ccc

Mostrando entradas con la etiqueta Charles Laughton. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Charles Laughton. Mostrar todas las entradas

#RonaldColman Si yo fuera rey (1938) de Frank LLoyd (por Father Caprio)

Película, digamos histórica, sobre el asedio de París por el duque de Borgoña. En clave de comedia, a la que habría que añadir el calificativo de ejemplarizante, narra las aventuras y desventuras de Francois Villon, personaje real, poeta ladrón y bandido bueno en la más pura línea Robin Hood, quien alardea en una taberna y ante un irreconocible Luis XI disfrazado, de lo que él haría si fuese rey. En un enfrentamiento con los soldados reales da muerte además al Condestable real después de que el monarca averiguara la traición de éste último, por lo que Luis XI nombra a Villon para el cargo vacante, poniéndole a prueba para que cumpla las tareas de gobierno y administración de justicia que...

Pulsa aquí para leer el resto de la crítica

Lady Hamilton (1941) de Alexander Korda (por Father Caprio)

Con propiedad, podemos hablar de cine histórico. El amor de Lady Hamilton (Vivien Leigh), esposa del embajador de Inglaterra en Nápoles, William Hamilton y el héroe de la marina británica Lord Horatio Nelson (Laurence Olivier), fue una historia real y como prueba de fidelidad el guión escrito por R.C.Sherriff se nutrió de fuentes documentales tales como cartas y memorias.

Esto es ciertamente un valor pues en ocasiones, tras ver un film pseudohistórico, acabamos con los conceptos trastocados, y ello aunque estemos ante una cinematográfica obra maestra. Así, por ejemplo, la Reina Cristina de Suecia nunca abdicó por amor, y en cambio la película de Mamoulian y la actuación de la Divina son dos genialidades. Una vez más cine es cine y así debemos considerarlo.

En cine histórico, tengo a Alexander Korda por una autoridad. La vida privada de Enrique VIII y Rembrand, ambas con el gran Laughton, son dos clarísimos ejemplos de buen cine en general e histórico en particular. En Lady Hamilton, el reparto sigue siendo uno de...

Pulsa aquí para leer la crítica completa

Esta tierra es mía (1943) de Jean Renoir (por Alvaro de la Cueva)



Algunas califican a esta película como "panfleto". El Diccionario define "panfleto" como: 1. Libelo difamatorio, 2. Opúsculo de carácter agresivo.

¿Es "Esta tierra es mía" un panfleto? No lo creo.

Panfleto es "Raza" de Jaime de Andrade (o sea del "Generalísimo") o la filmación de la concentración del Partido Nazi en Nuremberg en 1933 de la Riefenstahl. Un panfleto defiende ideas deleznables y además de forma grosera o burda. "Esta tierra es mía" defiende con convicción, pero serenamente, los nobles valores de democracia, libertad, igualdad e independencia de las naciones en el contexto del año 1943.

El film se sitúa en "en algún lugar de Europa" (ubicación esta un tanto ingenua de Renoir, pues las coordenadas geográficas donde transcurre la película son claras). Quizá buscaba Renoir dar a su tesis validez universal. Lo que nos viene a decir Renoir es que la maldad existe no solo por la perversidad de algunos hombres e ideas, sino también por la inacción y pasividad de los hombres buenos cuando les es exigible moralmente actuar, y eso es aplicable en todo tiempo y lugar.

Pulsa aquí para leer la crítica completa.

Los miserables (1935) de Richard Boleslawski (por Father Caprio)



Richard Boleslawski, otro de esos directores de los que siempre dudamos si hemos escrito correctamente su apellido, no me resultaba un desconocido. El Jardín de Alá y El velo pintado le precedían en mis retinas cinéfilas. La primera, a pesar de la interesante presencia de la diva Dietrich no pasaba de ser un melodrama poco creíble a la par que lacrimógeno. La segunda, con la divina Garbo en todo su esplendor fotografiada por un William Daniels que la mima y la realza, es una obra imprescindible. Esta especie de balanza moviéndose trémula entre los gozos y las sombras se ha acabado decantando hacia su lado más excelso con esta versión de la magnífica e inmensa obra de Victor Hugo, Les miserables.

Se ha dicho que es la mejor versión cinematográfica de la novela del francés. Nunca acabo de saber cuando algo es lo mejor o no, pero les digo que es una película excelente que sabe recoger el espíritu de la ilustre obra literaria en un prudente metraje que no alcanza las dos horas (la versión de 1934 de Raymond Bernard tenía una duración original de 5 horas y 15 minutos) y donde se estructuran los hechos de la vida de Jean Valjean (Fredric March) en tres capítulos conectados entre si por la permanente huida del protagonista de su implacable perseguidor el Inspector Jauvert (Charles Laughton), circunstancia que a algunos les traerá recuerdos de la obsesiva captura del fugitivo por el Teniente Gerard. Por descontado, no comparo lo incomparable, sino que me limito a poner algún punto de referencia siquiera lejano para ayuda de quienes desconozcan el argumento de la historia.

