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Spider-man 3 (2007) por Grandine
Una buena forma de resumir el film Spider-man 3 (o Spiderman 3) sería que Raimi mejora gradualmente: Un plus de socarronería y mayor humanización.
Y esa humanización no sólo radica en la figura de Spider-man, el superheroe. Raimi acierta y nos muestra con mucha inteligencia, no sólo las aflicciones de Peter Parker, sino también las de los demás personajes que conforman los engranajes de esta, la tercera entrega de las aventuras del arácnido.
En primer lugar, cabría destacar el personaje de Mary Jane como el mejor estructurado, porque el film nos habla sobre como sus sentimientos se ven afectados por como transcurre todo y como la confusión se apodera de ella en determinados tramos, además de estar interpretada con excelentes dotes por Kirsten Dunst, que cada vez sube más peldaños en su carrera.
A continuación, merece la pena mencionar otros personajes como el de Harry Osborn, que ya desde esa primera secuencia (excelente el primer plano en el teatro, con ese aspecto tan sombrío) nos ofrece a un personaje torturado y difícil de interpretar, pero que James Franco aborda con gran sobriedad y saca adelante de un plumazo, o como el mismísimo Peter Parker, cuyas aflicciones no empiezan a aflorar hasta mediada la cinta (pues quizá su primer tramo se apoya más en el personaje de Mary Jane), pero cuando lo hacen es de un modo espectacular, con gran interpretación de Maguire (que, para qué mentir, hasta hoy me parecía otro de tantos actores sobrevaloradísimos), y eso por no hablar de esos tintes cómicos que Raimi añade acertadísimamente a la obra, retornando a sus orígenes.
Por último, y terminando con esta amplia galería, se agradece ver como Flint Marko (aca Sandman) tiene tras de sí verdaderas cargas difíciles de soportar, o como May es esa fuente de sabiduría que sabe aparecer en el momento preciso y colmar de esperanza al bueno de Peter.
Quizá los que peor parados saldrían en este apartado serían Eddie Brock, que sencillamente es manejado como una herramienta para mostrar la tan esperadísima figura de Venom (y del cual solo se ofrecen los porques de ese odio visceral hacía Parker y Spiderman) o Gwen Stacy que también media como recurso para dar vida a ciertos puntos del entramado.
Pero como cabía esperar, Spider-man 3 no sólo apoya su peso en algunos personajes tan bien definidos, sino que además ofrece acción trepidante e instantes de lo más logrados en cuanto nuestro trepamuros favorito se enfunda las mallas.
Se podría decir pues, que la última (por el momento) cita de Raimi con el arácnido obtiene un equilibrio perfecto entre espectáculo y profundización, siendo esta primera un elemento que ha ido mejorando con las secuelas de Spider-man, pues parece que las coreografías cada vez se han ido superando y los distintos tramos de acción resultan tan dinámicos como espléndidos.
Posiblemente, su última parte, aun y conteniendo ese interesantísimo duelo final, pierde algo de fuerza, pues se apoderan de la cinta algunos tópicos excesivamente aplastantes y, aunque el espectáculo resulta grato, sí que hacen decaer un pelín la propuesta.
También se logra un resultado más que meritorio en el apartado de efectos especiales, donde esa texturización aplicada a Sandman es excelente, así como el diseño de Venom, cuyo personaje no ha perdido ni un sólo ápice de su constitución, pese a estar interpretado por un tipo (Topher Grace) cuya corpulencia parecía no del todo apta para el personaje.
No hay que olvidar, además de la caracterización de esos dos villanos, la de otros como el nuevo Duende, cuyo traje, aunque no del todo acertado, resulta muchísimo más logrado que el que lucía el Duende verde en la primera parte de la saga.
En definitiva, que quizá para los más intransigentes no resultará del todo complaciente, pues es cierto que se toman algunas licencias no del todo aptas (aunque yo, siendo un seguidor del superheroe de siempre, me hallo suficientemente satisfecho con el trabajo realizado, a parte de esas licencias), pero lo cierto es que Spiderman 3 conforma un interesantísimo broche final en el cual se logran momentos de lo más divertidos factura 100% Raimi y otros tantos de lo más solemnes y complejos que tan bien le vienen a este (supuesto) cierre.
Ah, por cierto, ¿no había mencionado la cachonda aparición de Bruce Campbell? Qué fallo el mío: Soberbio, como siempre. Para qué mentir, el tío es un hacha... Y perdón por el ladrillo, pero es que cine altamente comercial tan enormemente ejecutado, pocas veces se encuentra…
Entre copas (2004) por José Luis Martínez Orea
Creo que es la quinta vez que veo Entre copas, película sobre vino, concretamente de la cosecha de 2004. La uno en el recuerdo de vino y cine a la lista de Campanadas a medianoche, Comer, beber, amar, Días de vino y rosas, Días sin huella, La grande bouffe, Las uvas de la ira, La leyenda del santo bebedor, Providence, Tierra, Un buen año, Un paseo por las nubes.Y además, entre otras, Entre copas.
El título de la distribución podría haber sido, en vez de Entre copas, Entre vinos o Entre amigos o cualquier otro, ya que el Sideways del original alude al carácter de los protagonistas, su fracaso profesional y personal, su deriva amorosa, el andar tocados del ala, al garete, escorados como el Titanic después de lo del iceberg. Forzando un poco más la traducción, podría haber sido perfectamente Entre sopas.
