ccc
Mostrando entradas con la etiqueta Lars von Trier. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lars von Trier. Mostrar todas las entradas
Melancolía (2011) de Lars Von Trier (por Aurea García Fernández)
Y eso es lo que yo querría destacar aquí es decir que el universo poético de von Trier está por encima de él, se le escapa de las manos, le salen las cosas de esa extraña manera a su pesar y en ese sentido tiene algo de Oráculo de Delfos, de profeta y claro un poquito te pone los pelos de punta, te irrita, te desasosiega pero también te deslumbra por lo innovador de su lenguaje, por el discurso tan a contracorriente aunque naturalmente con las raíces en lo anterior especialmente en el cine nórdico. Pero vayamos con MELANCOLIA.
A mi corto entender esta última entrega del director danés es quizás lo mejor que ha hecho hasta ahora, su película más redonda aunque naturalmente no exenta de defectos por ejemplo la segunda parte se alarga un pelín, yo diría que nos diez o doce minutos, menos la habrían favorecido. Melancolía es un planeta mayor que la tierra que va a chocar con ella e inevitablemente la va a destruir. Es curioso como estos directores nórdicos (Bergman sería un ejemplo) tan agnósticos e indiferentes desde el punto de vista religioso recurren en sus películas persistentemente a una iconografía bíblica o mitológica cuanto menos chocante. Aquí por ejemplo nos encontramos con una interpretación "sui generis" del Apocalipsis.
Lo que podría ser considerado como un prólogo nos subyuga desde la primera imagen rodada a cámara lenta con la acertadísima música wagneriana que nos arrastra y nos mete en la pantalla sin concesiones: estás atrapado sin más, lo que se dice absorto, efectivamente subyugado. Después de este bellísimo prólogo que según el derrotero que toma la película pareciera cabo suelto pues no, cuando acaba comprobamos que es justo un total acierto que te da las claves para entender todo lo que sucede a continuación.
Von Trier se vale de este bellísimo prólogo y de los dos actos que le siguen, el primero una boda que naufraga y el segundo una vida que desaparece para poner en cuestión los vacíos referentes culturales, sociales personales y hasta económicos de la Europa del siglo XXI.
En la primera parte de este díptico Trier nos muestra un fresco coral repleto de personajes a los que dibuja con mano maestra con unos pocos trazos(no hacen falta más) que los retratan con precisión y profundidad no exenta de ironía. Conjura de necios que sin demasiada estridencia hace saltar por los aires sin el menor asomo de ideología poniendo en evidencia la vacuidad de sus contenidos es decir su disolución.
En el segundo acto Trier cambia de tercio y entra en el terreno de lo solemne, de lo íntimo, en la silenciosa espera de lo inevitable y consigue con sus maneras inesperadas elevar la fatalidad interior de cada personaje a sentimiento universal sin catarsis posible todo ello sostenido con una serenidad y una fascinación indescriptibles.
Cine enigmático, perturbador, poderoso que te atrapa desde el primer instante con ese ejercicio de virtuosismo visual tan subyugador como desasosegante. A destacar el buen uso de la música que colabora a toda esta aventura apocalíptica y el acierto de los escenarios con un toque diría yo romántico, así como el excelente casting que nos deleitan con sus inmejorables interpretaciones.
Más críticas de Aurea García Fernández en:
http://www.eldespotricadorcinefilo.com/aurea-garcia-fernandez.html
Bailar en la oscuridad (2000) por Francisco Rodríguez Criado
Bailar y aburrirse en la oscuridad
Francisco Rodríguez Criado
Bailar en la oscuridad fue una de las sensaciones cinematográficas del año 2000. Como suele ocurrir de vez en cuando, los críticos fueron incapaces de ponerse de acuerdo respecto a las cualidades y carencias de la película, algo que quizá alegrara al propio director del film, el astuto Lars von Trier, que nos ofreció su trabajo bajo la etiqueta de cine independiente. (La moda, últimamente, consiste en apedrear al cine estadounidense por su comercialidad).
Confieso que no me gusta el tratamiento minimalista que von Trier da a la cámara en este caso, que la película me parece rebuscadamente sórdida, que el omniscente personaje de Selma (Björk) acaba por resultarme cargante; pero por otro lado, aunque resulte contradictorio, alabo la estructura original de este drama musical. El guión, muy sólido, recuerda a los buenos guiones de cine clásico; el giro en el argumento, tan esperado como necesario, se produce cuando a Selma le roban el dinero que ha ahorrado a base de tantos sacrificios. El drama, a partir de ese momento, prosigue en la misma dirección, aunque escoge otro camino más abrupto.
Huelga decir que no es una película para eso que ha venido a llamarse espectador de palomitas, ese ciudadano tan vapuleado en estos tiempos que ve con cierto pasmo cómo otro tipo de espectador, el pseudo-intelectual, eterno adicto a hacerse notar, la ensalza incluso antes de entrar en la sala.
Von Trier, con su transgresor concepto del cine, incita a la polémica. Lo suyo es el cine independiente, las películas de bajo presupuesto, el rechazo al todopoderoso Hollywood… Sin embargo, no pone ningún reparo a la hora de aprovecharse de la fama de la fabulosa Catherine Deneuve o de la no menos conocida cantante Björk. Jugar a dos bandas. Ese podría ser su filosofía.
Francisco Rodríguez Criado
Bailar en la oscuridad fue una de las sensaciones cinematográficas del año 2000. Como suele ocurrir de vez en cuando, los críticos fueron incapaces de ponerse de acuerdo respecto a las cualidades y carencias de la película, algo que quizá alegrara al propio director del film, el astuto Lars von Trier, que nos ofreció su trabajo bajo la etiqueta de cine independiente. (La moda, últimamente, consiste en apedrear al cine estadounidense por su comercialidad).
Confieso que no me gusta el tratamiento minimalista que von Trier da a la cámara en este caso, que la película me parece rebuscadamente sórdida, que el omniscente personaje de Selma (Björk) acaba por resultarme cargante; pero por otro lado, aunque resulte contradictorio, alabo la estructura original de este drama musical. El guión, muy sólido, recuerda a los buenos guiones de cine clásico; el giro en el argumento, tan esperado como necesario, se produce cuando a Selma le roban el dinero que ha ahorrado a base de tantos sacrificios. El drama, a partir de ese momento, prosigue en la misma dirección, aunque escoge otro camino más abrupto.
Huelga decir que no es una película para eso que ha venido a llamarse espectador de palomitas, ese ciudadano tan vapuleado en estos tiempos que ve con cierto pasmo cómo otro tipo de espectador, el pseudo-intelectual, eterno adicto a hacerse notar, la ensalza incluso antes de entrar en la sala.
Von Trier, con su transgresor concepto del cine, incita a la polémica. Lo suyo es el cine independiente, las películas de bajo presupuesto, el rechazo al todopoderoso Hollywood… Sin embargo, no pone ningún reparo a la hora de aprovecharse de la fama de la fabulosa Catherine Deneuve o de la no menos conocida cantante Björk. Jugar a dos bandas. Ese podría ser su filosofía.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)