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Punto crítico (1964) de Sidney Lumet (por El Despotricador Cinéfilo)
El quijotesco empeño que tengo hace años de intentar visionar el mayor
número posible de películas de todas las décadas ocasiona que vengan
rachas nefastas de truños infumables que te hagan incluso aborrecer el
cine. Concretamente a mí me estaba pasando con la década de los años 60,
a la cual tenía ya verdadero espanto porque todo lo que veía
últimamente de esa década era un bodrio o un truño peor que el anterior.
Hecho más que sorprendente teniendo en cuenta la inmensa calidad del
cine previo y posterior a esa década. Por suerte, a pesar de las miles
de películas ya vistas en mi vida, siempre existe una película que te
sorprende y compensa, y te hace recobrar la fe en el cine y en que
merece la pena seguir disfrutando del cine de todas las décadas. La
película que ha obrado dicha reconciliación ha sido: Punto límite, una espléndida y sobrecogedora película del mejor Sidney Lumet.
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Una chica cortada en dos (2007) por Aurea García Fernández
!Qué curioso!, hace unos días salía del cine con la sensación de haber estado en un lugar en el que llovían piedras y hoy en cambio que acabo de ver algo muy parecido salgo con la placentera sensación de haber disfrutado de un delicioso convite: buen vino, buenísima comida y mejor compañía:"voilá".
Aquello era New York y Sidney Lumet y esto de hoy es Francia y Chabrol: quiero decir que "charme","gourmet","bon goût" no son sólo palabras. "L´esprit" francés sopla por toda la película de principio a fin, claro está que con tremendas cargas de profundidad chabrolianas, eso sí, sin perder las formas: eso...!jamás!.
El eje como tantas veces la familia pero aquí con connotaciones sociológicas: la protagonista vive en una familia monoparental (su madre, soltera y encantadora, trabaja en una librería importante) con la aparición esporádica de un untuoso y equívoco tío del que sólo sabemos que viaja mucho pero que va a dar pie a un sorprendente y muy chabroliano final mientras que el chico pertenece a una superfamilia de apariencia aristocrática de la muy poderosa e influyente industria farmacéutica.
En medio de estos dos núcleos familiares aparece un tercero en discordia que va a ser determinante en las tragedias que se avecinan: el de la falsa intelectualidad encarnada en la figura de un prestigioso y depravado escritor casado con una muy bella y "comprensiva" esposa que acepta sin mayores problemas a la no menos bella, libertina y eficiente agente literaria y por supuesto amante de su marido: todo como ven encantadoramente francés.
A la atractiva y joven "prota",chica de éxito también que informa en la tele sobre el tiempo no se le ocurre otra cosa (contra todo pronóstico) que caer en las perversas redes del cínico y viejo escritor del que se enamora perdidamente. ¿Podría llamarse a esto "la atracción del mal?", porque al exitoso escritor no hay por donde cogerle: un tipejo en toda regla camuflado bajo los oropeles de la fama y el dinero y muy sobriamente bien resuelto por Francois Berlèand el siniestro director del colegio de "Los Chicos del Coro",¿recuerdan?.Mas la cosa no queda ahí porque a pesar del enamoramiento enfermizo la chica se casa con la otra "perla" de la peli, el esquizofrénico niño rico que también enfermizamente "está por ella" desde la primera vez que casualmente la vió.
La tragedia se pone en marcha pero ya digo con "l´esprit" francés flotando alrededor: nadie pierde las formas ni la "politesse" salvo el joven rico riquísimo que naturalmente tiene que darnos algunas claves para que el espectador se vaya percatando de qué clase de mal le aqueja. La cabriola final con la que nos sorprende el creador de la "nouvelle vague" es digna de él y justifica el título de la película.
Bueno, qué, ¿voy o no voy a "despotricar"?.Enfín, no sé, diría que no es lo mejor de Chabrol que una vez más vuelve a darnos lo de siempre pero ¿qué quieren?:! lo hace tan bien!.
