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Millennium 2: La chica que soñaba con una cerilla (2009) de Daniel Alfredson (por El Despotricador Cinéfilo)
Creo que fue en el Verano del 2009 cuando me leí compulsivamente, al
igual que otras muchas millones de personas en el mundo, la famosa y
voluminosa trilogía de Millenium de Stieg Larsson y que me
encandilo el fenómeno de culto y la mitología social que se formó
alrededor de estos inesperados best-sellers suecos.
Ya entonces, a pesar de ser una novelas netamente muy cinematográficas,
no hacía más que pensar lo dificilísimo que sería adaptar al cine cada
una de ellas por el evidente problema de comprimir miles de páginas a la
duración habitual de un largometraje. Condensar todo lo que se contaba
en los libros era misión más que imposible para cualquier guionista y,
sobre todo, capturar la esencia que se exhala de cada uno de ellos era
toda una hazaña de contención. La cuestión es que, sorprendentemente,
cuando salió la versión cinematográfica de la primera novela, Los hombres que no amaban a las mujeres,
me sentí muy complacido y satisfecho con el resultado final (tanto la
versión sueca como la posterior adaptación de David Fincher), siendo
ambos un film muy digno que sabía respetar, atrapar y sintetizar la
naturaleza del libro.
Por tanto, al enfrentarme a la segunda adaptación, Millennium 2: La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina,
confiaba que sabrían confeccionarlo de nuevo aceptablemente bien y que
aportase toda la escabrosidad, morbo, terror, intriga, truculencia y
violencia que destilaba ese segundo libro. Es evidente que no.
Sinceramente no me importa que de un zarpazo hayan eliminado por lo
menos un 70% de todo lo que explica la novela (por ejemplo ninguna
referencia a la corrupción policial, la crítica a los medios de
comunicación, la desaparición de personajes muy importantes y tramas
secundarias de vital importancia, etcétera). Eso no me disgusta, de
hecho es algo necesario en cualquier adaptación cinematográfica. Lo que
de verdad me irrita es que no han querido, o no han sabido, profundizar
nada en la trama escogida para la narración (centrada exclusiva y
absolutamente en el personaje de Lisbeth Salander) .
Si un guión no profundiza en un personaje acaba resultado todo cojo,
inconexo, incoherente y hasta absurdo. De nada sirve la buena y correcta
interpretación de Noomi Rapace en este jugoso papel si no se desarrolla
como debe. Media hora más de duración de película la hubiese
beneficiado considerablemente, pues habría ganado entidad y coherencia a
toda la trama principal donde se dejan muchos puntos sin explicar (como
por ejemplo los miedos nocturnos a los fantasmas que padece el gigante
rubio y que le hace huir en la parte final de la película). A veces una
duración excesiva en una película es un suplicio para el espectador,
pero en este caso hubiese sido una bendición si el metraje hubiese sido
mayor.
Zodiac (2007) por El Despotricador Cinéfilo
Nunca deja de sorprenderme cómo los cinéfilos (o determinados cinéfilos), cuándo nos gusta mucho una película, le cogemos inmediatamente un gran cariño y afecto al director, hasta el punto de disculpar y justificar los engendros cinematográficos que dirija a partir de entonces. Por supuesto, estoy hablando de David Fincher y de la mítica película Seven.
Seven nos cautivó, emocionó, sobrecogió y sorprendió tanto en su día que subimos a los altares (de forma indebidamente apresurada) a su director. Y desde ese momento fuimos, o por lo menos yo fui, justificando cada nueva película como si fuera hija legítima de su talento y digna sucesora de Seven. Hasta aquí bien, hasta aquí se puede tolerar, incluso pueden verse aciertos parciales en films tremendamente fallidos como The game, La habitación del pánico o El curioso caso de Benjamin Button, o incluso en películas muy notables como El club de la lucha.
Ahora bien, seamos justos: si Zodiac no fuese de Fincher, ¿tendríamos algún reparo en pontificar que estamos ante un bodrio soporífero e inaguantable? Yo, al menos, no. Es difícil (francamente difícil) encontrar alguna virtud en este film. Más aún, es irritante porque el punto de partida es muy interesante y podría haber sido un thriller intenso y emocionante en manos de otro director. En cambio, solo encontramos una película donde el tedio se apodera del espectador desde el primer minuto (y lo que es peor: el metraje es de muchísimos, demasiados, minutos), con unos buenos actores desaprovechados (es sangrante el poco jugo que le saca al personaje de Robert Downey Jr.) y, sobre todo, una arritmia narrativa vergonzosa que no solo no hace despegar el film, sino que lo estanca una y otra vez.
