopes, Patakis, Vegas, etcétera actuales) a escribir guiones como es el caso de Lillian Helman que firma el de la película que comentamos, aunque al parecer Milestone introdujo los cambios que le parecieron pertinentes con disgusto de ella.

El reparto es muy bueno y destaco a una jovencísima Anne Baxter que ya apunta maneras de gran actriz y el luego protagonista de infinitas películas bélicas Dana Andrews, sobrio como siempre por no hablar del magnífico aunque siempre un puntito histriónico el también director Eric Von Stroheim que encarna como no podía ser de otro modo al brillante y cínico médico alemán que no duda en adoptar prácticas horrendas (reclutar a los niños para trasfundir su sangre a los soldados heridos aunque todos ellos mueren sin remedio, pobres víctimas de la sinrazón adulta) aunque no esté de acuerdo con ellas...ah...pero las practica, mas tranquilos que la justicia poética existe.

El film es antibélico pero parece como si el director pensara que el fin último de toda guerra sea la supervivencia, entonces ¿qué pasa?,¿siempre habrá guerras? No puede ser, de verdad que no lo soporto: alguna vez dejará de imponerse la sinrazón y la locura, vamos, digo yo. Aunque no sé como me atrevo a escribir esto con la que está cayendo por doquier.