Bailar y aburrirse en la oscuridad
Francisco Rodríguez Criado
Bailar en la oscuridad fue una de las sensaciones cinematográficas del año 2000. Como suele ocurrir de vez en cuando, los críticos fueron incapaces de ponerse de acuerdo respecto a las cualidades y carencias de la película, algo que quizá alegrara al propio director del film, el astuto Lars von Trier, que nos ofreció su trabajo bajo la etiqueta de cine independiente. (La moda, últimamente, consiste en apedrear al cine estadounidense por su comercialidad).
Confieso que no me gusta el tratamiento minimalista que von Trier da a la cámara en este caso, que la película me parece rebuscadamente sórdida, que el omniscente personaje de Selma (Björk) acaba por resultarme cargante; pero por otro lado, aunque resulte contradictorio, alabo la estructura original de este drama musical. El guión, muy sólido, recuerda a los buenos guiones de cine clásico; el giro en el argumento, tan esperado como necesario, se produce cuando a Selma le roban el dinero que ha ahorrado a base de tantos sacrificios. El drama, a partir de ese momento, prosigue en la misma dirección, aunque escoge otro camino más abrupto.
Huelga decir que no es una película para eso que ha venido a llamarse espectador de palomitas, ese ciudadano tan vapuleado en estos tiempos que ve con cierto pasmo cómo otro tipo de espectador, el pseudo-intelectual, eterno adicto a hacerse notar, la ensalza incluso antes de entrar en la sala.
Von Trier, con su transgresor concepto del cine, incita a la polémica. Lo suyo es el cine independiente, las películas de bajo presupuesto, el rechazo al todopoderoso Hollywood… Sin embargo, no pone ningún reparo a la hora de aprovecharse de la fama de la fabulosa Catherine Deneuve o de la no menos conocida cantante Björk. Jugar a dos bandas. Ese podría ser su filosofía.
ccc
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En tierra hostil (2009) por Maximilian
Por un lado tenemos la historia de Avatar que nos cuenta como un grupo de humanos al mando de una corporación intenta extraer un valiosísimo mineral encontrado en el suelo de un planeta lejano llamado Pandora, para esto deben expulsar a los nativos Na´vi de su suelo sagrado a costa de lo que sea, una vez fracasado su intento de aculturalización proceden a usar la fuerza bruta para expulsar a los nativos. Los Na´vi con la ayuda de un grupo de humanos disidentes, todos al mando de un militar humano que decidió abrazar la cultura Na´vi, deciden iniciar un combate contra las fuerzas imperialistas, solo con la ayuda que les brindará su simbiosis con la naturaleza podrán tener una oportunidad.
Por otro lado tenemos la historia de The hurt locker (En tierra hostil) que nos cuenta los pesares de un escuadrón antibombas en Iraq, nos cuenta todo lo que tienen que atravesar para poder hacer su trabajo en un lugar donde son intrusos y donde toda cara es posiblemente la de un enemigo. Al inicio de la película ya podemos ver la muerte de un miembro del escuadrón, su líder de hecho, lo que pretende demostrarnos que la experiencia y pericia no es garantía de supervivencia en la Iraq ocupada, se plantea sobre todo el caos donde “la suerte” tiene su enorme cuota de influencia a la hora de vivir o morir.
En esta película el soldado es humanizado mostrándonos todas sus miserias, se lo muestra como una victima más de la guerra, y si llegase a sobrevivir a la misma seria para volver a casa a estar muerto en vida, con un hogar roto y una vida sin sentido.
Creo que huelga decir lo que voy a poner a continuación pero tengo ganas de escribir así que ahí vamos.
Tenemos a Avatar donde los militares imperialistas son malos, son de hecho unos terribles hijos de puta sin piedad, solo se mueven al mando de quien dicte las ordenes como si de piezas de ajedrez se tratase, sin corazón ni raciocinio, solo maquinas de guerra en un cuerpo humano, matarían niños en un orfanato si se los ordenase, no hay moral, no hay corazón, solo hay obediencia.
Después tenemos The hurt locker donde el soldado protagonista en una escena se hace amiguito de un niño iraqí vendedor de DVDs piratas, un soldado que es victima de su adicción a la adrenalina que le provoca desarmar bombas, claro el buen soldado no mata sin que le disparen, el solo desarma bombas ¡salva vidas! Además por culpa de la guerra ya no se siente pleno al lado de su familia, solo es feliz en el campo de batalla.
La película es una dura crítica a la política imperialista norteamericana que ocupa cuanto territorio le convenga, la otra se muestra a los norteamericanos como una victima más de “la guerra” (que ellos provocaron…).
Una película te hace pensar sobre nuestros nativos (yo soy de Argentina y al igual que en U.S.A. en mi país se los exterminó) y el mal que hicieron nuestros antepasados, nos hace replantear temas de actualidad como la devolución de tierras a los pueblos originarios. La otra película te quiere hacer pensar que los soldados invasores son humanos que sufren al igual que sufren los invadidos, claro, no te plantean que ellos decidieron acudir a un territorio invadido, que de ellos es responsabilidad lo que les pasa, no te plantean que el invadido no tuvo opción, que no le queda otra que encontrarse con gente que no habla su idioma, que no tiene su cultura, que arraso con sus ciudades, que mato a sus padres y hermanos, que portan armas y los miran como si fuesen ellos los que no tienen derecho a estar ahí.