He leído, escrito por los defensores acérrimos (e irracionales) de Zodiac, que su mayor virtud es que está contada como un documental minucioso, exhaustivo y escrupuloso basado en la labor policial. Si esto es así, ¿por qué entonces cualquier documental real, ya sea de investigación policial o periodística, es más entretenido y emocionante que el film? No justifiquemos más, es simplemente mala y fallida, y ya está. Al fin y al cabo errare humanum est, solo que Fincher yerra más de lo que sería aconsejable.
El curioso caso de Benjamin Button (2008) por Francisco Rodríguez Criado
La biografía a la inversa de Benjamin Button
Ideas
En el cine y en la literatura a veces no es tan importante la originalidad de una idea como la eficacia de su puesta en escena. Me estoy acordando de aquella greguería de Ramón Gómez de la Serna que se limitaba a reproducir con cruel sorna lo que todos hemos pensado en alguna ocasión: "Los que matan a una mujer y después se suicidan deberían variar el sistema: suicidarse antes y matarla después".
Con la película El curioso caso de Benjamin Button (David Fincher) sucede exactamente lo mismo. El argumento se atiene a un lugar común que ha circulado entre los inventores de utopías como automóviles por una autovía: la conveniencia de empezar la vida como ancianos para acabar nuestros días como bebés. Yo mismo he recibido algún que otro archivo multimedia sobre esta "utopía" años antes del rodaje de la película.
La idea de El curioso caso de Benjamin Button, ya digo, no es demasiado original, supongo que menos incluso que el cuento de Scott Fitzgerald (escrito en los años 30) en que está vagamente basada, con guión del prestigioso Eric Roth (El hombre que susurraba a los caballos, Munich, Forrest Gump….).
En fin, tenemos al bueno de Benjamin, que nace con ochenta años y conforme va pasando el tiempo se va haciendo más y más joven mientras el resto de la humanidad, qué remedio, envejece a la manera tradicional. De ahí que nuestro personaje convalezca de sus achaques a los cinco años de edad para acabar subiéndose a los tejados, cual niño rebelde, ocho décadas después.
¿Da esto para una buena película? Pues según se mire. La reacción del público ha sido cualquier cosa menos unánime. Yo al menos solo escucho críticas extremas: o muy positivas o muy negativas (estas últimas, seguramente porque la película ha traicionado las expectativas: venía con la vitola de "oscarizable". Demasiado oscarizable: trece nominaciones, ni más ni menos).
Una historia rocambolesca
La historia, que tiene resonancias de ciencia ficción, se nos presenta sin embargo ajena al género. Y uno se pregunta: ¿cómo es posible que un hombre viva "hacia atrás" –algo inusitado en la historia de la humanidad– y todos cuantos están próximos a ese hombre –familiares, amigos, una novia sui géneris (Cate Blanchet)–, terminen aceptando esa condición como algo biológicamente normal? ¿Podría imaginar el lector de este artículo el revuelo que esa circunstancia anormal (o más bien paranormal: más paranormal que los ovnis o la telequinesis) causaría en la vida real en el Planeta Tierra? Esos detalles no se cuidan en la película. Es como si pagar la entrada del cine nos obligara a tener la misma fe en la historia que nos cuentan que un devoto dominical en los milagros marianos…
El argumento, en fin, se sostiene en el aire.
Y, entonces, si desconfiamos de ese elemento narrativo, de gran peso en el desarrollo de la película, ¿por qué habríamos de creernos todo lo demás?
Parece que los responsables de El curioso caso de Benjamin Button lo hayan apostado todo por un caballo al que presumen ganador (Brad Pitt), conscientes de que llega un momento en que el espectador se abandona y acaba no solo aceptando sino también agradeciendo –especialmente el público femenino– que este vaya "guapeándose" y rejuveneciendo conforme avanzan los minutos (en este caso, "minutos" equivale a años e incluso décadas).
Dejando a un lado estas incongruencias (inaceptables, insisto, teniendo en cuenta que la película, pese a todo, no está abonada al género de la ciencia ficción), El curioso caso de Benjamin Button tiene momentos nada desdeñables: tiernos, humorísticos, dramáticos, aventureros… Ofrece, además, una visión poco habitual en el cine de estos tiempos: el retrato de toda una vida, al modo de las novelas del XIX, adictas a diseccionar la biografía de un personaje desde sus inicios más tempranos hasta el final. (Aquí habría que decir desde el final hasta sus inicios más tempranos). En esta suerte de biografía a la inversa, el espectador acompaña a Brad Pitt por todo el metraje viviendo cambios de escenarios y de ambientación psicológica bastante interesantes. Y es que Benjamin Button, ese silencioso hombre hecho de tiempo, es un personaje que da para mucho, sobre todo teniendo en cuenta que las previsiones médicas no le presuponían más que unos días de vida.
