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La Bahía de los Ángeles (1963) de Jacques Demy (por Father Caprio)

En La Bahía de los Ángeles, el ángel en cuestión, es el exterminador del juego. La vida es juego parafraseando un poco y de refilón a Calderón y los sueños son ruletas girando, par y rojo, manque y passe y "rien ne va plus"

Película de Jacques Demy director francés del que tengo algunas otras cosas en cartera, especialmente su galardonada Los paraguas de Cherburgo o la atrayante Las señoritas de Rochefort, También su reconocido primer largo: Lola, Pero ahora fue el turno de Baie des Ánges, uno de esos films que se suelen catalogar como menores pero que en mi modesta opinión son trabajos de formación de su realizador y que sirven para abrir boca, no con bostezos de aburrimiento, no sean mal pensados.

Baie des Ánges es la historia de una pareja (Jackie et Jean) y de una obsesión (la de ella) -y media (la de él)- por el juego. Ludopatía hasta en la sopa. Del 17 que sale las veces necesarias para seguir jugando y acabar perdiendo hasta el rosario de la madre. Del ni contigo ni sin ti, referido al juego. De las playas de la Costa Azul vistas desde los cristales de un Casino, Del amor en los tiempos del "hagan juego monsieurs, madames".

Amigos y residentes en Montecarlo, Niza, Sant Joan Les Pins y en cualquier lugar donde haya una bolita girando traviesa. ¿Y el amor? Esfumándose entre las fichas y martingalas (que, al parecer, es ese cartoncito donde los jugadores anotan los caprichosos números que van saliendo). ¿Se preguntan si acaban perdiendo o ganando? Sé bien que no, la ingenuidad se les perdió como a mi en el camino de las cotidianeidades...

Excelente trabajo de Jeanne Moureau, una actriz que merecería, y lo digo con toda intencionalidad, un ciclo para gourmets y degustadores de buen cine. Se ha dicho que en Baie des Anges, con el cabello peróxidadamente platino, no da esa imagen que forjó a base de "nouvelles vagues". Craso error, Demy está en el género y madame Moureau con sus añitos a cuestas da precisamente la imagen de una realidad que no busca moralinas ni enseñanzas apostólicas, sino la de una mujer rota en sus estructuras y que hace del Casino el templo de su religión. A su lado un Claude Mann practicamente inexperto al que la Moureau se come con "pommes de terre", pero también se trata de eso, de que se lo coma. Él la mira con ojos de deseo (¿Porqué le llaman amor cuando quieren decir sexo?) y ella con ojos de avaricia y al fiado (Money, money....).

Sin embargo el argumento se nos vuelve repetitivo, gira la ruleta, gira il mondo gira... Par y rojo... Changez moi si vous plait. Eso reduce algo mi nota, aunque ese final, donde todo parece y nada es, nos descubre que el director ha dejado que seamos nosotros los que pongamos el colofón a la película.

¡Ah! Y sin olvidar la excelente música de Michel Legrand.

Más críticas de Father Caprio en:
http://www.eldespotricadorcinefilo.com/father-caprio.html

Los paraguas de Cherburgo (1964) por El Despotricador Cinéfilo


Una vez hace ya mucho leí que el legendario productor David O. Selznick dijo que Los paraguas de Cherburgo era uno de los mejores musicales que había visto en su vida, lo cual siempre ha motivado mi interés por verlo y apreciar esas (supuestas) grandes cualidades.

Pues bien, una de dos, o el señor Selznick no había visto muchos musicales en su vida o estaba ya chocheando pues al año siguiente moriría (lo que no está demostrado es que muriese por la indigestión de haberse tragado semejante pastel empalagoso, cursi, relamido y cutre que es esta película).

Y eso que le reconozco un mérito, pues hay que ser muy valiente y original para hacer una película musical sin diálogos y únicamente con canciones una detrás de otra, pero claro, esto solo funciona sin las canciones han sido creado por compositores de gran talento y que por tanto sean magistrales, pegadizas y de gran calidad. Véase el claro ejemplo de Evita (Alan Parker, 1996).

Pero aquí no se sostiene por ningún lado, pues dejando aparte el bellísimo (y justamente famoso, aunque para mí gusto excesivamente afligido) tema principal, toda la partitura musical es de una cutrez apabullante, temas musicales bobalicones a más no poder, y cursilería por los cuatro costados. Y es que claro, Michel Legrand no puede compararse ni por asomo a los grandes y talentosos compositores de Hollywood que nos han legado tantas y tantas maravillosas Obras Maestras en el Cine Musical.

Sinceramente me cuesta creer como tuvo tanta aceptación la música de Legrand en su época, así como también me sorprende que Jacques Demy esté considerado un buen director cuando se demuestra en esta película su mediocridad absoluta, porque ni siquiera es un director correcto o un artesano, es la mediocridad hecha persona.

Y es que ya que te pones a innovar y a crear un musical típicamente francés, por lo menos acuérdate de cuidar el elemento más importante, básico y esencial de cualquier Musical que se precie: el talento de los que lo crean, y es que de eso no andaban muy sobrados dado el resultado final.