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La ley de la hospitalidad (1923) de Buster Keaton (por Father Caprio)
Siempre se dijo que hacer reír es muchísimo más difícil que hacer
llorar. Y es cierto. Tanto que hay cómicos patéticos que si conseguimos
soportarlos hacen llorar más que otra cosa. Es por ello que el género
cinematográfico de la comedia es, posiblemente, el más difícil de todos y
tendemos a valorar más una película dramática que una cómica. Nos
impacta más y eso hace que la valoremos de forma distinta. Pero
cometemos una gran injusticia. Sin ninguna duda.
Seguro que todos tenemos nuestras comedias y nuestros cómicos favoritos y muchos, entre los que me cuento, guardamos en nuestra cinéfila retina recuerdos impagables de nuestra niñez. Ahí están El gordo y el flaco, Charlot, Jaimito y tantos otros, en carreras de autos, en peleas a tartazo limpio y tantas otras secuencias mágicas. En mi caso y desde la madurez he ido recuperando estas joyas impagables del séptimo arte y las he vuelto a ver intentado abstraerme de aquellas impactantes carcajadas infantiles colectivas y he hallado en ellas auténticos valores cinematográficos.
Pulsa aquí para leer la crítica completa
Seguro que todos tenemos nuestras comedias y nuestros cómicos favoritos y muchos, entre los que me cuento, guardamos en nuestra cinéfila retina recuerdos impagables de nuestra niñez. Ahí están El gordo y el flaco, Charlot, Jaimito y tantos otros, en carreras de autos, en peleas a tartazo limpio y tantas otras secuencias mágicas. En mi caso y desde la madurez he ido recuperando estas joyas impagables del séptimo arte y las he vuelto a ver intentado abstraerme de aquellas impactantes carcajadas infantiles colectivas y he hallado en ellas auténticos valores cinematográficos.
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Las carencias del cine mudo (2009) por El Despotricador Cinéfilo
Tengo que reconocer un poco avergonzado que, a pesar de llevar sobre mis espaldas kilómetros de celuloide y miles de películas almacenadas en mi memoria, no soy un buen cinéfilo. Pues tengo una carencia que no consigo superar a pesar de los años, y eso que la he alimentado a conciencia, pero supongo que ya es irreversible: no tolero el cine mudo.
Sé, y lo digo muy sinceramente, que es algo terrible, pues cualquier cinéfilo (buen cinéfilo, quiero decir) clamará al cielo diciendo que en la mayoría de la producción del cine mudo se encuentran muchísimas de las mejores Obras Maestras que ha dado el cine, por no hablar de que técnicamente marcó las bases de la cinematografía y sentó cátedra en los postulados del Séptimo Arte. Y yo no discutiré eso, por Dios, pero, ay, ¿Es suficiente motivo para poder visionar un film mudo sin prejuicios?
Supongo que el problema nació porque yo me inicié en el cine mudo, como tantos otros, con genialidades de Chaplin, Keaton, Harold LLoyd, Stan Laurel y Oliver Hardy, etcétera, por tanto me sedujo brutalmente y empecé a amarlo de verdad; amor que fue aumentando cuando descubrí Obras Maestras como El séptimo cielo (Borzage, 1927) , Amanecer (Murnau, 1927), El demonio y la carne (Brown, 1926), y tantas otras.
Pero de repente la magia se apagó cuando con 15 ó 16 años vi la mítica Avaricia (1924, Stroheim) y me aburrió mortalmente sus 3 horas de metraje, y descubrí algo desconocido hasta entonces para mí: ¡¡¡ el cine mudo tenía intertítulos !!!, hasta entonces no había reparado en ello, como tampoco había reparado en que los actores no hablaban, pues me habían hechizado tanto esas otras maravillosas películas que habían bloqueado esas supuestas limitaciones técnicas, pues por mis retinas solo veían cine en estado puro.
Y ese fue el principio del fin, pues muchas obras (algunas de ellas muy alabadas por la crítica) produjeron el misma impacto en mí: aburrimiento y, lo que es peor, ser consciente de estar viendo una película de cine mudo. Ahora, tras tantos años de buen cine albergado en mi corazón (y por tanto, con conocimiento de causa) puedo llegar a entender porque algunos films mudos (insisto en lo de algunos, pues otros son espléndidos) lleguen a aburrir: y es por la exageración de las actuaciones, tan artificiales y artificiosas, tan teatrales, tan hijas de su época en definitiva.
Y realmente es una pena, porque mucha gente, al igual que yo, ya empieza a ver una película muda con prejuicios, y eso le motiva a desechar la mayoría de la producción de esa época, lo que lleva a un mal todavía mayor ¿cuántas joyas como Amanecer nos estaremos perdiendo solo por el miedo a aburrirnos? Y es que los miedos cinéfilos son a veces más dañinos para nuestra alma que los miedos reales.
Sé, y lo digo muy sinceramente, que es algo terrible, pues cualquier cinéfilo (buen cinéfilo, quiero decir) clamará al cielo diciendo que en la mayoría de la producción del cine mudo se encuentran muchísimas de las mejores Obras Maestras que ha dado el cine, por no hablar de que técnicamente marcó las bases de la cinematografía y sentó cátedra en los postulados del Séptimo Arte. Y yo no discutiré eso, por Dios, pero, ay, ¿Es suficiente motivo para poder visionar un film mudo sin prejuicios?
Supongo que el problema nació porque yo me inicié en el cine mudo, como tantos otros, con genialidades de Chaplin, Keaton, Harold LLoyd, Stan Laurel y Oliver Hardy, etcétera, por tanto me sedujo brutalmente y empecé a amarlo de verdad; amor que fue aumentando cuando descubrí Obras Maestras como El séptimo cielo (Borzage, 1927) , Amanecer (Murnau, 1927), El demonio y la carne (Brown, 1926), y tantas otras.
Pero de repente la magia se apagó cuando con 15 ó 16 años vi la mítica Avaricia (1924, Stroheim) y me aburrió mortalmente sus 3 horas de metraje, y descubrí algo desconocido hasta entonces para mí: ¡¡¡ el cine mudo tenía intertítulos !!!, hasta entonces no había reparado en ello, como tampoco había reparado en que los actores no hablaban, pues me habían hechizado tanto esas otras maravillosas películas que habían bloqueado esas supuestas limitaciones técnicas, pues por mis retinas solo veían cine en estado puro.
Y ese fue el principio del fin, pues muchas obras (algunas de ellas muy alabadas por la crítica) produjeron el misma impacto en mí: aburrimiento y, lo que es peor, ser consciente de estar viendo una película de cine mudo. Ahora, tras tantos años de buen cine albergado en mi corazón (y por tanto, con conocimiento de causa) puedo llegar a entender porque algunos films mudos (insisto en lo de algunos, pues otros son espléndidos) lleguen a aburrir: y es por la exageración de las actuaciones, tan artificiales y artificiosas, tan teatrales, tan hijas de su época en definitiva.
Y realmente es una pena, porque mucha gente, al igual que yo, ya empieza a ver una película muda con prejuicios, y eso le motiva a desechar la mayoría de la producción de esa época, lo que lleva a un mal todavía mayor ¿cuántas joyas como Amanecer nos estaremos perdiendo solo por el miedo a aburrirnos? Y es que los miedos cinéfilos son a veces más dañinos para nuestra alma que los miedos reales.
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