Ritmo
El curioso caso de Benjamin Button tiene un ritmo lento y veloz a la vez. La película se hace algo pesada –en mi opinión le sobra media hora–, pero, por otra parte, si uno se levanta de su asiento para ir al baño y se demora un poco más de lo debido, corre el riesgo de perderse alguna que otra década del protagonista, que puede pasar, en cuestión de minutos, de retozar con Cate Blanchet en plena urbe estadounidense a trabajar cual paria moderno de vigilante de garaje en un lugar perdido de la India.
Este ritmo "lento–rápido hacia atrás–hacia delante" nos mete de lleno en la piel del personaje principal. De esta manera compartimos su singularidad, su desafío a las normas de la naturaleza. Sentimos por momentos cómo debe de ser desafiar –y vencer hasta cierto punto– las leyes del tiempo.
Personajes secundarios
Como decía, la película se la juega a una sola baza: Brad Pitt (que en esta ocasión hace un estupendo trabajo). El resto de los personajes son secundarios (incluida en cierta manera la mismísima Cate Blanchet): aparecen y desaparecen aportando cierto calor a una vida, la de Benjamin Button, condenada a la marginalidad Ninguno de estos personajes secundarios tiene un peso específico: forman parte del coro que eleva sus discretas voces para acompañar a la voz solista. No tienen mayor relevancia que la de haber sido testigos de una fenomenología: la vida hacia atrás de Benjamin Button.
Conclusión
El curioso caso de Benjamin Button trabaja sobre andamios narrativos del XIX en una historia ambientada en el XX y explicada al espectador con la técnica audiovisual del XXI. El grado de empatía del espectador hacia un argumento tan rocambolesco será determinante a la hora de enjuiciar el filme.
No creo que la película esté a la altura de lo que algunos esperaban de ella (recordémoslo: tenía trece nominaciones), aunque podamos dar por válidos los tres Oscars "menores" que ha conseguido: dirección artística, maquillaje y efectos visuales.
En cualquier caso, merece la pena verla aunque solo sea para brujulear las directrices por donde se mueve el Holywood actual, que ha tenido en 2009 su peor año de la historia en cuanto a recopilación de estatuillas: solo ocho Oscars para películas americanas. A lo mejor el cine americano (o mejor dicho: el cine "a la americana"), como el mismísimo Benjamin Button, ha empezado a experimentar una insólita cuenta atrás.
El curioso caso de Benjamin Button (2008) por El Despotricador Cinéfilo
Siempre he admirado mucho a los guionistas que hacen adaptaciones literarias, por una sencilla razón, yo sería incapaz de discernir que partes de la novela se quedan y cuales se desechan, pues no sabría cuales son prescindibles. Por esta razón, a lo largo de los años, me ha asombrado como ciertos guionistas cogen la verdadera alma y esencia de una novela, y la incrustan en un guión cinematografíco de una longitud muchísimo menor.
Pues bien, sin haber leído la novela de la que parte el film El curioso caso de Benjamín Button estoy segurísimo de que es una pésima adaptación. Probablemente se trate de una obra literaria muy extensa difícilmente adaptable a la pantalla, pero la labor de los guionistas en este film ha sido tan lamentable que eso ha repercutido que la película sea insustancial, superficial y sumamente plana.
De nada sirve que técnicamente sea impecable, empezado por la esforzada interpretación de Brad Pitt, pues el film es tan lineal, plano, insípido, aburrido y sobre todo previsible que no retienes ni un solo momento fílmico en tu retina. En ningún solo momento se profundiza en ningún personaje, salvo está en Benjamin, esto, dentro de lo que cabe, podría ser justificable, pero es que ni siquiera se profundiza en la historia de amor, lo que la convierte en incoherente y te desconecta, pues se supone que dicha historia de amor es la columna vertebral sobre la que gira todo el film.
Se podría pensar entonces que la intención de Fincher como director no es contar la historia de los personajes, sino hacer una profunda reflexión sobre el sentido de la vida y la vejez, pero obviamente no lo consigue, pues todo es tan intrascendente en el film que no cala ninguna de sus pretensiones.
¿Qué queda entonces? Pues simplemente mucha artesanía a la hora de crear un guión tramposo, sin enjundia, y la confianza ingenua de sus creadores de intentar conseguir colarnos una historia tan banal. Que sabios son a veces los criterios de la Academia al haber ninguneado a este film concediéndole solo Oscars menores.
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