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Cuando el remake no es necesariamente peor (2013) por El Despotricador Cinéfilo
Provengo de una generación que desde siempre la palabra remake ha tenido muchísimas connotaciones peyorativas y despectivas, pues algunos de los más infumables y lamentables remakes de la historia del cine se han realizado en las últimas décadas siendo en casi todos los casos los resultados muy inferiores al original.
Y uno podría llegar a pensar que siempre fue así y que los remakes nunca han servido para superar al original cualitativamente hablando y que solo interesa hacerlos por intenciones económicas para volver a hacer negocio con una historia que ya dio muy buenos ingresos en el pasado. Pues bien, eso no siempre fue así, y me lo ha confirmado de nuevo al ver hace unas semanas la espléndida Tu y yo que Leo McCarey realizó con Charles Boyer e Irene Dunne. Todo un clásico del año 39 que el propio McCarey volvió a realizar dos décadas después (con unos inolvidables Cary Grant y Deborah Kerr) que es incluso más emotiva, sentimental y emocionante al ya de por sí magnífico film original.
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Y uno podría llegar a pensar que siempre fue así y que los remakes nunca han servido para superar al original cualitativamente hablando y que solo interesa hacerlos por intenciones económicas para volver a hacer negocio con una historia que ya dio muy buenos ingresos en el pasado. Pues bien, eso no siempre fue así, y me lo ha confirmado de nuevo al ver hace unas semanas la espléndida Tu y yo que Leo McCarey realizó con Charles Boyer e Irene Dunne. Todo un clásico del año 39 que el propio McCarey volvió a realizar dos décadas después (con unos inolvidables Cary Grant y Deborah Kerr) que es incluso más emotiva, sentimental y emocionante al ya de por sí magnífico film original.
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La noche de la iguana (1964) de John Huston (por Father Caprio)
Tennessee Williams fue declarado no apto para el Ejercito durante la 2ª Guerra Mundial debido a su expediente psiquiátrico, su homosexualidad, su alcoholismo y sus problemas cardíacos y nerviosos. Desconozco si se perdió un buen soldado pero estoy plenamente convencido de que se ganó un excelente dramaturgo. Y es que con ese curriculum personal es imposible, a poco que se den determinadas condiciones básicas, no parir obras maestras. Y La noche de la iguana es una obra maestra de la literatura y del teatro. Y también lo es del cine, porque toda la sensualidad, la fuerza y la pasión que asoman en sus paginas, John Huston las hace carne.
Y ahí están las carnes jóvenes de Sue Lyon, al más puro estilo Silvia Pinal tentando a Simón el Estilita, y las carnes sazonadas de una Ava Gardner cuya madurez consigue que nos creamos que el "animal más bello del mundo" está más que nunca a nuestro alcance. Y es que con esos calores y esas féminas de rompe y rasga ¿Cómo no se nos va a ir la olla?. Reverendo Shannon tiene usted toda nuestra comprensión. Y es que por si dos tazones de tal calibre no fuesen suficientes, el diablo Cojuelo le manda la tercera tentación en el cuerpo y forma de Deborah Kerr que, aunque modosita, seria y buena chica como siempre, se deja ver y querer, y hasta tiene su bagaje de fantasias eróticas.
Pero no solo de pan vive el hombre. El film es mucho más que un derroche de sensualidades varias. Es también un retrato de los conflictos personales íntimos de cada uno de los personajes. Instantáneas de sentimientos tanto en clave de humor como en clave de tragedia. Diálogos irónicos y chispeantes. Verdades amargas que no pueden ser silenciadas. Todo ello empapado en sudor. Esos sudores sureños en los que Tennessee se mueve como pez en las aguas de Puerto Vallarta.
Pero puestos a elegir prefiero ( mi admirado paisano diría "un buen polvo a un rapapolvos" lo cual vendría también al caso en esta película) a un Richard Burton entre la teología y la vida loca y a una Ava Gardner esplendorosa, en mi opinión la veteranía superando por goleada a los shorts de Sue "Lolita" Lyon.
Y aunque muchos dirán que las escenas mas destacadas son las que se acompañan de bailes sensuales y baños nocturnos, servidor opina que esa parada del autocar sobre el puente, en respuesta a la pregunta turística de "¿Cómo puede haber personas que coman la carne de semejantes monstruos (las iguanas)?" para contemplar formas de vida humana en plena y hermosa comunión con la naturaleza, es un instante mágico de una película tan intensa como imprescindible.
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