El gobierno Norteamericano es conocido por manipular los medios, por hacer todo lo que este en su poder por torcer la mente de sus gobernados, por interesarle muchísimo la opinión publica. Muchachos, Avatar no iba a ganar nunca, nunca tuvo oportunidad, La Academia no es una excepción a los medios en control del gobierno norteamericano.
La roca (1996) por El Despotricador Cinéfilo
A pesar de los muchísimos años transcurridos desde su estreno, tengo aún muy vivo el recuerdo de La roca, pues es una de las películas que más me ha decepcionado (como siempre me crispa y decepciona Michael Bay). Pero en este caso dicha decepción es más triste, pues hasta cierto punto la película me estaba resultando atractiva y, lo que es más importante, me estaba entreteniendo.
La roca tiene un guión divertido, ocurrente, simpático y muy majo, quizás porque desde el principio no se toma en serio a sí misma y solo quiero ofrecer un entretenimiento veraniego sin grandes pretensiones, vacuo y pueril. Si además aportamos el carisma y la solvencia de actores como Nicolas Cage (en el mejor momento de su carrera, recién salido de ganar un Oscar), Ed Harris (muy convincente a pesar de lo esteriotipado de su papel) y del mítico Sean Connery, pues el cocktail es ya perfecto.
Incluso, hasta cierto punto, las escenas de acción de La roca son impecables y divertidas, como la ingeniosa (aunque muy inverosímil) fuga de Connery del hotel. Pero de repente todo el tono bufón desaparece, y sin darnos cuenta nos vemos enfrascados en una trepidante persecución de coches por San Francisco (¿existe alguna película que transcurra en San Francisco que no haya persecuciones de coches?) y lo que podría haber sido una correcta escena de acción se convirtió, a mi juicio, en un punto de inflexión en el film, paso de una película aceptable a… quién sabe qué.
Dicha persecución es un interminable y cansino uso (y abuso) del plano/contraplano, de fragmentar el montaje en miles de fotogramas diferentes y de otorgar tan embarullamiento mental que descoloca por completo al espectador. Por si fuera poco, además, dura muchísimo y en todo ese metraje no consigue imponer nada de ritmo acelerado y vertiginoso, que es de lo que se trataba. Y lo que es peor, a partir de ese momento la película empieza a tomarse en serio a sí misma, y el paródico y entretenido espectáculo ofrecido hasta entonces desaparece, pues pasa de tener un ritmo apropiado a una sucesión inadmisible de escenas muy apresuradas, histéricas, atropelladas, desenfrenadas, ridículas y muy histriónicas.
En momentos así siempre pienso en Uno, dos, tres (1961, Billy Wilder), decir a estas alturas que Uno, dos, tres es una de las comedias más divertidas y geniales de toda la historia del cine es innecesario, pero es que además la magistral película del Maestro Wilder demuestra lo que debe ser el ritmo en el cine. Es decir, para obtener una película rápida, dinámica, con ritmo y mucha velocidad no necesitas fragmentarla en tropecientosmil planos y abusar del montaje, es mucho más sencillo, basta con saber dirigirla.
Pero claro, no debe ser tan fácil eso de ser un buen director, pues Michael Bay (y tantos otros) se van siempre a lo facilón y a bombardear visualmente para así intentar engañar al espectador. Y, aunque sea solo cine palomitero y de escapismo para un público adolescente poco exigente, no es excusa para engañar la inteligencia de la audiencia.
Contact (1997) por Betomovies
Ágil y dinámica cinta de ficción que escarba en la eterna y trascendental búsqueda de respuestas por parte de la humanidad: ¿estamos solos en el universo? ¿existe un ser superior y creador?.
Siempre en un tono bastante sólido apoyado en teorías físicas y sin enredarse en fundamentaciones filosóficas ni abundar en acción repleta de efectos especiales, la película basa sus alternativas en la contrastante oposición entre la ciencia y religión para dar claridad a las intrigas más llamativas de la raza humana.
Además Jodie Foster brinda una contundente interpretación de una científica obcecada con encontrar evidencias sobre lo desconocido.
Una película sencilla en sus planteos, directa en sus intenciones, efectiva a la hora de entretener y valiosa debido a que su argumento abunda en lo sugerido sin mostrar tanta parafernalia extraterrestre.
Claro que por allí el filme tiene algunos baches lógicos o inclusive puede que resulte previsible en algunos pasajes, pero es una digna opción para dar rienda suelta a los poderes de la investigación científica, para reflexionar sobre los alcances de los dogmas religiosos referentes al principio de todo, o para fantasear con las posibilidades que nos brinda la ficción sobre cómo podría llegar a ser nuestra eventual interacción con seres superiores.
PD: si bien hay poco despliegue de efectos visuales, hay que disfrutar de los momentos donde se produce el contacto, imágenes fascinantes donde el colorido y lo sobrenatural cautiva desde lo meramente estético.
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