Creo que es la quinta vez que veo la película y cada vez me he preguntado lo mismo: ¿de qué trata en realidad esta película que aparentemente sólo habla de vino? Y, ya se sabe, que, cuando uno se hace este tipo de preguntas, es porque se trata de más cosas de lo que parece, se está hablando de varias cosas a la vez.
En primer lugar de vinos. ¿Recordáis Días de vinos y de rosas en las que sólo se bebía whisky? no. Aquí sólo se bebe vino. Vine y cine parodiando el dicho de "in vino, veritas", "la verdad a veinticuatro imágenes por segundo". Si en la oscuridad de la bodega el vino madura, así el cine nace con una naturaleza subterránea, fantasmagórica, de iluminar las sombras. No hay más que ver en la copa, al trasluz, la estructura inestable, orgánica, tumultuosa del vino, para estar viendo cine. Y también los pámpanos, las botellas, la luz solar del paisaje californiano, las filas de las vides, ya que los auténticos protagonistas de esta película, casi únicos, son el vino y el cine.
Se parte de la idea de que la ebriedad es una condición fisiológica del arte. El don de la ebriedad de Claudio Rodríguez: "La más honda verdad es la alegría". Elixir que se busca, paraíso artificial, copas y copa. Podría traer a colación a Baudelaire, pero baste la copla del calendario zaragozano: "Bendito sea Noé,/que plantó el primer sarmiento;/a unos quita la sed,/a otros el entendimiento."
Y, al revés, nadie ha explotado tanto la idea de fracaso con el vino como el cine. El licor, medicina que anestesia (películas del Oeste); que sutura las heridas del alma (Maia, la hermosa camarera del restaurante); que hilvana la memoria de los memoriosos (Miles, el tacto de un racimo le evoca, sin decirlo, la carne de su mujer amada y perdida); el que ata los afanes (la pareja de amigos y sus invitadas); el que anuda la vida de los solitarios (prácticamente todos); el que hace que fluya la conversación, las confidencias, el humor, el deseo; el que inhibe desinhibe (se habla de vino por no hablar de sí mismo).Sí, en el vino verdad, alegría y terapia.
Si es cierto que todos los amantes y desengañados del amor en esta película beben, no todos aman el vino en el mismo grado. Miles, buen bebedor, experto catador, bebe más de la cuenta, ama el vino, sabe que el vino forma parte de la vida y es su vida. Jack, simple amigo de Miles y del vino, complaciente bebedor, busca en el vino otras cosas. Maia es la verdadera compañera de Miles, entendida, también ve en el vino toda la vida, intenta a través de él comprender el universo.
La amistad de los que beben, quizás el tema central de la película, ya que el argumento transcurre entre estos dos amigos, Miles y Jack. Entre el escritor que no encuentra editor a su novela mamotreto, y el viejo actor de series televisivas que nadie contrata ya. Entre el abandonado divorciado y el que hace su viaje de soltero antes de casarse. Entre el reconcentrado y pesimista Miles, con su reserva intelectual, su capacidad de análisis y su gran sorna, y el galán en retirada, Jack atolondrado, que es seguramente el que más necesita, robándole incluso tiempo a su donjuanismo, de la amistad. Dos amigos que beben, hablan, callan. De ese enfrentamiento o de esa pugna trata la película.
Y de la pugna del amor. Miles, monógamo divorciado y en perenne fracaso; Jack, mujeriego, con quien sea y como sea (rica, gorda, china), que se resiste a abandonar su soltería monógama: Dos antagonistas cómplices. Miles que no puede olvidar después de dos años a la que cree su mujer única, viaja más que nada para recordarla. Jack, cuyo donjuanismo le hace ponerse en situaciones ridículas (la cartera, el árbol). Son ridículos ambos por sus historias respectivas de amor. Pero también nace el amor en esta película. También el amor, bebiendo, de forma casi misteriosa, llega a esta película. "Porque mejor que el vino son tus amores", decía Salomón. A mí lo que más me gusta de esta película precisamente es la metáfora de hablar de vino cuando hablan de amor; y al revés. En el momento más íntimo Maia pregunta a Miles:¿Y a ti por qué te gusta tanto el Pinot Noir?". La contestación y el diálogo siguientes es una de las mejores definiciones de amor además de una perfecta declaración. Y también un momento sublime cinematográfico, al que asistimos bebidos o embebidos en la pantalla.
Y el viaje. Tiene mucho Entre copas de épica antigua, de héroes o antihéroes que se echaban al mundo a ver. O a beber. También de ridícula pareja cervantina por californianas tierras que no manchegas. Y de las infinitas películas del Oeste, buenas y malas en las que dos cabalgan juntos. Tiene mucho de road movie, película de amor y viaje, de amistad y de paisaje. Se viaja por lugares, viñedos, tierras bodegas, carreteras, moteles, de cata en cata, por las dos o tres cosas por las que se viaja siempre: para cumplir un destino, para la búsqueda o la huida, y también entre tanto, para los brindis infinitos.
Y finalmente no voy hablar de los maravillosos actores (todos),ni de los paisajes, ni de la dudosa elección de las bodegas de origen francés, ni del humor ni de la música, porque al comienzo dije que hablaría sobre "¿de qué trata esta película que aparentemente sólo trata de vino?, pero sí hablaré de cine. Alexander Payne ha logrado en esta película una de las exigencias más profundas de toda poética, decir más con lo que se dice, sin que nada admita ser dicho de ninguna otra manera. La verdad cinematográfica. "La verdad a veinticuatro imágenes por segundo" (Godart). In vino veritas. Con el vino no sólo se ve doble sino el doble. Acaso la metáfora visual de esta película. Creo que es la quinta vez que he visto el doble.
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