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Dejad paso al mañana (1937) por El Despotricador Cinéfilo


No sé exactamente dónde he leído que Leo McCarey es un director no lo suficientemente valorado y reivindicado porque el grueso de su obra pertenece a la siempre infravalorada década de los años 30. Para empezar, habría que decir: ¿La década de los años 30 está poco considerada? Caray, pues no será por el descomunal número de Obras Maestras que se parieron en esa mítica década. Por no hablar de que en esos años se forjó ya definitivamente la narrativa cinematográfica con la consolidación del sonido.


Esto por una parte. Por otro lado, McCarey, que yo sepa, trabajó prolíficamente a lo largo de varias décadas, e incluso diría que mucho más abundantemente en los años 40 (durante los cuales hizo esos lacrimógenos, sensibleros y mediocres films pseudoreligiosos con Bing Crosby). Ahora bien, si hay una obra que parece intocable en la filmografía de este director esa es Dejad paso al mañana.

Y no seré yo quien cuestione la calidad global de esta magnífica película, pero, recapacitando sobre sus virtudes, ¿no será espléndida por su magnífico reparto, su impecable guión y, sobre todo, por la innovadora y original temática que trata, que está siempre vigente en cualquier década y, por eso, aporta un aire tan realista, moderno y actual a un film del año 1937? ¿A dónde quiero llegar? Pues me remito a una célebre frase de Carlos Pumares: “Con un buen guión no hay director que haga una mala película, y con un mal guión no hay director, por muy bueno que sea, que consiga hacer una buena película”.

Por supuesto, en el caso de Dejad paso al mañana es un guión tan magnífico, interesante y actual que hasta la mediocre dirección de McCarey consigue ser más que aceptable (aunque, claro, con semejante historia hasta Roland Emmerich conseguiría realizar una Obra Maestra).  Ahora bien, pensad solo por un momento o, mejor dicho, soñad solo por un momento qué maravillosa película hubiese sido si John Ford o Frank Capra se hubiesen hecho cargo de ella. Uf, dan escalofríos solo de pensarlo. Porque entonces sí que estaríamos ante una película sublime y mucho más disfrutable.

Conclusión: deberían prohibir los guiones e historias excepcionales a directores que son solo meros artesanos. ¿No acabaríamos ganando todos con ello? Seguro que sí.

2012 (2009) por El Despotricador Cinéfilo


Recuerdo que cuando era un chaval (bueno, quizás no tan chaval) fui a ver entusiasmado Independence day, pues el trailer reunía absolutamente todos los ingredientes para que la película me gustase. Y no me gustó; a pesar de algunos aciertos parciales, me sentí rotundamente decepcionado por lo que nos ofreció Emmerich.

Como los seres humanos a veces somos muy tontos y reincidentes, en los años sucesivos volví a caer de nuevo en la misma trampa de este pésimo e insufrible director, es decir, dejarme cautivar por un trailer espectacular y muy jugoso para luego encontrarme con pura bazofia. Ahora bien, en el caso de 2012 ya la desvergüenza clama al cielo. Y eso que todo aquel que va a verla sabe muy bien a lo que se va a enfrentar: un derroche de efectos visuales sobrecogedores y apabullantes que te dejarán sin respiración a lo largo de un insípido y hueco guión.

Pues ojalá me hubiese encontrado eso, ojalá, porque con el guión más insípido, hueco e infantil que pudiera imaginar ya hubiese sido mejor que semejante mierda con la que me topé. Sí, mierda. Sé que no es un adjetivo muy cinematográfico, pero es que no merece otro calificativo. 2012 (solo el título tiene algo de imaginación) es un torrente de topicazos ya vistos, clichés catastrofistas, una exageración desesperante (a algunos hasta les divertirá lo patética y cutre que puede llegar a ser; a mí no, desde luego) y una sucesión continua de retales (deshechos, mejor dicho) de Independence day y El día de mañana para rellenar metraje.

En serio, ¿por qué Emmerich, en vez de torturarnos de forma tan miserable, no va de una vez por todas a un buen especialista a que le diagnostiquen la raíz de ese afán obsesivo que tiene por la destrucción y el desastre global? Él saldrá ganando emocionalmente y nosotros cinematográficamente.

¿Algo destacable en 2012? Pues, sin duda, la simpática y bufona cara de John Cusack, muy consciente de la mierda de película en la que está metido, tomándosela con mucho sentido del humor y resignación.

Starship Troopers (1997) por Hartmann


Las Tropas del Espacio
es una apreciable novela de ciencia ficción del autor Robert A. Heinlem, novela de cariz abiertamente fascista y xenófobo, pero al estilo norteamericano, con la justicia y la "democracia" como banderas.

Décadas más tarde, cierto gamberro apellidado Verhoeven decidió emprenderla con este clásico y parodiarlo de la manera más feroz, poniendo en solfa de paso varios de los vicios del que fue su país de acogida. Así la adaptación admite una doble lectura, primero como simple ejercicio de entretenimiento y segundo como crítica del militarismo más cerril. Y ahí está el problema: como entretenimiento la película es aceptable, pero como crítica fracasa.

Starship Troopers opera por pura exageración. Se toman elementos del original literario, se simplifican, se descontextualizan y se inflan hasta lo imposible: uniformes con reminiscencias nazis, planas interpretaciones, diálogos de parvulario y un incesante llamamiento a la alienación total a través de simpáticos anuncios caen en avalancha sobre el espectador. Pero eso no basta. Una crítica hay que argumentarla, con hechos o palabras, como ya hiciera Lubistch en su magistral diatriba antifascista Ser o no ser.

Por desgracia Verhoeven piensa que con la hipérbole es suficiente, y se equivoca. Si exageras algo para evidenciar sus contradicciones, pero no argumentas tu crítica, te arriesgas a que te tomen por aquello que criticas, no en vano muchos tildan a esta película de fascista, o el pobre de Casper van Dien se empeñó en considerar en una entrevista que el suyo era un papel trascendente en una película seria. Además, cuando una sociedad entra en una dinámica ideológica degenerativa su propaganda se vuelve cada vez más burda, con lo que acaba absorbiendo a su propia imagen distorsionada: cualquiera que haya visto los anuncios reales de reclutamiento del ejército norteamericano encontrará calcos de los anuncios que salpican esta película. Así, lo que era exagerado pierde su causticidad y pasa a formar parte de la "normalidad". Una normalidad que da miedo.

Un ejemplo: si decimos que la grotesca Independence Day ha sido dirigida por Verhoeven y Starship Troopers por Emmerich no faltaría quien dijera que la primera era una parodia genial del ramplón patriotismo yanqui y la segunda pura propaganda fascista, ¡pero las películas seguirían siendo las mismas!

La reiteración de escenas de una violencia brutal y sanguinaria y el "final feliz" contribuyen a que a Verhoeven le pase lo que en su más lograda Robocop: acaba participando de aquello a lo que critica. Lástima de ocasión desaprovechada.

¿Como entretenimiento?: buena partitura de Poledouris, excelentes efectos especiales de naves (menos afortunados los de los insectos) y unas escenas de acción algo ramplonas pero con el ritmo preciso. De ahí (y de las buenas intenciones del director) lo del aprobado raso.

Si no se le pide demasiado, hasta se puede recomendar.