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Thor (2011) de Kenneth Branagh (por El Despotricador Cinéfilo)

A una película siempre hay que perdirle credibilidad, coherencia y verosimilitud -aunque sea de género fantástico o de ciencia ficción-, pues precisamente la función principal del cine es convencernos y engañarnos (en el buen sentido de la palabra); por muy inverosímil que sea la trama ha de engatusarnos lo suficiente para que todo resulte convincente. Por tanto, no pondré ni un pero a la fantasiosa, espectacular, mitológica y mágica historia de Thor. Ahora bien, cuando nos salimos de los impresionantes y espectaculares efectos especiales, ¿qué nos queda? Pues nos quedan dos apuntes del guión que deberían haberse trabajado más para resultar creíbles y que, al estar tan pobremente resueltos, proporcionan una sensación de vacuidad absoluta.

Por una parte, se entiende que el punto de inflexión de este Thor es cómo pasa de ser un guerrero arrogante, irascible y soberbio a tomar conciencia de sus valores y principios como monarca para así poder asumir su reinado con sabiduría, temple y justicia. Pues bien, ¿cuándo se produce esa transformación?, ¿cuándo toma conciencia de ello?, ¿qué le hace madurar, reflexionar y cambiar hasta volverse una persona digna, humilde y madura? Es inverosímil totalmente. En un momento determinado de la película es arrogante, impetuoso, irresponsable y orgulloso y, al segundo siguiente, ya ha evolucionado lo suficiente para tomar conciencia de lo que es correcto y de cómo debe obrar a partir de entonces. ¿Cómo es posible que Branagh, con el historial de personajes shakesperianos que tiene a sus espaldas, no repare en lo endeble de esa parte esencial del guión? ¿Cómo nadie se da cuenta de lo ridículo que resulta ese brusco cambio de personalidad sin motivos suficientes salvo la supuesta muerte de su padre? Todo es precipitado, acelerado y resuelto sin ganas, como si lo único que importase fuera acabar cuanto antes con ello para así mostrar una nueva remesa de impactantes y violentas escenas de acción.

Eso por un lado. Por otro lado, la pueril historia de amor entre Thor (Chris Hemsworth) y Jane Foster (Natalie Portman) está resuelta con la misma dejadez y pobreza. ¿Cómo es posible que se enamoren habiendo convivido juntos solo unos minutos y que ese amor sea tan fuerte y poderoso como para arrastrar toda esa pasión y dedicación incondicional entre ambos? Puedo entender una evidente atracción física, pero de ahí a ese amor tan forzado y rebuscado... Resulta increíble. Por no hablar de lo ridículos, vergonzantes y absurdos que son los diálogos entre ambos.

¿Tan difícil es trabajar en profundidad y pulir un poco más los guiones en las películas de superhéroes de modo que las puedan disfrutar tanto los niños como los adultos? ¿Tan difícil es seguir la estela de los Batman dirigidos por Christopher Nolan? Solo pido eso: madurez y solidez en los guiones, solo eso.

La huella (2007) por El Despotricador Cinéfilo


Soy consciente de que el gran cariño que desde siempre he procesado a La huella (la original, la buena, la Obra Maestra de Mankiewicz) puede haber hecho que me haya enfrentado a este remake con ojos recelosos y un poco subjetivos, pero no lo creo, pues estaba considerablemente motivado ante la espectativa que suponía esta nueva versión, ya que tenía bastantes puntos a su favor.

Por una parte, estaba la curiosidad por saber cómo había adaptado Harold Pinter la famosa obra teatral de Anthony Shaffer (tan magistralmente adaptada por él mismo en la película de Mankiewicz); por otra parte, teníamos a Michael Caine en el papel de Andrew Wyke (35 años después de su inmortal actuación como Milo Tindle) y ver a Caine es poder disfrutar de uno de los 10 mejores actores del mundo (sin discusión posible); y finalmente, me intrigaba qué podía haber hecho (en otros tiempos genial) Kenneth Branagh como director.

Pues bien, no necesité ni 10 minutos de película para que todas mis ilusiones se quebrarán y mi decepción fuese absoluta. De todas las posibles adaptaciones de la fabulosa obra teatral esta es, posiblemente, la peor de todas. Y realmente me duele, porque es un texto al que tengo un gran aprecio y cariño. Cierto que, como siempre, Michael Caine es un actor tan espléndido que salva cualquier mediocridad, pero eso, al menos para mí, no es suficiente.

Un claro ejemplo de mala adaptación es cómo han comprimido los 140 minutos de la película original en unos lamentables 84 minutos, perdiéndose toda la gracia, el encanto de los diálogos, el juego detectivesco, el desarrollo que se necesita para la intriga y las continuas sorpresas; en definitiva, se han cargado la pura esencia del film original. Por otra parte, tenemos a un Jude Law que palidece continuamente al lado de Caine; por supuesto que ningún actor joven puede equiparse interpretativamente a Caine, pero la actuación de Law es tan lamentable como patética (de vergüenza), más aún con el jugoso caramelo que supone este papel para cualquier actor.

Después de visionar remakes como estos, dan ganas de dar un salto e ir corriendo a por el DVD de La huella original para que dos genios de la talla de Laurence Olivier y Michael Caine nos demuestren, por enésima vez, lo grande que es el cine sin necesidad de tanto artificio superficial.

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