Esta película es la segunda de una trilogía cuya primera parte "Keep the Lights On" presentaba una tormentosa y compleja relación amorosa entre un realizador de documentales y un abogado. En esta segunda parte los dos hombres que forman la pareja protagonista (hay otras en la peli hetero y homo) llevan una relación de casi cuarenta años asentada y equilibrada lo cual les impulsa a tomar una decisión: casarse ya que la nueva legislación se lo permite. El tema de la tercera entrega según el director será el de la amistad entre dos niños uno de ellos gay y su búsqueda de la identidad.
Así pues el comienzo de la película con la alegre celebración de esta boda no puede ser más feliz pero...ellos no contaban con que en Estados Unidos no existen leyes que protejan del despido por la orientación sexual de los trabajadores ya que el estado (ese estado delgadito, delgadito que defienden con uñas y dientes los ultraliberales darwinistas modelo Esperancita A. que, de tan delgadito, enseguida se les contamina de los virus más indeseables y corruptísimos tan...
Que Brian de Palma es un nefasto director de cine es algo que a estas alturas del siglo XXI ya a nadie le puede llegar a sorprender, a pesar de que su nombre, en los años 70, tuvo cierto –incomprensible- prestigio. Sin embargo, hoy en día cualquiera de sus películas resulta tan terrible y rematadamente mediocre que provoca auténtica vergüenza ajena.
Eso sí, al señor de Palma he de reconocerle que siempre se ha sabido rodear de magníficos guionistas y, sobre todo, de excelentes compositores que han sabido embellecer musicalmente sus películas para que parezcan mucho menos malas de lo que realmente son. Pero si hay un caso donde se prueban ambas afirmaciones es, sin duda, en este Fascinación.
Y es una pena, la verdad, pues el ocurrente e ingenioso guión que Paul Schrader escribió daba para una entretenida, sugerente y fascinante película de suspense sin pretensiones. Es decir, en manos de otro director que se limitase solo a filmarla (y no a jugar con la cámara con esos imposibles travellings, desquiciantes y enervantes movimientos a cámara lenta, encuadres rebuscados, inadecuadas y brumosas secuencias oníricas, etcétera) hubiese acabado siendo un entretenimiento interesante con mucho suspense e intriga. No obstante, de Palma destroza el guión sin contemplación ninguna demostrando, una vez más, lo pésimo director que es. Aunque, claro, algo de culpa también tiene Cliff Robertson, como actor, con esa cara inexpresiva, fría, impasible e hierática que muestra durante toda la película.
Eso sí, si la dirección destroza el guión, hay que agradecerle infinitamente a de Palma que tuviese la buena idea de contratar a Bernard Herrmann para la música, pues solo con eso, exclusivamente gracias a esta imponente banda sonora, consigue convertir un film mediocre a rabiar en una película mínimamente aceptable. Excusa decir que Herrmann era la opción más evidente y lógica (al fin y al cabo Fascinación es una especie de remake del magistral Vértigo de Hitchcock). Por tanto, Herrmann se inspira en su emblemática propia obra para Vértigo para crear una de las bandas sonoras más atmosféricas, importantes, imponentes, soberbias, románticas y líricas. Una auténtica Obra Maestra que salva parcialmente, como ya he dicho, el tremendo desatino de este despropósito de película.
Claro que en estos casos siempre hay que recordar lo que decía Adolph Deutsch: “Un compositor es como un empleado de una funeraria, pues no puede hacer resucitar a un muerto, pero lo maquilla lo suficiente para que sea lo más presentable”. Pocos ejemplos más claros de esta afirmación que Fascinación.
Una de dos, o yo cada día soy más astuto o Hollywood ya no sabe engañarnos como antaño. Porque esta Dreamgirls reúne todos los ingredientes para ser un agradable engaño hollywoodiense, es decir, un film tremendamente comercial, entretenido, bien interpretado y con unas canciones excelentes y pegadizas, que te hacen sacar la poca marcha que tengas en el cuerpo.
Entonces, ¿por qué no funciona?, pues por algo muy básico, esencial y primario en el cine: El guión, casi nada.
Y es que a pesar de que estéticamente sea un film impecable, la música sea sobresaliente, los actores estén todos espléndidos (sobre todo Jennifer Hudson, en el que, desde ya, será el mejor papel de su carrera sin duda) no consiguen "disfrazar" un guión que es un refrito sentimentaloide de los peores culebrones venezolanos que te puedas imaginar, eso sí, hecho con todo lujo de medios y de efectivas técnicas cinematográficas, pero ni aún así consiguen disimular la bajeza de un guión tan simplón, insulso y poco original, típico de serial de culebrón cutre.
Probablemente a lo largo de su historia Hollywood nos ha ofrecido productos similares y nos lo hemos tragado, pues el oropel que le rodea nos hace olvidar por completo la esencia y la enjundia que le faltaba, pero en este caso es tan descarado el insulto al espectador, ofreciendo este melodrama tan banal que no se consigue reparar la ausencia absoluta de un guión robusto y convincente.
Por ello, lo mejor es tomarse Dreamgirls como un musical espléndido, disfrutarlo como tal al ritmo de las excelentes canciones y olvidarse que bajo ese magnífico espectáculo musical debería haber un guión, solo así, se disfrutará la película totalmente.
Dream girls, operación triunfo y fútbol americano: Jennifer Hudson
Sirva de pretexto una buena película para unir cosas que bien juntas o bien por separado acaparan la atención de todo el mundo: el cine, la televisión y el deporte.
Estaba viendo el otro día el mayor espectáculo del mundo de la televisión y del deporte, la super bowl cuando volví a ver a la prota de estas líneas. Jennifer Hudson cantando el himno nacional estadounidense antes de empezar el partido y en muchos americanos y en pocos europeos salta a la cabeza esta película en que en principio todo estaba preparado para el lucimiento de Beyonce pero el Oscar a la actriz secundaria fue para Jennifer Hudson, con una voz prodigiosa, en la película le pasa de todo lo malo, la repudian, deja de cantar, tiene un hijo del malo, en fin de todo pero en la vida real tras un inicio absolutamente prometedor: ganadora de american Idol, lo que aquí podríamos traducir como operación triunfo, que en España ganan desconocidos pero que en los USA gana gente como la Hudson, el Oscar pero como decía al igual que en la película le cambia la suerte y de un plumazo asesinan a tres de su familia, la super bowl le sirvió para reaparecer y de paso sacar lágrima.
Pero centrándonos en la película ya que se supone que vamos de cine, si fuésemos de fútbol americano hablaríamos de Kurt Warner, Dream Grils es una muy buena oportunidad de magníficos secundarios, mejor banda sonora y también, claro, de disfrutar de Beyonce.