Cuando uno va a ver el cine de Chabrol ya sabe con lo que se va a encontrar: en su última entrega "Borrachera de Poder" ponía en la picota a la judicatura y de paso al feminismo aquí al falso intelectual de éxito y siempre-siempre a la muy hipócrita burguesía francesa: Ya digo,"dejà vu","dejà connu", pero disfrutas tanto con esas vivisecciones cartesianas tan llenas de inteligencia y fina ironía a la par que solvencia que "despotricar" pues,ea, que no me sale y ustedes perdonen.
Antes que el diablo sepa que has muerte (2007) por Aurea García Fernández
Acabo de salir del cine como si me hubiera caído encima una granizada con granizos de medio kilo cada uno y sin embargo...¿podré yo "despotricar" contra esta intensísima y terrorífica última película del grandísimo artesano Sidney Lumet con los 83 años ya cumplidos?
Hay que reconocer que esta primera generación de los televisivos traía el oficio pero que muy bien aprendido aunque tampoco debemos olvidar que cuando Lumet fue llamado para dirigir Doce hombres sin piedad estaba con un taller de teatro para actores y vaya si se nota la extraordinaria dirección de éstos en todas sus películas y por supuesto en la que acabo de ver.
Se trata de Antes que el diablo sepa que has muerto titulo sacado de un brindis tradicional irlandés que dice:"Ojalá estés en el cielo media hora antes de que el diablo sepa que has muerto" y ojito al dicho que tiene muchísimo que ver con el final de la peli, que más parece tragedia clásica que "thriller" contemporáneo porque la visión de la América actual que nos presenta Lumet no puede ser más sombría y desoladora aparte de furiosa, ya digo, granizos como pedruscos te caen encima todo el rato sin darte un segundo de sosiego.
Una vez más es la familia el núcleo en el que sucede todo y !qué familia, cielos! porque si impresentables son los hijos ¿qué me dicen del padre?.de verdad que el veterano actor inglés Albert Finney (por cierto,¿murió?,lo sentiría mucho, siempre me ha encantado) está que lo vierte: la encarnación del mismísimo dios-tronante y vengativo,!qué miradas, qué cara abotargada, qué feroz egoísmo puede llegar a expresar ese rostro despiadado y cruel!,ya digo espléndido.
Por lo que se refiere a sus retoños tampoco tienen desperdicio. El superversátil y siempre excelente Philip Seymour Hoffman encarna al hijo mayor ambicioso hombre de negocios adicto a la heroína (gran standing, claro, no por los sucios retretes) y motor de todo lo que se avecina; creo sinceramente que es imposible hacerlo mejor: andares, movimientos del cuerpo, miradas, gestos, la voz, esas manos por favor que hablan por sí solas: un completo festival interpretativo. Desde la primera imagen en la que aparece distendido en la cama con su mujer de vacaciones en Brasil todo él nos pone sobre aviso de que estamos ante un sujeto de mucho cuidado.
El hermano pequeño, auténtico desustanciado incapaz de afrontar sus obligaciones como padre separado pero muy diligente para cumplir con otras puntualmente todos los jueves sin equivocarse, está magníficamente bien servido por el polifacético Ethan Hawke. Las féminas también cumplen aunque sus personajes sirven tan sólo de contrapunto a estos varones en crisis, estúpidos e irreflexivos, acuciados por la necesidad del ídolo de barro o sea el dinero.
¿De qué "despotricaría" yo?. Pues tal vez de la "fractura temporal" de la narración que a veces puede marearte un poco o de la compleja estructura del guión como consecuencia de lo anterior o de ese final ,ya digo, desmesurado, de tragedia griega pero vamos que todo ello es "peccata minuta" ante la solidez, intensidad, precisión y rigor con que está rodada cada secuencia y ese festín interpretativo que nos deparan todos y cada uno de los actores. Eso sí, el cuerpo molido por la descarga de monumentales granizos durante toda la película.
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