No tengo la menor duda de que, en la consideración de posible mejor versión, están las dos grandísimas interpretaciones de March y Laughton, dos actores que pueden considerarse entre los mejores de la historia del cine. A Laughton ya lo califiqué como "posible mejor actor del mundo". A March no le he echado tantas flores, debo reconocerlo, pero películas como Dr. Jeckyll and Mr. Hyde, de Rouben Mamoulian o Una mujer para dos, de Ernst Lubitsch y esta misma, cimentan una carrera enconmiable y bastante olvidada en la actualidad. En Les miserables ambos están sublimes encarnando roles radicalmente distintos. Su enfrentamiento es algo así como la lucha entre el bien y el mal, entre el verdadero y cristiano sentido de la justicia y la literalidad de unas leyes opresoras e injustas. Sin embargo sus personajes no son lineales sino que muy al contrario se retuercen interiormente en contradicciones personales profundas que los dos actores saben transmitir a base de gestos y expresiones, miradas y silencios, que demuestran tanto su categoría artística como la excelencia en la dirección de Boleslawski y la habilidad fotográfica del gran Gregg Toland.

Les miserables es la historia de una gran injusticia. Un hombre roba una hogaza de pan para alimentar al bebé de su hermana y es condenado a 10 años de trabajos forzados en galeras. Valjean se encuentra allí con Jaubert, un hecho que marcará su vida. Tras cumplir su condena, su condición de ex convicto le cierra todas las puertas, haciendo imposible su reinserción. Únicamente el obispo Myriel (un excelente Cedric Hardwicke) le da alimento y cobijo, y a pesar de haberle robado su vajilla de plata le trata como un verdadero hermano e incluso le regala dos candelabros de plata que conservará toda su vida y que tienen un significativo lugar en la historia. Estos hechos cambiarán radicalmente la vida de Jean Valjean.

Y volviendo a lo de mejor película, si o no, les dejo el enlace con un blog donde la consideran mejor película del año 1935: http://goodfellamovies.blogspot.com/2009/06/1935-les-miserables-richard-boleslawski.html

Sinceramente, no me hacía falta, se la hubiese recomendado igualmente…
¿Te ha gustado esta crítica? ¿Quieres leer más críticas de Father Caprio? Pulsa aquí

El caserón de las sombras (1932) por El Despotricador Cinéfilo

El caserón de las sombras es una broma, una broma pesada. Pero no en el sentido de divertida, bufonesca o graciosa, sino más bien en el sentido decepcionante del término. Porque, vamos a ver, una obra de terror de la Universal, de los años 30, dirigida por el genial James Whale y que transcurre en una fantasmagórica, opresiva, gótica y lúgubre casa podría dar para una de las mejores Obras Maestras del género.

Añadamos un elenco de actores excepcionales: un Boris Karloff en su mejor momento, un Charles Laughton bordando el personaje de inglés refinado y sarcástico, un joven y estupendo Raymond Massey (supongo que al igual que a mí, a todos los que han visto la memorable Arsénico por compasión les hará una gracia impresionante ver a Raymond Massey compartir escena con Karloff), un divertido Melvyn Douglas y una correcta Gloria Stuart (que raro que esta actriz no llegase a ser nunca una estrella, porque lo cierto es que intervino en más de un clásico de la época).

Pues bien, con semejantes ingredientes, ¿no daba para un terrorífico, embriagor, sobrecogedor y asfixiante film? Pues no, lamento decir que no. Empieza muy bien, combina muy bien la comedia distendida con el terror más opresivo y claustrofóbico. La ambientación es perfecta y el clímax no puede ser mejor. Nos esperamos expectantes una deliciosa joya de tan alta calidad como La novia de Frankenstein y, cuando empieza por fin a desarrollarse la trama, va… y se acaba la película.

Pero ¿qué clase de broma macabra y absurda tomadura de pelo es esta? ¿Es qué no tenían presupuesto para más? Es desconcertante (y, ¿por qué no decirlo?, cabreante) que te preparen para luego nada. ¡Qué desperdicio de talento del director y de los actores, qué desperdicio de historia, qué desperdicio de clímax y qué desperdicio de nuestro tiempo! ¿Fue esto solo un entretenimiento de Whale para pasar el rato y simplemente jugar un poco con los cánones del terror? Quizás el problema sea mío que no soy capaz de entender esa combinación de escenas de comedia desenfadada e irónica con escenas de terror. ¿Acaso lo que se pretende es realizar una divertida parodia de las películas de dicho género? Quién sabe. Sea como sea, acaba resultando una frustración para el cinéfilo. Una pena, sin duda.