ccc
Mostrando entradas con la etiqueta Lionel Barrymore. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lionel Barrymore. Mostrar todas las entradas
Arsène Lupin (1932) de Jack Conway (por Father Caprio)
Contrariamente a lo que se ha dicho esta no fue la primera vez en que
dos Barrymore (John y Lionel) compartieron escenario. Los años 1917 y
1919 contaron con su presencia teatral e incluso con su hermana Ethel.
Sin embargo, fue en esta producción de la MGM dirigida por Jack Conway:
“Arsene Lupin”, donde la química entre ambos hermanos se traspasa a la
gran pantalla haciendo palidecer inclusive su argumento. Claro que la
sangre no acaba llegando al río y la historia del novelesco ladrón no
desmerece por lo que la película se ve con interés.
Como aliciente adicional, por si el duelo Barrymore no bastase, tenemos algunas escenas claramente identificables como pre-code con una supuesta condesa rusa ligerísima de ropa y encamada desde su primera aparición en la habitación del Duque de Charmerace (John), escena donde las sugerencias y diálogos atrevidos evocan, salvando muchas distancias, el cine del maestro Lubitsch. Su toque cómico tampoco es el famoso toque del alemán pero tiene algunos puntos de coincidencia. Pueden acusarme de herejía cinematográfica pero si ven la película verán que hay algo de verdad en mis palabras.
Pulse aquí para leer el resto de la crítica
Como aliciente adicional, por si el duelo Barrymore no bastase, tenemos algunas escenas claramente identificables como pre-code con una supuesta condesa rusa ligerísima de ropa y encamada desde su primera aparición en la habitación del Duque de Charmerace (John), escena donde las sugerencias y diálogos atrevidos evocan, salvando muchas distancias, el cine del maestro Lubitsch. Su toque cómico tampoco es el famoso toque del alemán pero tiene algunos puntos de coincidencia. Pueden acusarme de herejía cinematográfica pero si ven la película verán que hay algo de verdad en mis palabras.
Pulse aquí para leer el resto de la crítica
Remordimientos (1932) de Ernst Lubitsch (por El Despotricador Cinéfilo)
Creo recordar que fue Pumares en uno de sus míticos programas de radio (allá por finales de los años 80 cuando de niño le escuchaba asidua, respetuosa y apasionadamente) el que dijo que la divertidísima Tootsie a mucha gente no le cuadraba que fuese de Sydney Pollack pues Pollack era más bien siempre el drama (Tal como éramos, Danzad, danzad malditos, Memorias de Africa, etc). No es una caso único, claro está, pues por ejemplo tampoco nadie identifica a Coppola como director de musicales y tiene en su haber esas dos rarezas de Corazonada y El valle del arcoíris.
Todo esto ha reflotado en mi memoria cinéfila al visionar este Remordimientos del gran Lubitsch. Un solemne drama intenso antibelicista y antimilitarismo muy perturbador, hiriente, sumamente trágico, emocionante, reflexivo y demoledor. Y encontrarnos con una obra suya así es, cómo mínimo, desconcertante pues para la amplía mayoría de los cinéfilos Lubitsch es sinónimo de comedia, de la más pura y genuina comedia clásica norteamericana. Pero sí que hizo dramas (sobre todo en su época muda), y algunos de ellos, como este Remordimientos, dirigidos con un firme e impecable pulso narrativo que nada tiene que envidiar a otros renombrados directores de la época especializados en el género dramático.
Y, aunque esta obra de Lubitsch es un film interesante y recomendable no me parece una gran película pues es excesivamente deudora del mítico Sin novedad en el frente que Lewis Milestone realizó dos años antes. Todas las escenas brillantes y destacable de la película ya están filmadas antes en la inmortal Obra Maestra de Milestone, el mensaje es el mismo, la historia es prácticamente la misma (se podría decir que la película de Lubitsch es la continuación de la otra) e incluso hay escenas y diálogos calcados la una dela otra (como por ejemplo esas reuniones de los ancianos en los bares discutiendo sobre las actitudes que deben tener los soldados, la necesidad del soldado de disculparse con la familia del soldado enemigo al que acaba de abatir, etcétera).
De todos modos son dos películas complementarías entre sí, muy influida la una por la otra, que representan un discurso antimilitar y antibelicista de la misma contundencia que el Senderos de gloria de Kubrick. Y, además, para los amantes de esos extraordinarios actores de reparto que inundaron el cine clásico es una nueva oportunidad para deleitarnos del inmenso talento interpretativo del siempre genial Lionel Barrymore.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
